sábado, 27 de junio de 2015

Catecismo 554-556. Los misterios de la vida pública de Jesús. La Transfiguración

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Punto 554 A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro "comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir [...] y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día" (Mt 16, 21): Pedro rechazó este anuncio (cf. Mt16, 22-23), los otros no lo comprendieron mejor (cf. Mt 17, 23; Lc 9, 45). En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús (cf. Mt 17, 1-8 par.; 2 P 1, 16-18), sobre una montaña, ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le "hablaban de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén" (Lc 9, 31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: "Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle" (Lc 9, 35).

. El episodio de la transfiguración, para entenderlo es importante ver en qué contexto se produce, es decir, qué había antes y después del episodio. Un eje central de los evangelios es cuando Pedro confiesa que Jesús es el mesías y Jesús le dice que eso se lo ha revelado el espíritu y no la carne ni la sangre y es cuando hace la confesión “tú eres Pedro, sobre esta piedra edificaré mi iglesia, te daré las llaves del reino… pero acto seguido Jesús le anuncia la cruz, ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos y ser matado y resucitar al tercer día. Tomándole aparte, Pedro le dice a Jesús que de ninguna manera te va a pasar eso… y Jesús volviéndose a Pedro le contesta “.. quitate de mi vista satanás, … tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres”, imaginamos aquí el chorro de agua fría que recibe Pedro cuando no se le permite apartar a Jesús de ese mesianismo de cruz. Al cabo de los seis días, matiza San Marcos, tuvo lugar la subida al Tabor y la transfiguración.

. Seis días después toma Jesús a Pedro, Santiago y Juan y se los lleva a ellos solo a un monte alto y se transfiguró delante de ellos,… se les aparecieron Elías y Moisés,..y conversaban con Jesús, tomando la palabra Pedro le dice a Jesús vamos a hacer tres tiendas,.. entonces una nube les envolvió con su sombra… y se escuchó “este es mi hijo amado, escuchadle”.., y de pronto mirando alrededor no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. El sentido de la transfiguración tiene en primer lugar una voluntad por parte de Jesús de fortalecer los ánimos, de aliviar el escándalo de la cruz. La dureza de la cruz a algunas personas les ha alejado de Dios y a otras les ha acercado a Dios, por ejemplo, la muerte de un ser querido ha provocado situaciones contrarias respecto a Dios. Cuando la cruz es vivida en la presencia de Dios nos acerca, cuando es vivida sin la contemplación de la presencia de Dios, nos aleja. La cruz por sí sola resulta escandalosa.

. Dicen los escrituristas que el episodio de la transfiguración termina la etapa de Galilea y comienza la etapa de la subida a Jerusalén, hacia la cruz. Antes de acometer esa subida a Jerusalén, tiene ese momento de gloria, el Padre quiere confortar a Cristo porque sabe que le espera la parte más difícil de su ministerio. En esa voz que se oye: “este es mi hijo amado..escuchádle”, parece que el Padre está mostrando el sufrimiento que supone para él, el que se envíe a Jerusalén a la cruz a su hijo amado. Es una demostración de la intimidad que hay en la Trinidad. Es un momento de gozo y consuelo para Jesucristo camino de Jerusalén.

Punto 555 Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios (cf. Is 42, 1). La nube indica la presencia del Espíritu Santo: Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara ("Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa" (Santo Tomás de Aquino, S.th. 3, q. 45, a. 4, ad 2):
«En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado, entenderían que padecías libremente, y anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor del Padre» (Liturgia bizantina, Himno Breve de la festividad de la Transfiguración del Señor)

. La presencia de Moisés y Elías en el monte Tabor no es casual, pues vieron la gloria de Dios también en la montaña. Moisés en el monte Sinaí había contemplado la gloria de Dios, Moisés representa la ley del Antiguo Testamento que ahora está ante la nueva ley que es Jesucristo; y Elías también tuvo una experiencia similar en el monte Horeb en 1º Reyes 19, 9-13, Elías es imagen de los profetas del Antiguo Testamento que ahora ven en Cristo el nuevo profeta. Sin embargo, hay una diferencia importante, en el Antiguo Testamento, Moisés y aquéllos que contemplaron a Dios fueron iluminados por la luz exterior a ellos, sin embargo Jesús no es iluminado con una luz externa sino que brilla El, tiene luz propia, la luz sale de su interior, es su propia divinidad. Es Cristo quien transfigura la divinidad que inhabita, que está contenida en la humanidad de Jesucristo. La transfiguración es pues un momento de mostrar la divinidad de Jesucristo ante los ojos de los hombres.

Punto 556 En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el bautismo de Jesús "fue manifestado el misterio de la primera regeneración": nuestro Bautismo; la Transfiguración "es el sacramento de la segunda regeneración": nuestra propia resurrección (Santo Tomás de Aquino, S.Th., 3, q. 45, a. 4, ad 2). Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo "el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3, 21). Pero ella nos recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios" (Hch 14, 22).

. Jesús se transfiguró para que tomáramos conciencia de nuestra vocación a ser transfigurados progresivamente, de la transformación en nosotros del hombre viejo en el hombre nuevo. Todos tenemos una vocación a ser transformados interiormente. En la contemplación nos transformamos, vamos reflejando en nuestra vida lo que contemplamos. Vamos cambiando y nos vamos convirtiendo en lo que contemplamos, en lo que miramos. Por desgracia a veces miramos la televisión y nos transformamos en eso aunque no nos demos cuenta, sin embargo si nos ponemos en el sagrario nos transformamos en eso que contemplamos. El ojo es la linterna del alma y en esa contemplación nos transformamos interiormente, mirando a Cristo nos conformamos a Él, permitimos que su mundo se imprima en nosotros, que sustituya nuestros pensamientos, y hacernos semejantes a Él. Pedro escribió en 2ª Pedro 1, 16-18: “… sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad… nosotros mismos escuchamos esa voz venida del cielo”, no se le olvidó nunca aquél momento vivido en el Tabor.     

viernes, 26 de junio de 2015

Catecismo 551-553. Los misterios de la vida pública de Jesús. Las llaves del Reino

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Punto 551 Desde el comienzo de su vida pública Jesús eligió unos hombres en número de doce para estar con Él y participar en su misión (cf. Mc 3, 13-19); les hizo partícipes de su autoridad "y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar" (Lc 9, 2). Ellos permanecen para siempre asociados al Reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia:
«Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Lc 22, 29-30).

Punto 552 En el colegio de los Doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro, la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

. En Lucas 22, 31-32 Jesús le dice a Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos”. Jesús dice que Satanás ha pedido el poder de que seáis cribados, zarandeados como trigo, y Jesús ora de una forma muy especial por Pedro para superar sus tentaciones pues le ha encomendado la tarea de confirmar la fe en sus hermanos.

. Pedro será instrumento de Jesús para que los cristianos no sean cribados por satanás. Pedro y sus sucesores no están preservados del pecado, la prueba es que Pedro pecó, pero la oración de Jesús es eficaz y ha conseguido garantizar que los pecados personales de Pedro no puedan deformar el depósito de la fe que se le va a confiar. Este es el milagro de la oración de Jesús. Jesús reza por Pedro para que la vasija de barro no derrame el contenido que tiene dentro, este es el don Cristo a su iglesia, el don del primado, o la asistencia del Espíritu Santo al Papa. No es un privilegio reivindicado por la iglesia sino un don de Cristo a su iglesia fruto de la oración de Cristo al Padre que fue escuchada por su misericordia. Jesús no permite que quedemos a merced del error sembrado por el príncipe de la mentira. El magisterio del Papa es como una tabla de salvación de Cristo que nos preserva de ser engañados.

 . Jesús rebautiza a Simón como Pedro, es curioso porque en los otros apóstoles no se sustituyeron sus nombres, y con ello quiere significar esa nueva misión para la que le llama, al llamarle Pedro (piedra o roca) significa una roca segura y protectora, como hombre prudente y sensato que construye la casa sobre roca, o como la piedra angular sobre la que se apoyan todos los nervios de la construcción. Es decir, ese ser roca, esa seguridad que solo podemos tener en Dios, Dios por pura misericordia le da a Pedro el participar del ser roca para que tengamos donde asirnos. Con esta seguridad nada hemos de temer firmemente unidos a la roca. Y tras esta afirmación viene la consecuencia y seguridad que las puertas del infierno  no prevalecerán sobre ella.

Punto 553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el Buen Pastor" (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección: "Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los Apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien Él confió explícitamente las llaves del Reino.

. Jesús confía las llaves del Reino a Pedro, las llaves son símbolo del poder de disposición sobre la casa y sobre la comunidad, la entrega de las llaves significa la entrega del poder. El que tiene las llaves es el que puede decidir la admisión o la expulsión, con la imagen de las llaves Jesús designó también el poder doctrinal. A Pedro le corresponde el poder del gobierno y dirección, ser portador de las llaves quiere decir que tiene que discernir y decidir qué es lo que es recto conforme a Dios y lo que debe ser considerado como permitido o prohibido, este es el poder de enseñar y de gobernar. Luego esta imagen es completada por otra, la de atar y desatar que Jesús  no solo se la dio a Pedro sino también al resto de los apóstoles.  Sin embargo el conjunto de las tres imágenes: la piedra, las llaves y el atar solo se los dio a Pedro.

. Se confirma que la figura de Pedro es de primacía sobre el resto de los apóstoles, de hecho hay una gran diferencia en el número de veces que Pedro es citado (140 veces) y el apóstol que le sigue es Juan (40 veces), hay pues una primacía otorgada por Cristo y reconocida por el resto de los apóstoles. Pero la palabra primacía no significa un privilegio sobre los demás por ser más importante o algo así, sino que lo entendemos en este texto: en Juan 21,15-19 Jesús resucitado se encuentra con Pedro y le vuelve a encomendar la tarea de ser roca, a pesar del pecado de Pedro sigue pidiéndole que “apaciente a mis ovejas….”, esto es lo que significa ser primado, no es hacer lo que uno quiera sino ser el primer servidor, servicio, olvido de uno mismo, darlo todo por los demás. San Pablo que ha tenido una revelación y un encuentro con Cristo, se presenta ante los apóstoles para sentirse confirmado por Pedro, no vaya a ser que se esté engañando, no vaya a caer en la tentación de correr en vano. Pablo sabe que no puede fiarse de su experiencia personal y necesita presentarse ante el resto de los apóstoles para que sea confirmada esa experiencia de encuentro con Cristo y entonces Pablo sube a Jerusalén y recibe la confirmación por parte de Pedro y del colegio apostólico. También nosotros tenemos que confrontar nuestra experiencia espiritual con Pedro, con el magisterio de la iglesia no sea que estemos corriendo en vano, no sea que estemos siendo engañados.


. En Juan 20,3-8 se narra una de las apariciones de Cristo resucitado y como Pedro y Juan habiendo recibido la noticia de Cristo resucitado corren al sepulcro, Juan llega el primero pero no entró, esperó a que Pedro llegase y al entrar Pedro, Juan entró después de él. Es un detalle de delicadeza. Para no correr en vano, espera a Pedro, y tras él su fe es confirmada. 

miércoles, 24 de junio de 2015

Catecismo 549-550. Los Misterios de la vida pública de Jesús. Los signos del Reino de Dios II

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Punto 549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11,5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. Lc 12, 13. 14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.

. Jesús viene a proclamar la llegada del Reino de Dios, la soberanía de Dios, Dios está aquí haciéndose presente. Comenzamos a percibir que la felicidad es posible aunque la felicidad definitiva solo la vamos a tener en el cielo. Los enemigos de nuestra felicidad son el sufrimiento, de tipo moral, de tipo físico, sufrimiento por padecer el mal de los demás; la muerte que nos está esperando de manera fría e implacable, las expectativas que nos hacemos en nuestra vida acaban; y el pecado, el mío propio y el de los demás. Jesús cuando viene a redimirnos, nos ha dado los signos de la victoria sobre estos tres grandes enemigos de la felicidad: ante el sufrimiento están los milagros que realizó (la multiplicación de los panes, los ciegos ven,…), Jesús es sensible al sufrimiento de los hombres, a Dios le importan nuestros sufrimiento; ante la muerte está la resurrección de Jesús que es el milagro por antonomasia, su victoria sobre la muerte es el milagro definitivo que nos anuncia la victoria sobre la muerte de cada uno de nosotros de forma que esperamos a la muerte no como un verdugo sino como una novia para el desposorio eterno con Dios, gracias a Cristo esto es posible; ante el pecado que es el causante de todos los sufrimientos y de la muerte misma, Cristo lo vence con su gracia.

. Jesucristo no curó a todos los enfermos. El Reino de Dios no es lo mismo que el bienestar humano, no es simplemente repartir los bienes de forma justa, sino ganar los corazones para vivir en gracia de Dios, es una realidad interior que se tiene que traslucir al exterior, el Reino de Dios está dentro de cada uno y se va traduciendo en obras concretas. Acompañar la predicación de Jesucristo del evangelio, de la victoria de la gracia sobre el pecado con las obras no significa sustituir la predicación por obras pues podemos caer en el riesgo de reducir el evangelio a obras sociales aunque esas obras tienen que acompañar la predicación, ésta no se puede reducir a ello.

Punto 550 La venida del Reino de Dios es la derrota del reino de Satanás (cf. Mt 12, 26): "Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios" (Mt 12, 28). Los exorcismos de Jesús liberan a los hombres del dominio de los demonios (cf Lc 8, 26-39). Anticipan la gran victoria de Jesús sobre "el príncipe de este mundo" (Jn 12, 31). Por la Cruz de Cristo será definitivamente establecido el Reino de Dios:Regnavit a ligno Deus ("Dios reinó desde el madero de la Cruz", [Venancio Fortunato,Hymnus "Vexilla Regis": MGH 1/4/1, 34: PL 88, 96]).

. Sin satanás no entendemos el misterio del mal, al que Cristo ha hecho frente. Satanás y sus ángeles no son un Dios del mal, no tienen categoría de divinidad sino que son criaturas, y no tienen poder alguno sobre el hombre que está plenamente unido a Dios. Los evangelios hablan de los demonios de forma muy frecuente, y Jesús presenta la llegada del reino como la victoria sobre satanás, es el signo de que el Reino de Dios ha llegado a nosotros. Los exorcismos son un signo de la victoria sobre satanás. Con la gracia de Cristo, unidos a Cristo no tenemos a que temer, con El lo podemos todo. Es consolador ver que, aunque satanás intenta apartarnos de Dios, que es el príncipe de este mundo, Cristo es rey y su reinado es pleno pues no hay nada que no esté sometido a ese reinado. No temas ni siquiera a la tentación si estas firmemente unido a Cristo. La cruz es el lugar de la victoria porque es la obediencia de Cristo al Padre. Satanás y sus ángeles son por esencia soberbios, desobedientes, en eso ha consistido su pecado, y Cristo por la obediencia al Padre nos redime, en ese confío en Dios, me pongo en Sus manos, en ese acto de obediencia es la victoria definitiva sobre satanás. Nuestro acto de fe es un acto de obediencia, es unirnos a la victoria de Cristo en la cruz. En este mundo el mal es mucho más ruidoso, mete más ruido un árbol que cae que un bosque creciendo, el Reino de Dios sigue creciendo entre nosotros aunque parezca lo contrario. Cuantísima gente buena ofrece su día a Dios, ofrece su enfermedad y sus limitaciones de forma humilde y discreta. El bien vence sobre el mal porque Cristo venció sobre satanás.


. La Madre Teresa decía que cuando satanás nos tienta a nosotros lo que hace es odiar a lo que hay de Dios en nosotros, no es que a satanás le importe tanto el hombre sino que envidia lo que hay de Dios en nosotros.

martes, 23 de junio de 2015

Catecismo 547-548. Los Misterios de la vida pública de Jesús. Los signos del Reino de Dios I

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Punto 547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos "milagros, prodigios y signos" (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en Él. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).

. Jesucristo no sólo predicó sino que acompañó su predicación con unas obras muy especiales que en los hechos se les llama milagros, prodigios o signos que son sinónimos. Estos signos atestiguan que Él es el mesías esperado. Un elemento de discernimiento importante del mesías son los signos. En Lucas 7, 18-23 narra cuando Juan Bautista es encarcelado y envía a dos discípulos a preguntar a Jesús si es Él el que ha de venir o hemos de esperar a otro. Jesús les respondió que contaran a Juan lo que han visto: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios,… y dichoso aquél que no halla escándalo en mí”. Por tanto tienen una gran importancia los signos que Jesús realizó.

. La negación de la historicidad de los milagros es un error muy grave, Jesucristo se encarnó, Dios se hizo hombre y entra en la historia, y nos habla en nuestro lenguaje. Realiza hechos y obras en la historia, interviene en la historia por amor a sus hijos, realiza signos y milagros para sacudir nuestra incredulidad. El rechazo racionalista hacia la revelación histórica de Dios, hacia la posibilidad de que Dios se muestre con signos y con milagros concretos es la resistencia del hombre al amor de Dios, es la desconfianza a lo que Dios quiere decirnos, es no creernos que Dios nos quiere de verdad o tenerle miedo a lo que nos quiere decir. Dios intervino en la historia de forma visible y constatable.

. Jesús nos dice “… y dichoso aquél que no se escandalice de mí”, es decir, esta frase puede referirse a que Jesús hace muchos signos, pero que son transitorios, es decir, las curaciones que hizo fueron transitorias pues los sanados volverían a enfermar y finalmente fallecerían. Por tanto, los signos no son más que signos, hay que quedarse con el significado del signo. Estos signos están evocando la promesa eterna de la felicidad que Dios nos da en la vida eterna. 

Punto 548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; 10, 52). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mt 11, 6). No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos (cf. Jn11, 47-48); incluso se le acusa de obrar movido por los demonios (cf. Mc 3, 22).

. Los milagros qué finalidad tienen?: testimonian que el Padre le ha enviado, en Juan 5,36 dice: “pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado”.” Y en Juan 10,25: “Jesús les respondió: Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí”, es decir, las obras dan testimonio de Jesucristo, dan apoyatura a que Jesús es el enviado del Padre: ”si no me creéis a mí creed a mis obras”…” quién es este al que el cielo y el mar le obedecen…” Jesús liga la explicación de los milagros a la afirmación de que Yo y el Padre somos uno, revela su íntima unión con el Padre.
 . En juan 10,38: ·Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Es decir, esas obras que realiza Jesucristo tienen la finalidad que entendamos la unión tan íntima que hay entre Jesús y el Padre.

. Concede lo que le piden a los que acuden a Él con fe. En los evangelios se ve que en algunas ocasiones le piden milagros que no realiza como el caso de Herodes que ni le responde, pues Herodes le pide milagros para divertirse, como si fuese un circo, y Jesús se niega a hacer milagros ahí por su falta de fe. Pero Jesús sí concede esos milagros a los que acuden con fe, en Marcos 5, 25-34: ”Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto? Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a los pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”.  Aquí aunque Jesús estaba rodeado de gente, había una mujer que tenía fe que “arrancó” de Jesús ese milagro.

. En Marcos 10, 52: Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?. El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. Es frecuente pues, que los milagros de Jesucristo, Él los ligue a la fe del que lo recibe.

. Jesús es rechazado por algunos: en Juan 11, 47-48: “Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”. Aquí los sumos sacerdotes no niegan los milagros sino que dicen que hay que hacer algo con él, porque les está cambiando sus planes, le rechazan, no quieren acogerlo, se lo quieren quitar de en medio. Incluso se le llega a acusar de que está obrando por los demonios, en Marcos 3, 22: “Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: Está poseído por Belzebú y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”.

domingo, 21 de junio de 2015

Catecismo 545-546. Los Misterios de la vida pública de Jesús. El anuncio del Reino de Dios II

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Punto 545 Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: "No he venido a llamar a justos sino a pecadores" (Mc 2, 17; cf. 1 Tim 1, 15). Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf. Lc 15, 11-32) y la inmensa "alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta" (Lc 15, 7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida "para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).

. Para poder acoger el Reino de Dios hay que tener un corazón humilde, un corazón pobre de espíritu, un corazón sencillo, además es importantísimo y es muy práctico para entender lo que es el Reino de Dios tener la conciencia de ser pecador y de necesitar la gracia de Dios, son los pecadores los que están invitados a acoger el Reino de Dios y aunque todos estamos invitados porque todos somos pecadores, no todos somos conscientes de ello. Cuando Jesús dice “no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”, no se refiere a que hay algunos que son justos y por lo tanto no se dirige a ellos sino que el Reino de Dios va a ser acogido por los que tienen conciencia de ser pecadores. La humanidad no se divide entre justos e injustos sino entre pecadores que tienen conciencia de serlo y pecadores que no tienen conciencia de serlo.

. Hoy tenemos una resistencia a considerar el pecado: en un ambiente secularizado en el que al plantear una vida sin Dios dónde no se entiende lo que es el pecado, donde no se entiende que el pecado es responder al amor de Dios y abrazar su voluntad pues no se entiende el pecado. Por otro lado hay personas que vienen a hablar más del amor que del pecado como si esto último fuera algo superado. En la Biblia la palabra pecado y amor vienen a aparecer unas 380/400 veces cada una, es decir, ambas son correlativas no se entiende el pecado sino desde el amor de Dios y desde el amor de Dios se ilumina la existencia del pecado, por tanto no hay que contraponer una cosa a la otra. Donde hablamos del amor de Dios sin hablar del pecado, es como hablar del Padre sin hablar del Hijo cuando uno es respecto al otro. El concepto del pecado es inherente al evangelio, si uno quita el pecado del evangelio está quitando el concepto del amor de Dios al que el hombre tiene que responder y deja al evangelio en el chasis, no le deja nada.

. Quien más tiene conciencia de su pecado, ama más a Dios, tiene más conciencia de su pecado y de la misericordia de Dios. El que piensa que no es pecador piensa que Dios le tiene que perdonar poco y entonces ama poco a Dios. Tenemos que tener cuidado porque a veces nos creemos pecadores solo en teoría, es decir, nos gusta a veces decir que somos pecadores pero no nos gusta tanto que nos lo digan otros con lo que tenemos una conciencia de ser pecador un poco limitada y tenemos que crecer en ella. También nos gusta decir que somos pecadores en general, pero no en lo concreto. También tenemos mucha facilidad en criticar y juzgar al prójimo, y esto quiere decir que no tenemos mucha conciencia de ser pecadores porque si uno tiene conciencia de ser pecador dice que bastante tengo con lo mío como para juzgar a los demás. También a veces nos duelen los pecados no por haber ofendido al Señor que es la clave, sino que nos duelen por nuestro amor propio, por haber fallado un plan propio, por no haber conseguido algo nuestro.

. Cristo nos invita a la conversión y muestra la paciencia y la misericordia sin límites del Padre hacia todos. En Lucas 15,7: ”la inmensa alegría en el cielo porque un solo pecador que se convierta” la alegría del perdón se entiende desde la predicación del Reino de Cristo, sin embargo el demonio nos siembra el miedo, temor y vergüenza en el momento de arrepentirnos, porque convertirse es un gozo, una alegría, es volver a nacer de nuevo.   

Punto 546 Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza (cf. Mc 4, 33-34). Por medio de ellas invita al banquete del Reino (cf. Mt 22, 1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (cf. Mt 13, 44-45); las palabras no bastan, hacen falta obras (cf. Mt 21, 28-32). Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra (cf.Mt 13, 3-9)? ¿Qué hace con los talentos recibidos (cf. Mt 25, 14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para "conocer los Misterios del Reino de los cielos" (Mt 13, 11). Para los que están "fuera" (Mc 4, 11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático (cf. Mt 13, 10-15).

. Las parábolas es algo muy específico de Jesucristo, las parábolas son un esfuerzo pedagógico para profundizar y comprender, pues pueden ser acogidas por un analfabeto o por una persona muy culta o incluso de diferentes culturas, de diferentes tiempos y condiciones. Trasmiten un contenido y a la vez son sugerentes, siembran en nosotros una tendencia a sacar conclusiones, a como me lo aplico en mi vida. Es un género de expresión muy profundo. En Mc 4,33-34 nos indica que no solo hablaba con parábolas sino que con los más allegados tenía en privado una explicación de la interpretación de las parábolas.

. En la parábola del banquete del Reino donde se invita primero a los principales que comenzaron a excusarse y luego abrió la invitación a todo el mundo, nos hace pensar en que el primer invitado fue el pueblo judío y luego fueron invitados los paganos, pero también nos sugiere que el que no se siente pecador no acoge el Reino mientras que el que se siente pecador es el que acoge el Reino “…las prostitutas os precederán en el Reino de los cielos…”

. En la parábola de las semillas, de los talentos de cada uno de nosotros, etc, nos sugiere nuestra respuesta a la llamada de Dios, es decir, hay profundísimas enseñanzas en el evangelio formuladas en forma de parábolas. También se habla de la parábola como una forma en la que los que no están abiertos al Reino de Dios no van a entender nada, por ejemplo en Mateo 13,10-15:  Los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Por qué les hablas por medio de parábolas?». El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: "Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure". Entonces como se entiende esta aparente contradicción en la que por una parte la parábola es un intento de Dios de hacerse entender, de explicarse y ser sugerente a aquéllos que están buscándole, pero por otra parte ocurre que acaban siendo incomprensibles para el que no está abierto a buscar la verdad, no hay razones para quien no quiere entender, quien quiere buscar pegas, quien no acaba de abrir su corazón a Dios se estrella con las parábolas. El evangelio es lo suficientemente claro para que los que buscan a Dios, para que  los sencillos de corazón lo entiendan perfectamente, y es lo suficientemente misterioso para que los que no son sencillos de corazón, los que son soberbios, los que son complicados les parezca una tontería y se cierren a ello y lo rechacen. Las parábolas tienen por tanto la justa medida para hablar al hombre que quiere entender. Si buscas a Dios en el evangelio tienes suficiente luz y si no buscas a Dios te sobran todas las explicaciones. Dios se comunica a quién se abre a él en las parábolas y permanece inalcanzable para quién no se abre a él.


. La conclusión es pedir la gracia para estar abiertos a la acogida del Reino,  de tener conciencia de ser pecador, de ser pobre de espíritu.

sábado, 20 de junio de 2015

Catecismo 543-544. Los Misterios de la vida pública de Jesús. El anuncio del Reino de Dios I

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Punto 543 Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel (cf. Mt 10, 5-7), este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones (cf. Mt 8, 11; 28, 19). Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús:
«La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega» (LG 5).

. Todos estamos llamados a entrar en el Reino de Dios, en el Reino de los cielos. No es un Reino equiparable a los reinos de este mundo. Hubo un autor de las corrientes modernistas que fueron condenadas por la Iglesia que dijo: “Jesús anunció el Reino y luego vino la Iglesia”, como si  Jesucristo no hubiera tenido intención de dar origen y fundar la Iglesia. EL Papa en su libro Jesús de Nazaret dice respondiendo a este autor que la pregunta sobre la Iglesia no es la cuestión primaria, la pregunta fundamental se refiere en realidad a la relación entre el Reino de Dios y Cristo, de ello depende después cómo vamos a entender la Iglesia, es decir, la auténtica pregunta es sobre Jesucristo, después entender que la Iglesia es resultante de la llamada de Cristo a convocar a sus discípulos y a enviarles a evangelizar no es tan difícil. Jesucristo es el enviado de Dios?, el Dios hecho hombre?, el hijo de Dios? esta es la pregunta clave, si la respuesta es sí, entonces no nos tropecemos en lo que no hay que tropezarse. Cristo para llevar adelante su obra de salvación se ha servido de nosotros los hombres, y nosotros los hombres formamos la Iglesia en torno a Jesucristo y como hombres que somos, pues seremos siempre pecadores. La pregunta clave no es por la  Iglesia sino por Jesucristo.

. Todos están llamados, y también aquéllos que no han conocido a Cristo, que serían los cristianos anónimos, pero que han estado abiertos a la inspiración del espíritu en su corazón y si conocieran que esa verdad que ellos buscan en su corazón es Jesucristo, se hubieran adherido a ella. Están adheridos a la verdad y a la bondad pero sin haber descubierto que ambas tienen un rostro personal que es Jesucristo.

. En primer lugar el Reino de Dios fue anunciado a los hijos de Israel, en Mateo 10, 5-7: “A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: «No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.” El evangelio de Mateo que está escrito en un contexto de los judíos y está dirigido a los judíos, le recuerda al pueblo de Israel que el plan de Dios es que en primer lugar, el primer pueblo al que fuera la predicación del Reino de Dios fuese el pueblo judío. Y es en un segundo momento cuando esa predicación se abre al resto del mundo: en Mateo 8,11 “Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos”… Para entrar en el Reino es necesario acoger la palabra de Jesús, la palabra se compara a una semilla sembrada en el campo, el Reino de Dios es la siembra de la gracia, es como la levadura que cambia la masa, la levadura de Dios te toca el corazón y te cambia la vida, la gracia de Dios es capaz de todo. Dios respeta nuestra vida y ha venido a entrar como una semilla pequeña en nuestra vida. Al abrirnos a esta gracia, a esta semilla, poco a poco todo va cambiando, todo va floreciendo, es vivir en Cristo la vida.

Punto 544 El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir, a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para "anunciar la Buena Nueva a los pobres" (Lc 4, 18; cf. Lc 7, 22). Los declara bienaventurados porque de "ellos es el Reino de los cielos" (Mt 5, 3); a los "pequeños" es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11, 25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Mc 2, 23-26; Mt 21,18), la sed (cf. Jn 4,6-7; 19,28) y la
privación (cf. Lc 9, 58). Aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf. Mt 25, 31-46).

. Una condición para poder acogerse al Reino es ser pobre y pequeño: “bienaventurados los pobres, los pobres de espíritu porque de ellos será el Reino de Dios”. Ser pobre de espíritu es una referencia a esperarlo todo de Dios, yo no pongo mi tesoro en esta vida, no busco seguridades en esta vida, no sustento mi felicidad en mi cuenta corriente, no fundamento mi alegría en mi estatus social…, sino que todo lo espero de Dios y solo en El pongo mi confianza. Los pobres para nosotros son un ejemplo de cómo tenemos que ser pobres de espíritu. Si uno fuera pobre de espíritu diciendo que pone su confianza en Dios, dice que para mí Dios es mi confianza y mi sustento, pero al mismo tiempo tengo la cuenta corriente bien asegurada podemos engañarnos, si no me hago solidario, si no uno mi vida con el destino de los pobres físicos me estoy engañando. Los pobres nos enseñan a ser pobres de espíritu. Al ver vivir a una persona pidiendo limosna nos alecciona sobre lo que es pobre de espíritu. Es una actitud de humildad clave y fundamental en nuestra vida.

. A los pequeños es a quiénes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes. Ante Dios no se puede ser un “zorro” en el sentido de cálculos humanos, ante Dios solo se puede ser niño.


. En Jesucristo tenemos encarnado lo que es ser pobre de espíritu: desde el pesebre hasta la cruz Jesús comparte la vida de los pobres, no hace falta teorizar, mirando a Jesucristo vemos el modelo que hay que seguir. Jesús compartió la vida de los pobres, vivió una vida pobre y humilde, conoció el hambre, la sed, la privación y nos enseñó personalmente con su vida. Jesús se identifica con los pobres y hace del amor hacia ellos la condición para entrar en el Reino de los cielos, tú tienes que unir tu destino y tu preocupación con los pobres de este mundo. Cuando dice tuve hambre y me diste de comer… estuve en la cárcel y no me visitasteis,… nos propone que el ideal de ser pobre de espíritu pasa por encontrarle en los pobres de este mundo. Es necesario que nuestro corazón esté preocupado de los pobres de este mundo para que estemos despreocupados de nosotros mismos, para que no hagamos de nuestro yo el centro atención, el centro de nuestra preocupación.

domingo, 14 de junio de 2015

Catecismo 541-542. Los Misterios de la vida pública de Jesús. 'El Reino de Dios está cerca'

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Punto 541 "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1, 15). "Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos" (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre es "elevar a los hombres a la participación de la vida divina" (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra "el germen y el comienzo de este Reino" (LG 5).

. La predicación pública de Jesucristo se inaugura después que Juan fue preso, está muy ligado el ministerio de Cristo al de Juan, sabía que era el último de los profetas del Antiguo Testamento e introducía el Nuevo Testamento, además hay una semejanza en el mensaje que proclama Juan para despedirse y el que Jesús proclama como inicio del Nuevo Testamento: Juan habla del reino, de allanad el camino al Señor, preparad el camino, convertíos, mientras que Jesús dice el renio de Dios ha llegado, convertíos y creed en la buena nueva.
Mientras que uno dice que el reino está próximo el otro dice que el reino de Dios ya ha llegado, Juan dice conviértete y cambia de vida y Jesús da la gracia para poder hacerlo, por eso Juan bautiza con agua pero Jesús bautiza con Espíritu Santo y con fuego, da la gracia para la conversión. La prisión de Juan es la que precipita el inicio de la predicación de Jesús, y la muerte y resurrección de Cristo es la que precipita el inicio de la vida de la Iglesia.  

. La voluntad de Dios es elevar a los hombres a la participación de la vida divina, que el hombre conozca a Dios, para eso es la revelación. Dios para esto, convoca a todos los hombres en torno a Jesucristo, él es el enviado del Padre para convocar a todos los hombres al conocimiento de su voluntad.

. La centralidad del mensaje de Jesús es la predicación del reino de Dios. En que consiste el Reino de Dios?. Benedicto XVI en sus escritos nos recuerda el error bastante extendido de que sólo los apóstoles hablaron de la Iglesia, es decir, como si Jesús no hubiese venido a dar a luz y fundar la iglesia, como si Jesús solo hubiera predicado el reino de Dios y luego los apóstoles fundaron la iglesia. Nos recuerda del error del pluralismo religioso, de avanzar en la comunión de las religiones para que trabajaran todas ellas por la paz y la justicia. La gran tentación de este pensamiento de pluralismo religioso es que aquí lo importante no es si Jesucristo, Buddah o Mahoma, aquí incluso lo importante no es si Dios o no Dios, sino que lo importante es ser buena persona, trabajar por la paz y la justicia, y todo lo demás es secundario, lo importante es ponernos de acuerdo en la moral, la ética y entonces el reino de Dios no lo entendemos como la Iglesia, ni como Jesucristo, ni como Dios mismo, sino como los valores. Ni Jesús, ni Dios es el centro, sino el reino. Pero estos valores de justicia y paz en qué se fundan?, porque sin Dios estos valores no tienen un contenido real, se quedan en conceptos hermosos pero vacíos. No podemos caer en la tentación de reducir el reino de Dios a unos valores, no, lo principal del reino de Dios no son unos valores sino Jesucristo mismo. El Reino de Dios es Jesucristo, es una persona divina que se ha encarnado y ha fundado una iglesia, por tanto el Reino de Dios es la persona de Jesús continuada en la obra de la Iglesia. Hoy en día más que decir Cristo sí, iglesia no, se viene a decir espiritualidad sí y religión no, porque la espiritualidad la hago a mi medida y la religión me marca un camino, con la espiritualidad me marco yo el camino a mi gusto y medida. Iglesia y Jesucristo son una sola cosa, la iglesia se presenta como el comienzo de ese reino, se identifica iglesia y reino de Dios.  

Punto 542 Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como "familia de Dios". Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el Reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. LG 3).

. Decir Jesucristo o decir reino de Dios es lo mismo, y el reino de Dios forma una familia entorno a Jesucristo, no son unos valores etéreos. Esa familia en torno a Jesucristo es la iglesia. Los pasos que Jesús dio para formar esa familia fueron la predicación de su palabra, señales como los signos sacramentales: ”id y bautizad”, “perdonad los pecados”, “haced esto en memoria mía”, Cristo está convocando a una familia para que fueran a predicar la palabra que les había dicho. Luego Cristo tenía una clarísima voluntad de creación de una iglesia que llevase a cabo la obra de salvación para la que el Padre le había enviado.

. En los evangelios hay muchísimos indicios que manifiestan que Jesucristo fundó la iglesia: llamó a los apóstoles, formó una escuela apostólica, convivió esos tres años con ellos, les fue descubriendo los designios que el Padre había puesto en su corazón, conformó sus corazones con el suyo, les envió por todo el mundo a predicar el evangelio, les pidió que bautizasen en su nombre, que celebrasen la eucaristía, eligió a Pedro….. Jesús tenía una clara voluntad de prolongación de lo que el Padre le había encomendado a él.


. Además Jesús da a luz a la iglesia de una manera mística en su muerte y resurrección: Juan 12,32 “cuando yo sea levantado en la tierra atraeré a todos hacia a mí”,  la iglesia nace al pie de la cruz cuando dice “mujer ahí tienes a tu hijo…”, nace en Pentecostés cuando estando los apóstoles reunidos viene el Espíritu Santo sobre ellos, nace en el momento en el que Jesús celebra la eucaristía, nace cuando llama a los doce apóstoles, es decir, que la iglesia no es un momento puntual, sino que nace de toda la vida de Jesucristo