domingo, 15 de noviembre de 2015

Catecismo 678-679. Para juzgar a vivos y muertos

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Punto 678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7, 10; Jl 3, 4; Ml 3,19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3, 7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

. El juicio ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento, es decir, no es algo novedoso para los judíos que le escuchaban, por ejemplo en Daniel 7,10 “Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros…”, habla de un tribunal donde se abren los libros y comienza el juicio. En Malaquías 3,19 “Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos”. Este es un texto claro en el que Malaquías habla del día del juicio como día de gloria para los justos y como día de castigo para los que se cierran a la gracia de Dios. Este día del juicio formó parte de la predicación de Jesús, que aunque nos parezcan más antipáticos no dejan de estar en el evangelio. Hemos de leer el evangelio plenamente, es más, si hay alguna parte en la que tenemos que insistir más es la que nos resulta más difícil de entender, que me resulta más antipática. Solemos leer lo que más nos gusta, lo que encaja más conmigo, lo que más encaja con mi forma de pensar, y dejamos lo más antipático. El camino es más conformarme yo al evangelio que conformar el evangelio a mí. Jesús pues, predicó el juicio, y esto molesta a la cultura autosuficiente y soberbia que piensa que no tiene que dar cuentas de nada ante nadie. Jesús habló del juicio, y habló del hombre como creatura que tiene que responder ante el creador y dar cuenta de sus obras. Jesús nos dice que el juicio saca a la luz nuestra conducta, en Marcos 12,38-40 “Y él les enseñaba: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad». Hablando Jesús de la hipocresía de los escribas, que hacen las cosas con un asegunda intención, que queda oculta en sus obras, pues precisamente el juicio sacará a la luz esa doble intención. Jesús es el juez capaz de sacar a la luz esa doble intencionalidad que podamos tener en nuestra conducta.

. En Lucas 12,1-3 Jesús nos predica “Mientras tanto se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. En este mundo es posible que ocultemos la verdad, pero precisamente el juicio se caracteriza por sacar todas las obras a la luz, los secretos de los corazones, ante Dios todos somos plenamente transparentes.

. La psicología del pecado es ocultarse a la luz y la psicología de la gracia es estar delante de Dios sin nada que ocultar. Todas las obras que hacemos a escondidas de los demás es señal de que esa obra no está hecha conforme a Dios. En el libro del Génesis, cuando se narra el pecado original, Adán y Eva después de desobedecer se esconden de la presencia de Dios, se escapan de la luz de Dios, pues quien obra bien busca la luz y quien obra mal busca la oscuridad.

. El juicio consiste en que ante la presencia de Dios todo lo que puede ser oculto en el hombre está perfectamente visible y es perfectamente conocido, Dios saca todo a la luz, Dios es la luz y conoce el secreto del hombre. El Catecismo nos indica que será condenada la incredulidad culpable, el rechazo de la gracia, por ejemplo en Mateo 11,20-24 “Entonces Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú». Aquí vemos claramente que seremos juzgados de nuestra incredulidad, de nuestra falta de fe, no una ignorancia inculpable sino un rechazo de la gracia conocido en la conciencia. También seremos juzgados del cumplimiento de los mandamientos, del respeto y del amor al prójimo, Mateo 5,22 “Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego”. Mateo 7,1-5 “No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes”. En el juicio también añadimos el amor a los pobres y excluidos, también seremos juzgados según este amor, en Mateo 25,40 "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, porque hay una presencia misteriosa pero real de Jesucristo en los pobres y seremos juzgados de ello.

. En el juicio de Dios seremos juzgados sobre nuestra credulidad o incredulidad, sobre nuestra fe, sobre el cumplimiento de los mandamientos, sobre el amor y respeto al prójimo, sobre el juicio que hacemos del prójimo, sobre la misericordia o dureza de corazón y sobre el amor a los pobres y excluidos. Todo esto lo extraemos de distintos pasajes que todos ellos hacen un panorama de conjunto sobre cuál es la materia en la que seremos juzgados.  

Punto 679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5, 22; cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; 17, 31; 2 Tm 4, 1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3,17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; 12, 48); es retribuido según sus obras (cf. 1 Co 3, 12- 15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; 10, 26-31).

. El hecho de que Jesucristo se presente como juez de vivos y muertos es un título, una función que denota claramente su divinidad, solamente Dios puede juzgar. Cristo está revestido de esa autoridad de Dios, Cristo tiene el pleno derecho a juzgar y ahora además nos juzga como Dios y como hombre. El hecho de que nuestro juez sea nuestro hermano encarnado en nuestra propia condición humana es para nosotros un consuelo. El saber que somos juzgados por alguien que conoce nuestra debilidad es un aspecto que nos tiene que llenar de confianza porque nos juzga desde dentro, conoce la tentación, conoce nuestra carne. Jesús ha adquirido del Padre la plena potestad de juzgar, en Juan 5,22 “Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, y en Juan 5,27 “…y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre”, Hechos 10,42 “Y nos envió a predicar al pueblo, y atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos.” O en Hechos 17,31  “Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos, el Padre ha fijado el día del juicio por el hombre que ha destinado, el Padre ha querido que el juez sea un hombre, un hombre que es Dios al mismo tiempo, que es Jesucristo.

. Cristo ha venido para salvar, quiere que todos se salven pero la condenación es una posibilidad real de la que nos habla claramente el evangelio. Cada uno se juzga ya a sí mismo por el rechazo a la gracia en esta vida. La salvación o la condenación depende más de la aceptación de cada uno, no es Dios el que te salva o condena sino que es uno mismo el que rechaza el don de su gracia. Uno mismo ante la luz de Dios percibe qué es lo que le corresponde, según el estado de gracia o de pecado del alma, si el estado de gracia supone el poder gozar de Dios en su visión o si el estado de pecado no puede soportar esa luz de Dios y requiere de la tiniebla que le impide ver la luz. Es el propio estado del alma el que se constituye en juez de nosotros mismos.


. Somos retribuidos según la calidad de nuestras obras, en  Corintios 3,12-15 “.. la obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; si la obra es consumida, se perderá”.  Son nuestras propias obras presentadas ante Dios que como fuego ardiente serán destruidas si son inconsistentes, sin embargo las obras hechas en el amor y la verdad permanecerán ante la presencia de Dios. Es como una criba donde permanece lo verdadero y se disuelve lo falso. Obras hechas por vanidad, por buscar la gloria, … son como obras hechas por heno y paja que son disueltas ante el fuego.  

martes, 10 de noviembre de 2015

Catecismo 675-677. 'Volverá en Gloria'. La última prueba de la Iglesia

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Punto 675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

. Muchas imágenes que se nos describen como será el fin de los tiempos nos resultan difíciles de comprender y de interpretar, por ello vamos a acogernos fielmente a las descripciones sobrias pero profundas que hace el magisterio de la Iglesia. E iluminando los textos más oscuros desde los que son más claros y no al contrario. Desde esta sobriedad y este método vamos a adentrarnos en estos puntos del catecismo que parecen los más misteriosos de la Sagrada Escritura. Antes de la parusía la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes: en Lucas 18,8 nos dice “…Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra? y  en Mateo 24,12 “…Aparecerá una multitud de falsos profetas, que engañarán a mucha gente. Al aumentar la maldad se enfriará el amor de muchos,…”, en Lucas 21,12 “Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,”, y en Juan 15,19-20 “ … Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes”, es decir, Jesús anuncia persecución, anuncia que sus discípulos van a ser perseguidos, en la medida en la que el mundo se aparta de Dios viene la persecución, un mundo que se siente molesto por los testigos de Cristo, molesto porque el que vive en tinieblas se revuelve ante la luz.

. La impostura o rebeldía religiosa suprema es la del anticristo, es decir, la de un pseudo mesianismo en la que el hombre se glorifica a sí mismo. El anticristo no es un personaje como hemos visto en algunas películas sino que es más bien una mentalidad, una opción del hombre en la que se da gloria a sí mismo, colocándose en lugar de Dios. Es como pretender ser como dioses. En 2ª Tesalonicenses 2,4-12 nos dice que hay un poder seductor de la mentira, y ese adversario se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios hasta el extremo de sentarse el mismo en el santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios: ”que nadie los engañe de ninguna manera. Porque antes tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre impío, el Ser condenado a la perdición, el Adversario, el que se alza con soberbia contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta llegar a instalarse en el Templo de Dios, presentándose como si fuera Dios”. Este adversario, este anticristo pretende sentarse en el mismo santuario de Dios y proclamarse que él mismo es Dios, es una sociedad, es una cultura, es un pecado de pensamiento frente a Dios que pretende recibir la gloria que solo a Dios puede ser dada. En 2 Juan 7 llama seductor y anticristo a los que no confiesan a Jesucristo como el Dios hecho hombre, a los que no hablan claramente de la encarnación, ese fue el primer anticristo. Y en 1ª Juan 2,18-22 “Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora… ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo.”,  aquí san Juan habla que no hay que entender el anticristo como una figura en concreto. La Escritura nos explica al anticristo como al que niega que Jesús es el Cristo, el que niega al Padre y al Hijo, el que niega la gloria que debe ser dad a Dios, el que pretende construir un mundo de espaldas a Dios, el que pretende reducir la presencia de Dios.

Punto 676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris, condenando "los errores presentados bajo un falso sentido místico" "de esta especie de falseada redención de los más humildes"; GS 20-21).

. Una de las falsas interpretaciones que ha existido a lo largo de la historia de lo que es el anticristo y que la iglesia ha rechazado es el milenarismo, es decir, según el milenarismo Cristo vendría a reinar físicamente en la tierra por mil años al final de los cuales regresaría al cielo. Esta doctrina ha tenido bastante fuerza y está basada en el capítulo 20,1-5 del apocalipsis que es un texto oscuro que debe ser iluminado desde otros textos. Dice: “Luego vi que un ángel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena. El capturó al Dragón, la antigua Serpiente –que es el Diablo o Satanás– y lo encadenó por mil años. Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo. Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años. Esta es la primera resurrección. Y los demás muertos no pudieron revivir hasta el cumplimiento de esos mil años. ¡Felices y santos, los que participan de la primera resurrección! La segunda muerte no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante mil años”. Es un texto misterioso que habla de mil años, del milenarismo, y que tuvo dos versiones en la iglesia: unos que decían que Jesús vendría antes de la parusía para reinar mil años y que después de ese tiempo regresaría al cielo y otros que decían que cuando venga Cristo en la parusía todos resucitarían y Cristo establecería en la tierra un reinado por mil años y al final de esos mil años los justos irían al cielo y los condenados al infierno. La iglesia rechaza esta interpretación del milenarismo. La verdadera interpretación de los mil años es otra porque en el lenguaje hebreo mil años significa un tiempo largo, indefinido, el número mil es símbolo de un largo tiempo indefinido.

Punto 677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).

. La Iglesia viene a afirmar que va a seguir el mismo camino de muerte y resurrección, el mismo estilo de Jesús. La iglesia está llamada a las bodas del cordero y se presenta como esposa. El cordero ha sido un cordero degollado, y si el esposo ha sido degollado también lo será la esposa. Por lo tanto el camino de la pasión es también el camino de la iglesia. El reino no se va a realizar en un triunfo histórico de la iglesia, más bien va a ser la fuerza de Dios la que venza en última instancia el dominio de mal, esa especie de dominio que tiene satanás sobre este mundo, que es príncipe de este mundo, solamente podrá ser vencido por el reinado de Cristo. En Apocalipsis 20,7-10 se habla de una victoria definitiva de Cristo rey sobre el mal de este mundo “… cuando se cumplan esos mil años, Satanás será liberado de su prisión. Saldrá para seducir a los pueblos que están en los cuatro extremos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número será tan grande como las arenas del mar, y marcharán sobre toda la extensión de la tierra, para rodear el campamento de los santos, la Ciudad muy amada. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá. El Diablo, que los había seducido, será arrojado al estanque de azufre ardiente donde están también la Bestia y el falso profeta. Allí serán torturados día y noche por los siglos de los siglos”.


. El triunfo definitivo de Dios tiene un nombre que es el juicio final, no es únicamente una retribución a cada uno de nosotros sino antes que eso es la plena victoria de Dios, la plena victoria del bien sobre el mal, es la demostración última de que el bien tiene la última palabra, de que el mal no se sale con la suya. Apocalipsis 20,12 indica “Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras. El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras. Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte. Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego”.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Catecismo 673-674. 'Volverá en Gloria'. El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel

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Punto 673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24, 44: 1 Ts 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Ts 2, 3-12).

. El advenimiento final de Cristo es expresado en la Sagrada Escritura por una parte con unos términos que hacen referencia a una venida deseada por parte de los cristianos, tal es así que la Biblia concluye diciendo “sí Yo vengo pronto, amén, ven señor Jesús”, los cristianos pues invocan la venida de Cristo, suspiran por su llegada. La parusía es liberación. En Lucas 21, 27-28 nos dice “Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”, es un contexto de ánimo y de esperanza por la llegada de Cristo el que nos remite este texto. Sintamos la llegada de Cristo como nuestra liberación y que aumente en todos nosotros el amor por su venida.

 . El Catecismo nos recuerda que Dios no nos ha concedido saber el momento de la parusía, “a vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén”. Por lo tanto, renunciemos a poner fechas al fin de los tiempos pues Jesús ya nos dijo “aquél día no lo sabe nadie, ni los ángeles del cielo ni el hijo sino solo el Padre”.  Hemos de vivir con confianza y abandono en las manos de Dios. La Sagrada Escritura nos insiste en que será en cualquier momento, y es algo a lo que hemos de estar preparados como las diez doncellas que esperaban al esposo con la lámpara encendida, sin miedo, con amor a su venida.

. Ahora la mano de Dios retiene el advenimiento, es decir, está en manos de Dios la llegada de la parusía final, espera que los tiempos se consumen, espera con su paciencia, Dios espera el momento oportuno, es la paciencia de Dios que espera que los tiempos se maduren.

. Ante los supuestos anuncios apocalípticos que podamos recibir o que podamos ser manipulados, leemos en Mateo 24,29 “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre. Todas las razas de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a sus ángeles para que, al sonido de la trompeta, congreguen a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto”. Jesús habla de estos signos apocalípticos a lo largo del capítulo 24 del evangelio de san Mateo.

. Los cristianos tenemos que estar orientados al futuro glorioso sin dejar de vivir el momento presente, sin que la atención a la parusía nos haga quitar la atención al momento presente. La espera de la llegada de Jesucristo, el amor al día de su llegada no nos tiene que quitar la concentración en la predicación del evangelio tal y como Jesús nos manifiesta.  

Punto 674 La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" (Rm 11, 20) respecto a Jesús. San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y san Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).


. En Romanos 11 nos habla de que la parusía final tendrá lugar cuando el pueblo judío haya llegado a reconocer en Cristo al mesías, por ejemplo 11,25 “… el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos. Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: "De Sión vendrá el Libertador. El apartará la impiedad de Jacob”, es decir, que existe como una profecía de Jesús de que el endurecimiento parcial del pueblo judío durará hasta que el evangelio haya sido predicado a todos los gentiles, después también al final el pueblo judío acepte a Jesucristo antes de la parusía final. En Mateo 23,39 “¡Jerusalén, Jerusalén,…   Les aseguro que ya no me verán más, hasta que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!», Jesús está hablando de su llegada final cuando el pueblo judío sea capaz de reconocer en él al mesías que había esperado. Quizás el pueblo judío piense que la religión judía y la religión cristiana sean dos cosas distintas, pero nosotros no pensamos eso, pensamos que el judaísmo es una preparación de la llegada de Cristo, para nosotros el judaísmo y el cristianismo son como el río y el mar, uno conduce al otro, son como promesa y cumplimiento. Pero una parte importante del pueblo judío sigue esperando la llegada de un mesías y se equivocan, ese mesías ya llegó. Hasta qué punto estamos unidos los judíos y los cristianos que nosotros pensamos que somos una sola religión, el cristianismo es el cumplimiento en el Nuevo Testamento de la promesa del judaísmo en el Antiguo Testamento.      

sábado, 7 de noviembre de 2015

Catecismo 671-672. 'Volverá en Gloria' ...esperando que todo le sea sometido

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Punto 671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2 Ts 2, 7), a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1 Co 15, 28), y "mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2 P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (Ap22, 20; cf. 1 Co 16, 22; Ap 22, 17-20).

. Tras la gloria de Cristo, de su ascensión, contrasta ver que el mal sigue presente en el mundo. Se da una convivencia misteriosa entre la gracia y el pecado, entre la victoria de Cristo y el influjo del mal en el mundo. Somos conscientes de esta situación dónde aún no se ha establecido el reino plenamente en la tierra.

Punto 672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tribulación" (1 Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia (cf. 1 P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1 Jn 2, 18; 4, 3; 1 Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13;Mc 13, 33-37).

. En Mateo 24, 3 y siguientes Jesús les contesta a los apóstoles que antes de su venida habrá hambre,… dolores de parto “Cuando llegó al monte de los Olivos, Jesús se sentó y sus discípulos le preguntaron en privado: «¿Cuándo sucederá esto y cuál será la señal de tu Venida y del fin del mundo?». El les respondió: «Tengan cuidado de que no los engañen, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Yo soy el Mesías", y engañarán a mucha gente. Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerras; no se alarmen: todo esto debe suceder, pero todavía no será el fin. En efecto, se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes habrá hambre y terremotos. Todo esto no será más que el comienzo de los dolores del parto.

. En Efesios 5,16 vemos parte de este contraste “Cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. Y en Mateo 12,28 nos dice que el reino de Dios ya ha llegado a nosotros “si expulso a los demonios con el poder del Espíritu de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes”. Y otra vez en la 1ª carta de Juan 4,3 “Y todo el que niega a Jesús, no procede de Dios, sino que está inspirado por el Anticristo, por el que ustedes oyeron decir que vendría y ya está en el mundo. El error y la mentira circulan por el mundo como por su casa, abundan violencias, injusticias, el imperio del mal se muestra poderoso en el mundo laboral, político, económico, cultural, etcétera, la gente sufre, los pobres y también los ricos de otra forma, la humanidad se pregunta desconcertada y desesperada porqué las cosas están como están, porqué tenemos un progreso técnico como nunca había existido y sin embargo la infelicidad está establecida en muchos corazones, porqué hay tanto mal en el mundo, porqué en este mundo crecen las dificultades….. éste es el contraste de cómo se puede compaginar ese reinado de Cristo al mismo tiempo que satanás ejerce de príncipe de este mundo. Podemos llegar a ver momentos en que el mal se nos hace invisible, como si fuera algo natural que sólo busca confundirnos. En el mal de este mundo reconocemos la bondad de Dios rechazada. Miramos el mal del mundo porque estamos llamados a interpretar los signos de los tiempos, y como Jesús nos dijo debemos caminar como ovejas en medios de lobos y tenemos que distinguir la oveja del lobo y estar atentos a donde está el lobo. Hablar del mal no es ser pesimista, al contrario, y no hay que estar ciego a las consecuencias del mal por el rechazo de ese reinado de Cristo. El mal tiene un gran influjo en el mundo del que hemos de ser conscientes y no hemos de desesperar porque los cristianos podemos ver estos males confiando en Dios sabiendo que todo ha de concurrir para bien en los que confían en Dios que es un texto clave de la Sagrada Escritura que está en Romanos 8,28 “…Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman…”, a la luz de esta confianza debemos ver los males del mundo para mejor salvarnos de ellos y para mejor sanar al mundo de sus miserias, verlos en la esperanza de que Cristo reina.

. Hay una cierta tendencia nostálgica por el pasado pensando en que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto no es cierto. Igual que pensar que en el futuro por el mero progreso tuviese que traer ya al hombre la victoria sobre el mal. Esto también es ingenuo pensarlo. Estos dos pensamientos parten de la comparación con la sociedad del pasado o la sociedad del futuro, y coinciden con pasar la pelota a la sociedad. La lucha entre el mal y el bien está dentro de cada uno de nosotros, no se trata de tiempos mejores o tiempos peores, en cada uno de nosotros está la lucha entre Cristo rey y el príncipe de las tinieblas, esos dolores de parto tienen lugar en cada uno de nosotros. No es cierto que el hombre sea bueno por naturaleza, el hombre es un pecador y por eso no nos extrañamos de los males del mundo, basta con mirarnos al espejo. A los cristianos no nos tienen que desconcertar los males del mundo, es más sabemos y confiamos que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia y esto nos da una inmensa esperanza y también una gran paciencia, porque participamos de la paciencia de Dios que nos dice “no cortes ese árbol a ver si el año que viene da frutos”, sabemos que lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, Dios puede cambiar los corazones.


. La primera iglesia cristiana tuvo que abrirse paso en medio de la decadencia del imperio romano, se estaba dando una quiebra de la vida moral, abundaba el suicidio, el aborto, el divorcio, el número reducido de hijos, los grandes hombres famosos se divorciaban, el adulterio era frecuente y tolerado,… Roma estaba sostenida por el trabajo de los esclavos, por las contribuciones de los pueblos sometidos y no pensaba más que en divertirse, los días de fiesta eran más que los días de trabajo, circo, matanzas en los anfiteatros, todo esto absorbía la atención de la gente. En el teatro se llegó a poner en cartelera “el Laureolus” durante doscientos años cuyo protagonista era un asesino ladrón e incendiario y entonces por autorización del emperador, de Domiciano se sacaba a un prisionero de la cárcel para matarla en vivo y en directo ante los ojos de todo el mundo. Cada vez el morbo, la violencia, el sexo,…era mayor para mantener la atención de la gente. Es decir, una similitud con nuestra época tremenda, se dice que cuando un pueblo decae, no suele ser consciente de su propia decadencia, de hecho Roma no se da cuenta de su propia decadencia y de su caída. Fijémonos en esto porque hay una autentica evocación con nuestra época. Nuestro mundo actual es también decadente, y es la misma historia del imperio romano decadente. No nos asustamos por lo que pueda venir pues la providencia de Dios hasta purificará una sociedad que se está pudriendo. Vemos similitudes como que hay unos cincuenta millones de abortos, unos novecientos cincuenta y seis mil millones de dólares de presupuesto anual en armas cuando hay muchos países con rentas per cápita de unos pocos dólares, entran males como el divorcio, la promiscuidad, la pornografía, trastornos psíquicos… vemos signos de la decadencia como la del imperio romano, que compagina un gran adelanto técnico pero con un “que continúe la fiesta” donde vamos poco a poco perdiendo dignidad moral.

martes, 3 de noviembre de 2015

Catecismo 668-670. 'Volverá en Gloria'. Cristo reina ya mediante la Iglesia…

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Punto 668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1 Co 15, 24. 27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente.

. Cristo es el Señor, esta palabra Señor, nos parece en nuestros días un término bastante intrascendente, decir Señor es como decir una persona o un hombre. Leer la palabra Señor en el contexto bíblico desde esa intrascendencia es un error. El título Señor en las Sagradas Escrituras tiene otra trascendencia, en el Antiguo Testamento ya se mostraba el título Señor, que significa o se dice Adonai en hebreo y Kyrios en griego, y nosotros hemos traducido por Señor. Si nos remitimos al punto  209 Por respeto a su santidad el pueblo de Israel no pronuncia el Nombre de Dios. En la lectura de la Sagrada Escritura, el Nombre revelado es sustituido por el título divino "Señor" (Adonai, en griego Kyrios). Con este título será aclamada la divinidad de Jesús: "Jesús es Señor".” vemos la trascendencia de este título dónde finalmente decir Señor es como decir Yahveh. Con el Nuevo Testamento se transfiere a Jesucristo el título de Kyrios, de Señor. Esto es lo concluyeron los primeros cristianos fruto de haber convivido con Cristo, de haber visto su señorío cuando multiplicaba los panes, cuando andaba sobre las aguas, cuando calmó la tempestad, y se preguntaban quién es éste que hasta el cielo y el mar le obedecen?, e iban entendiendo éste es Señor, el mismo que dividió las aguas en el mar rojo por donde el pueblo de Israel pasó. Hubo un texto clave para que los primeros cristianos apropiasen este título a Jesucristo y debatiesen con los judíos, es el salmo 110 “Oráculo de Yahveh a mi Señor, siéntate a mi derecha y haré de tus enemigos estrados de tus pies”, cómo interpretar Oráculo de Yahveh o del Señor a mi Señor… por quién estaba dicho ese salmo?, la primera iglesia cristiana utiliza este texto para decir que el verdadero cumplidor de este texto era Jesucristo y no David. En Mateo 22,42-46 se nos dice: “Mientras los fariseos estaban reunidos, Jesús les hizo esta pregunta: «¿Qué piensan acerca del Mesías? ¿De quién es hijo?». Ellos le respondieron: «De David». Jesús les dijo: «¿Por qué entonces, David, movido por el Espíritu, lo llama "Señor", cuando dice: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies"? Si David lo llama "Señor", ¿cómo puede ser hijo suyo?». Ninguno fue capaz de responderle una sola palabra, y desde aquel día nadie se atrevió a hacerle más preguntas”. Jesús está haciendo pensar a los judíos que le rodean que ese texto solo puede haber sido dicho en plenitud por Jesucristo, por el mesías, porque en David esa promesa no ha sido cumplida. En otros textos como Lucas 1,43 “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?,  o en Lucas 2,11 “Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. Tanto Isabel como los pastores de Belén son capaces de percibir en ese que está naciendo al Señor. La Iglesia naciente proclama en su predicación el señorío de Cristo, en Hechos 2,34 “Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a todos tus enemigos debajo de tus pies". Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”,  es decir, vuelven al mismo texto y dicen que David no ha resucitado, está en el Seol, por lo tanto no puede referirse ese texto a David sino a Cristo. Esta proclamación por parte de los apóstoles era escandalosa porque decían “a este que vosotros habéis crucificado….”

Punto 669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio"(LG 3), "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 5).
Punto 670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1 Jn 2, 18; cf. 1 P 4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).

. Es especialmente san Pablo el que a lo largo de sus cartas va concretando en qué se traduce ese señorío de Jesucristo. Entendiendo que Jesús es mi Señor estamos libres de muchos miedos, él dirige los hilos de la historia. Cristo es Señor de la muerte, en 1ª Cor 15 “En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte”, es pues la muerte el último enemigo sometido por el señorío de Jesucristo en la resurrección.

. El Señor es también Señor de la Iglesia, cabeza de la Iglesia que es su cuerpo. La Iglesia es sierva de un Señor, de Jesucristo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Catecismo 663-664. Jesucristo está sentado a la derecha del Padre II

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. La ascensión también proclama a Cristo como cabeza del cuerpo místico que es la Iglesia. Mediante la inmolación en la cruz, Jesús había reconciliado a los hombres con Dios, el sacrificio de Cristo pues reúne a los hombres en un solo cuerpo. En Efesios 2,16 dice “y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona”,  es decir, por la muerte de Jesucristo tiene lugar una reconciliación, él pacifica al hombre con Dios por su muerte redentora. Si el cuerpo místico es el fruto del sacrificio de Cristo, ahora al subir a los cielos se constituye en la cabeza de ese cuerpo místico, o bien, la Iglesia nace del costado de Cristo en su muerte redentora. La muerte de Cristo da a luz a la Iglesia siendo Cristo la cabeza de la Iglesia en su glorificación y ascensión a los cielos. San Pablo dice que Cristo ha sido constituido cabeza del cuerpo místico en virtud de su glorificación. En Efesios 1.22-23 dice “Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo… El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas”, aquí habla de que en la ascensión de Cristo a los cielos lo constituyó en cabeza de la Iglesia que es su cuerpo. En Colosenses 1,18 dice “El es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. El es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que él tuviera la primacía en todo”, aquí habla claramente que Cristo es la cabeza del cuerpo, de la Iglesia.

. La plenitud significa que lo tiene todo, que fuera de Cristo no necesita nada más, que lo llena todo, que lo es todo. Cristo es la plenitud de la revelación, quien conoce a Cristo conoce al Padre, es el salvador, no un salvador. Por esto nosotros que conocemos a Cristo, no podemos creer en el pluralismo religioso porque no hay otro mediador entre Dios y el hombre. Si decimos que Cristo es la plenitud de Dios, en consecuencia y como continuación decimos que la Iglesia es la plenitud de Cristo. La Iglesia tiene el depósito pleno de lo que Cristo reveló. En Efesios 4,8-12 “Por eso dice la Escritura: "Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres". Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra. El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo. Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo , Cristo en virtud de la ascensión da al cuerpo místico que es la Iglesia toda su capacidad de crecimiento. Ese poder de dar vida que tiene Cristo se manifiesta particularmente en la eucaristía dando su carne como alimento y su sangre como bebida. A los discípulos les da una explicación misteriosa en Juan 6,61-62 “Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?”, les da a entender a los discípulos que tendrán primero que ver la ascensión para después comprender la eucaristía, les había escandalizado a los discípulos lo de que tienen que comer su cuerpo y beber su sangre, y para explicárselo les dice que lo entenderán cuando Cristo ascienda a los cielos. Que no se trata de comer un cuerpo y una sangre en la condición terrena como algo caníbal. Por la eucaristía se nos trasmite la vida divina de Cristo, esa plenitud de Cristo en el cielo se nos trasmite, no sería posible la eucaristía sin la ascensión a los cielos. Por el hecho de que su cuerpo ha adquirido una condición celeste puede convertirse en alimento espiritual.

. Qué diferencia hay entre la condición gloriosa en el momento de la resurrección y la ascensión. La glorificación tiene lugar en la resurrección pero, qué añade la ascensión? Pues bien, es cierto que algo añade, hay un aspecto nuevo porque Jesús había dicho: ”conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el paráclito, pero si me voy os lo enviaré”. Cristo está glorificado tras la resurrección, pero no ejerce su poder sino con el envío del Espíritu Santo. Antes de ejercer ese poder, la voluntad salvífica de Cristo había de conocer una etapa previa de fortalecimiento en la fe en Cristo resucitado, mediante numerosas pruebas se apareció a los apóstoles. En esos cuarenta días que tuvo Jesús, instruyó a los discípulos, y la ascensión señala el paso definitivo a un modo de presencia en la Iglesia con el que va a poder ejercer todo su valor salvífico. Cristo de alguna manera va poniendo fin a una presencia terrena y a su presencia sensible entre nosotros, la prueba es que cuando se aparece a san Pablo lo hace de una forma distinta, con una condición  nueva. En el camino de Damasco Cristo no le muestra su rostro a Saulo, él se ve envuelto en una luz deslumbrante, esa luminosidad expresa la gloria de Cristo que está ascendida a los cielos, hay algo especial, ya no se muestra en su humanidad como lo había hecho antes. Cristo deja su presencia en la tierra para dar paso a una presencia sacramental mediante la fuerza del Espíritu Santo.

. Para explicar en todo su sentido profundo lo que es la ascensión de Cristo a los cielos hay que tener claro que la cuestión clave no es la localización, o en qué sitio está Jesús. Dios es omnipresente y para estar en un sitio no deja de estar en el otro. El cielo no es tanto un lugar cuando es un estado, es un estar con Dios. Estar a la diestra de Dios es una metáfora, no es un sitio. La ascensión no pretende significar un traslado sino que se trata de un cambio de estado en Cristo, un cambio en la condición de Cristo, en su cuerpo glorioso. La condición del cuerpo de Cristo antes y después de la ascensión ha cambiado, tras esta última partida, el cuerpo de Jesús queda en una condición celeste que se nos hace invisible, a partir de ahora ya no hay apariciones visibles de Cristo. La condición celeste tiene una característica que nos interesa mucho, pues va a venir espiritualmente por medio del Espíritu Santo. Cristo ya no es percibido por los sentidos y va a venir de otra forma, espiritualmente a través del Espíritu Santo… “os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no viene a vosotros el Espíritu Santo”. Luego Cristo termina una forma de presencia para inaugurar otra, esta es la clave de la ascensión. Esta nueva presencia queda inaugurada por Pentecostés.


. La resurrección es la irrupción de una vida nueva en Jesús, espiritual, divina en el cuerpo de Jesús resucitado, y la ascensión es la atribución de un nuevo poder espiritual, divino para trasmitirlo desde el cielo a todos nosotros que se inaugura cuando Cristo se sienta a la diestra de Dios. Por la resurrección habría un único hombre nuevo pero por la ascensión, ese hombre nuevo se trasmite a todos nosotros. La resurrección es ser hombre nuevo y la ascensión es comunicar a todos el ser un hombre nuevo, no nos bastaría que Cristo lo fuese si no lo recibiésemos nosotros, y eso se nos da desde la ascensión y desde el envío del Espíritu Santo. Son por lo tanto dos etapas en la glorificación: la resurrección y la ascensión, Cristo está totalmente glorificado en la resurrección y en la ascensión se nos comunica a nosotros esa glorificación, son dos etapas, ser y trasmitir.

martes, 27 de octubre de 2015

Catecismo 663-664. Jesucristo está sentado a la derecha del Padre I

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Punto 663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada" (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).

. La ascensión supone la revelación de un misterio que es la instauración del reino de Dios. En el orden sensible, lo que los ojos ven, la ascensión aparece como una partida hacia el cielo, en Hechos 1,11 “Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”, indica que Jesús es llevado hacia lo alto, y en Hechos 1,9 dice “los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos”, indica que una nube se lo ocultó a sus ojos. Hay pues algo visible y algo invisible o misterioso. La partida y la elevación de Cristo no es únicamente un triunfo personal sino que tiene un valor salvífico para nosotros, está inaugurando una existencia nueva de Jesús que le permite difundir su presencia soberana con mayor eficacia, con mayor capacidad de dar su gracia a todo el mundo. Cristo asciende a los cielos sin dejar de estar entre nosotros. Dios es omnipresente, Dios no ocupa lugar, luego Dios para encarnarse no abandona el cielo, y para ascender a los cielos no abandona la tierra. No proyectemos en Dios nuestras limitaciones humanas.

Punto 664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150).

. Parece que la ascensión es el cumplimiento de la profecía de Daniel 7,13-14 “Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino...”, esta profecía parece que está hablando de una entronización mesiánica profetizada por Daniel que tiene lugar en la ascensión de Cristo, esa profecía es como el aspecto invisible de la ascensión y la ascensión la hace visible. Que se trata de la instauración del reino mesiánico lo deducimos de la pregunta hecha por los discípulos en el momento en que va a tener la ascensión, cuando dicen “Señor es ahora cuando vas a restablecer el reino de Dios?, esa pregunta la había provocado el hecho de que el mismo Jesús había hablado momentos antes de su ascensión, de la instauración del reino de Dios, en Hechos 1,3 “Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios”, Jesús les habló del reino de Dios, es decir, esa pregunta estaba en un contexto de que se acercaba el reino de Dios y por eso la pregunta. Los discípulos piensan que ha llegado el momento, pero Jesús les reprende “a vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre”  porque los discípulos entienden la instauración del reino en la forma judaica, a modo de una instauración pseudopolítica. Jesús les añade que serán ellos los encargados de extender el reino hasta los confines de la tierra… “recibiréis el Espíritu de Dios que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos…”. La ascensión de Cristo a los cielos tiene como finalidad la instauración del reino de Dios de manera más plena, más efectiva, más consumada. Y el reino de Dios se extiende en el mundo por la acción de los discípulos.

Con frecuencia en el lenguaje bíblico, la forma en la que se tiene de hablar de la ascensión de Cristo a los cielos es utilizar el término de estar sentado a la derecha del Padre. Por ejemplo Mateo 26,63-64 “Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo», aquí Jesús habla de su glorificación en el cielo sin mencionar la palabra ascensión sino viéndole sentado a la derecha del Padre. En Colosenses 3,1 “Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios”, en Hechos 2,34 “Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha”, 1ª Pedro 3,22, Hebreos 8,1, etcétera. Son muchos los textos relativos a la ascensión a través de la expresión sentado a la derecha del Padre. La Sagrada Escritura está empapada del acontecimiento de la ascensión de Cristo a los cielos, de que Cristo en este momento está glorificado a la derecha del Padre, no es una historia pasada.


. Estando Cristo sentado a la derecha de Dios, intercede por nosotros, en favor nuestro, al mismo tiempo que los apóstoles hacen su misión apostólica en la tierra. Cristo desde el cielo convierte los corazones al mismo tiempo que los apóstoles predican. En la ascensión se reconoce el poder sacerdotal para santificarnos.