jueves, 15 de septiembre de 2016

Catecismo 908-909. Los fieles cristianos laicos. La participación de los laicos en la misión regia de Cristo I

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Punto 908 Por su obediencia hasta la muerte (cf. Flp 2, 8-9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, "para que vencieran en sí mismos, con la apropia renuncia y una vida santa, al reino del pecado" (LG 36):
«El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable» (San Ambrosio, Expositio psalmi CXVIII, 14, 30: PL 15, 1476).

. Para gobernar el mundo, primero tenemos que gobernarnos a nosotros mismos. Nos puede ocurrir que nos veamos ordenando todo nuestro alrededor según los valores de Cristo, sin haber empezado por uno mismo. A veces es mucho más fácil ponerse a ordenar la casa ajena que la casa propia, pero cómo vamos a ordenar el mundo exterior sin ordenar la casa propia?. Esto es muy frecuente en nuestros días, el hacer un planteamiento de justicia y solidaridad sin comenzar por uno mismo, es decir, uno puede estar muy preocupado porque la solidaridad llegue a los más necesitados sin haber comenzado por ordenar las propias pasiones interiores. Si queremos un mundo más justo, lo primero que hay que hacer es ser más santos cada uno.

. Solamente se puede ser libre cuando uno es dueño se sus propias pasiones, porque aquí una de dos, o se es dueño de las propias pasiones y es tu voluntad la que conduce tu vida o de lo contrario eres arrastrado por tus pasiones, ahí no hay punto intermedio. Luego ser rey supone conducir la voluntad y desenmascarar un mundo que a veces se cree que es libre pero que no es libre, un mundo que tiende a confundir voluntad con ganas. Con mucha frecuencia se dice “yo hago lo que me da la gana”, y detrás lo que ocurre es que hago lo que las pasiones me arrastran, luego eso no es la autentica libertad sino una esclavitud de las pasiones, tu voluntad no es la que manda. Es fácil confundir voluntad con deseo, nuestra voluntad debe de conducir las pasiones. La verdadera libertad consiste en ser dueños de nuestras pasiones. Si se trata de cambiar el mundo, comencemos por cambiar nosotros mismos, siendo libres de las pasiones, de ser arrastrados por ellas, porque ser libre no es hacer lo que me viene en gana sino hacer lo que en mi conciencia entiendo que es bueno. La libertad es pues la capacidad de ordenarse para el bien y no es hacer aquello a lo que las pasiones me empujan. Esto es ser rey y participar de la misión real de Cristo, si uno no es rey de sí mismo, cómo va a ordenar el mundo conforme a la justicia?, en el fondo es aquello que decía Jesús “sácate la viga que tienes en el ojo y podrás ver la paja que hay en el ojo ajeno”.

Punto 909 "Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo, de tal forma que, si algunas de sus costumbres incitan al pecado, todas ellas sean conformes con las normas de la justicia y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas" (LG 36).

. El dia que fuimos bautizados se nos dijo “eres sacerdote, profeta y rey” y esas tres dimensiones las ejerce el laico o seglar. Hay dos textos de la sagrada escritura que nos habla de la vocación del laico a la realeza: Romanos 8,21 “La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontaneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios…” , es decir, hay una lucha por la liberación de este mundo, porque este mundo esta sometido a todo aquello que el pecado ha ejercido de influencias de encadenar toda la creación, de encadenarlo todo a un mundo de egoísmos y materialismos, cuando percibimos que en este mundo reina este egoísmo en el que todo el mundo va a lo suyo, sin embargo, hay también dentro de este mundo un anhelo de liberación de esa servidumbre de corrupción que el pecado ha ejercido en el mundo. Y el cristiano está llamado a ejercer la función, con la gracia de Cristo, de liberar a este mundo de esas cadenas, de un mundo egoísta sometido a esa ley del pecado. En 1ª Corintios 3,23 “todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios”, es decir, que las cosas tienen que estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de las cosas, es el dinero y los bienes materiales los que han de estar al servicio del hombre, estamos llamados a ser señores de los bienes y no a ser esclavos de ellos, el hombre pierde su dignidad cuando se pone al servicio del dinero, cuando el dinero le esclaviza, cuando es su último valor. Como decía san Ignacio, usa las cosas en tanto en cuanto sirvan para gloria de Dios, y en tanto en cuanto son un estorbo te desprendes de ellas.


. Los laicos están llamados a sanear los ambientes del mundo, tienen que impregnar de un sentido moral la cultura y el trabajo humano, o sea, no se puede separar lo profano de lo sagrado como si fuesen dos ámbitos absolutamente ajenos el uno del otro. Cualquier asunto temporal en el que el cristiano se emplee, tiene que estar ordenado a Cristo. En la medida en que se ordenan moralmente estos asuntos temporales como la política, la economía, la familia, la enseñanza, etcétera, respetando las leyes naturales, se está sirviendo a Cristo. El laico, tenga la profesión que tenga, ha de ser competente en su profesión porque dificilmente se puede servir a Cristo si uno es un chapuzas, uno debe realizar su trabajo con vocación de cristificarlo, debe de ser competente técnicamente, no ser chapuzas, e impregnar las tareas con un sentido moral al servicio de Cristo. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Catecismo 904-907. Los fieles cristianos laicos. La participación de los laicos en la misión profética de Cristo

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Punto 904 "Cristo [...] realiza su función profética no sólo a través de la jerarquía [...] sino también por medio de los laicos. Él los hace sus testigos y les da el sentido de la fe y la gracia de la palabra" (LG 35).
«Enseñar a alguien [...] para traerlo a la fe [...] es tarea de todo predicador e incluso de todo creyente (Santo Tomás de Aquino, S. Th.  3, q. 71, a.4, ad 3).

. Hay una vocación profética dada por Dios a cada bautizado, la función profética, Dios Padre no la lleva adelante únicamente a través de los sucesores de los apóstoles, también esa función profética se la da a cada laico, a cada bautizado. Les da un sentido de fe a los seglares, es decir, el cristiano traduce la vida de fe en su vida diaria, haciendo de toda su vida un canto de alabanza a Dios Padre. El don profético Dios no lo da necesariamente a los seglares a través de la jerarquía, el Espíritu Santo puede iluminar a un seglar directamente sin que tenga que ser a través de la jerarquía, puede iluminar a un fiel en la comprensión de un texto de la Biblia sin que haya escuchado la predicación del presbítero, un fiel puede ser iluminado por el Espíritu Santo para entender un determinado texto de la palabra de Dios. Ahora bien, esa luz hay que contrastarla con la tradición de la iglesia, con el magisterio, con los santos padres, etcétera, para que uno no sea engañado, porque como dice también la escritura, satanás puede disfrazarse como ángel de luz y engañarnos. Cuando el fiel cree y cree aquello que la sagrada escritura le está revelando, en comunión con toda la iglesia, está siendo asistido por el Espíritu Santo hasta el punto de ser infalible en ese acto de fe. Los fieles tienen la obligación de seguir la palabra del magisterio, en 1ª Juan 4,6 “Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error”, un verdadero profeta es alguien que escucha, no solo alguien que habla, para ser profeta hay que escuchar pues dificilmente alguien puede hablar si no ha escuchado. Cuando el fiel ha sido educado conforme a una recta doctrina católica, adquiere un sentido de fe, que aunque no sepa mucha teología, tiene un olfato que le permite percibir qué va por el buen camino y qué le suena mal. Ese sentido de fe no es un sentimiento, sino que es una especie de conocimiento por connaturalidad con la fe católica.

. El Espíritu Santo reparte carismas entre los fieles para el bien de la iglesia, y de los cuales el magisterio tiene que hacer un discernimiento. 1ª Corintios 12,7 “A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad”, la iglesia tiene la tarea de discernir dónde se dan los dones auténticos y dónde no, por ejemplo cuando la iglesia discierne la veracidad de apariciones, está discerniendo si son auténticos esos dones proféticos. La iglesia está llamada a no sofocar los dones que Dios pueda dar a unas personas concretas, pero también tiene la tarea de discernir para ver si esos dones son de Dios o no son de Dios. En 1ª Tesalonicenses 5,19 “No extingáis el Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno”, nos dice que examinemos los dones proféticos, quedándonos con lo bueno, no apagando el don del Espíritu. La iglesia tiene la obligación de advertir cuando hay algo que no lo ve claro.
Punto 905 Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con "el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra". En los laicos, "esta evangelización [...] adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo" (LG 35):
«Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes [...] como a los fieles» (AA 6; cf. AG 15).

. La misión profética del laico tiene lugar con el testimonio de la vida y la palabra, los laicos están siendo pregoneros cuando asocian la vida con la fe, es decir, evangelizando el mensaje de Cristo pregonado con el testimonio de la vida y de la palabra. Esta predicación adquiere una forma muy peculiar y muy eficaz por el hecho de que están realizando su predicación insertados en el mundo, porque lo propio de los seglares es llevar su predicación no desde el púlpito como hace el sacerdote sino en medio de la vida, en la familia, en la fábrica, con los amigos, etcétera, y por eso esa predicación tiene un gran valor, porque es como extender el altavoz de la iglesia a lugares en los que no llega la voz del sacerdote. Los seglares tienen que cumplir con su misión profetica dando un testimonio de vida porque sin él, la palabra quedaría devaluada. El testimonio de la vida es más elocuente que la palabra misma, muchas veces se dice que la mejor predicación es la propia vida, pero el seglar también necesita la palabra para expresar ese sentido de su testimonio de vida que está dando, porque el testimonio sin la palabra posiblemente no sería comprendido por muchas personas, no se llegaría a comprender que ese tipo de vida que está teniendo  supone que es Cristo quien la está animando.

Punto 906 Los fieles laicos que sean capaces de ello y que se formen para ello también pueden prestar su colaboración en la formación catequética (cf. CIC, can. 774, 776, 780), en la enseñanza de las ciencias sagradas (cf. CIC, can. 229), en los medios de comunicación social (cf. CIC, can 823, 1).

. Dar testimonio de la palabra implica dar razón de nuestra fe, esto supone una formación adecuada, es conveniente una formación para poder rebatir el error, para que el combate de la fe tenga las armas de la razón, el conocimiento de la sagrada escritura, el conocimiento del magisterio, para poder dar respuestas a un mundo que pregunta para poder creer. Tenemos que ser humildes en la predicación y reconocer que no todos tenemos las mismas capacidades de expresión, sino que cada uno a su nivel tiene que dar testimonio de la fe con palabras más sabias o más torpes, pero con humildad, si algo no se sabe responder hay que ser humilde y decir que ya lo preguntaré o ya me informaré, porque una respuesta humilde de quien no pretende tener respuesta a todo es también un testimonio para quien quiera creer.

. Qué haría la iglesia sin la función de los catequistas?, se dice que especialmente la iglesia africana es una iglesia que está apoyada en grandísima manera en los catequistas. Éstos cuando trasmiten su fe están a la vez fortaleciendo su propia fe. Los seglares convenientemente formados que imparten clases de religión hacen un gran favor a los sacerdotes para que puedan disponer de tiempo para otras funciones ministeriales como visitar a los enfermos, atender a la parroquia, etcétera. Así pues la iglesia nos impulsa a ser testigos y formarnos bien para poder defender la verdad, para no callarnos, para ser profetas de Cristo.


Punto 907 "Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas" (CIC, can. 212, 3).

sábado, 3 de septiembre de 2016

Catecismo 901-903. Los fieles cristianos laicos. La participación de los laicos en la misión sacerdotal de Cristo

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Punto 901 "Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo (cf 1P 2, 5), que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios" (LG 34; cf. LG 10).

. Muchas veces, cuando uno se acerca a un laico comprometido, se acerca a él como quien se acerca a la iglesia a ver qué dice, a ver como reacciona, porque es el referente de iglesia más cercano que tiene, sobre todo en personas que están alejadas de la parroquia. Y esto es hermoso porque todos somos iglesia, no somos unos clientes de la iglesia y nuestro prójimo alejado ve en el seglar una imagen viva de la iglesia y está esperando un testimonio de compromiso.

. Los laicos están llamados a hacer florecer la iglesia allí donde Dios nos ha plantado. Hemos de hacer un ofrecimiento a Dios de todo lo que llevamos entre manos, nuestro comienzo del día, nuestras tareas corrientes aunque parezcan insignificantes o de poco valor, pero sin embargo pequeñas obras con mucho amor como decía la madre Teresa de Calcuta son las que redimen el mundo, ofrecidas para gloria de Dios. Ofrecemos las alegrías y las penas, cuando son alegrías las dejamos para la gloria de Dios y no nos envanecemos en ellas y cuando son penas las ofrecemos, las ponemos en las manos de Dios para que se unan a la cruz de Cristo y nos olvidamos de ellas. Así es como los laicos ejercen su misión sacerdotal.

Punto 902 De manera particular, los padres participan de la misión de santificación 
"impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos" (CIC, can. 835, 4).

. Los laicos son sacerdotes en cuanto miembros del pueblo de Dios, hasta tal punto esto es así que en Romanos 12,1 nos habla de ofrecer nuestra vida como hostia santa inmaculada, es sobre todo en la eucaristía donde el laico ejercita este sacerdocio, llamado sacerdocio bautismal, al ofrecerse como victima junto con Cristo al Padre. Lutero negó el sacramento del orden sacerdotal y entonces la iglesia al reaccionar contra Lutero, subrayó lo contrario de lo que la herejía negaba. Lutero negó el orden sacerdotal y únicamente subrayó el sacerdocio común a todos los bautizados. La iglesia para afirmar el sacerdocio ministerial no niega el sacerdocio común de los fieles, y de hecho el Catecismo después Trento afirmó el sacerdocio común de los fieles al cual llamaba el sacerdocio interior. En Apocalipsis 1,6 “…ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes…”, es decir, se llama a los cristianos reino de sacerdotes. Tambien vemos este sacerdocio en 1ª Pedro 2,5 “también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo“, o en Exodo 19,6 “seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”, otro ejemplo Isaías 61,6 “vosotros sereis llamados sacerdotes de Yahveh, ministros de nuestro Dios”, por lo tanto la iglesia ha tenido clara conciencia del sacerdocio común de los fieles.

. En el Nuevo Testamento, el término sacerdote, no se suele referir nunca a los ministros, sino más bien se refiere a la comunidad, a lo que llamamos nosotros los laicos, los seglares. El término sacerdote en el sentido en el que nosotros lo solemos utilizar como sacerdote ordenado para celebrar la eucaristía, etcétera, se utiliza unicamente en la carta a los Hebreos, en el resto del Nuevo Testamento, el término sacerdote se aplica a los fieles. Más bien es el término presbítero el que se utiliza para los ministros ordenados, para los sucesores de los apóstoles. Es en el siglo II cuando el término sacerdote se comenzó a emplear para hablar del clero, es decir, hasta Tertuliano en el siglo II el término sacerdote se utilizaba para designar a todos los bautizados. Esto significa que tenemos que recuperar este término de sacerdote para todos y ofrecer en la celebración de la santa Misa, uniéndonos en ese sacrificio de Cristo en el altar. Con nuestro sacerdocio bautismal nos unimos y participamos ofreciendo junto con Cristo al Padre nuestro propio sacrificio. En ese momento cumbre en el que el sacerdote dice “por Cristo con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria”, y el pueblo responde “amén”,  y en ese amén hay un ejercitar el sacerdocio común de los fieles, uniendo toda nuestra vida, nuestro sacrificio, nuestras alegrías y nuestras penas, junto con la ofrenda de Cristo al Padre, estamos ejercitando el sacerdocio de nuestra vida.

. Una forma muy especial de ejercer ese sacerdocio la tienen los matrimonios cuando están educando a sus hijos, cuando les trasmiten el Espíritu de Cristo, un padre cristiano quiere un hijo santo por encima de todo, quiere un hijo conforme a la voluntad de Dios, la función educadora del padre y de la madre es trasmitirle lo mejor que uno puede desear que es trasmitirle a Cristo. El sufrimiento de los padres cuando ven a un hijo que no tiene una voluntad de aceptación y se aleja, es un sufrimiento que hay que ofrecerlo a Cristo y cuando uno ofrece y lo deja en manos de Dios unido a la cruz de Cristo  entonces uno queda en paz, no tiene que ser un sufrimiento autodestructivo, ni de sentimiento de fracaso porque entonces sería amor propio, sería pensar que me han salido mal las cosas, que no he triunfado con mi hijo, no he hecho lo que yo hubiese deseado. El sufrimiento de santa Mónica no era de amor propio sino de quien lo ofrece a Dios y lo pone en sus manos, porque más sufre el Señor que nosotros, nuestro sufriemiento tiene que ser ofrecido y compartido con el dolor de Cristo, pero tiene que ser un sufrimiento ofrecido y una vez que uno ofrece queda en paz, no es que deje de sufrir, sigue sufriendo pero queda en paz en su sufrimiento.

Punto 903 Los laicos, si tienen las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a los ministerios de lectores y de acólito (cf. CIC, can. 230, 1). "Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el Bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho" (CIC, can. 230, 3).

. Una de las formas de también ejercer el sacerdocio de los laicos, aunque no es lo habitual, es a veces recibir de manos del obispo el ministerio de lector y acólito, aunque normalmente este ministerio lo reciben los que van camino de ejercer el ministerio sacerdotal.

. Se puede también ayudar de forma extraordinaria en la liturgia, en la proclamación de la palabra, incluso en la distribución de la sagrada comunión. Cuando el sacerdote es muy mayor o tiene dificultad para administrar la eucaristía, se le permite al seglar ser un ministro extraordinario en la distribución de la sagrada comunión. Tambien, a falta de sacerdote, al seglar se le permite bautizar. Un bautismo es válido cuando lo ejerce un seglar a falta de sacerdote. Ahora bien, lo que no tendría sentido es que estas acciones en situaciones extraordinarias se realicen cuando no se dan esas situaciones, es decir, no tendría sentido que un seglar esté bautizando a un niño cuando hay un sacerdote para poder hacerlo, o que los seglares se pongan a distribuir la comunión habiendo dos o tres sacerdotes en el altar concelebrando, eso no tiene sentido en una situación ordinaria. No debemos de tener escrúpulos cuando se produce esa situación extraordinaria, cuando recibimos la comunión de un seglar no hemos de tener escrúpulos. Ese seglar tiene el sacerdocio común por el bautismo y aunque no sea el sacerdocio ministerial, la iglesia le permite y le bendice para distribuir la comunión.  

domingo, 28 de agosto de 2016

Catecismo 897-899. Los fieles cristianos laicos. La vocación de los laicos

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Punto 897 "Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el Pueblo de Dios y que participan a su manera de las funciones de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo" (LG 31).

. En el Nuevo Testamento no aparece nunca el término “laicos” para designar a los fieles cristianos. En la comunidad cristiana, a lo que hoy llamamos laicos, se les llama los discípulos o los hermanos, en la Biblia se emplea el término laos, que es pueblo, para designar al pueblo de Dios en oposición a los gentiles. El témino laico podría designar simplemente a un mimebro de ese pueblo elegido por Dios sin más especificaciones. En griego, el término de laos significa más bien al pueblo en diferenciación con la clase dirigente y de aquí ha venido el término de laico, es decir, el pueblo diferenciado de la jerarquía. Los laicos son los que no son la jerarquía o los que no forman parte del estado religioso o consagrado. Solemos utilizar la palabra laico o seglar de forma equivalente, son todos aquellos bautizados en Cristo que tienen esa misión sacerdotal, profética y real, tal y como fueron bautizados y que no han sido incorporados a la jerarquía de la iglesia o al estado de consagración religiosa.

Punto 898 "Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios [...] A ellos de manera especial corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor" (LG 31).

. La vocación del laico es cristificar el mundo, es llevar a Cristo a todos los lugares, que no haya ninguna realidad temporal que no esté cristificada. El gran peligro que tendríamos si no existiese la vocación laical, la vocación de lo seglares, sería el que hubiese como una especie de oposición entre lo sagrado que serían los signos sagrados que la jerarquía hace en la celebración de los sacramentos, en lo religioso, lo santo, todo aquello que está ligado al culto, a la liturgia; y todo el resto sería como lo mundano, lo que no es de Cristo, y esa oposición no es correcta porque todo es de Cristo. Lo propio de la vocación laical es que una familia este viviendo una vocación según Dios, un trabajador lo haga para gloria de Dios y al servicio de Dios, que un medico o un enfermero por ejemplo, realice su vocación como haciendo presente a Cristo en ella, es decir, llevar a Cristo hasta los últimos rincones de la vida. La vida espiritual no es una vida distinta a la vida mundanal, la vida espiritual es la misma del mundo pero vivida en el espíritu de Cristo. De lo contrario tenemos el peligro de vivir en una especie de dualismo entre el mundo creado por Cristo y lo religioso. Lo específico del laico es impregnar el mundo de Jesucristo.

Punto 899 La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas. Esta iniciativa es un elemento normal de la vida de la Iglesia:
«Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad. Por tanto ellos, especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Romano Pontífice, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia» (Pío XII, Discurso a los cardenales recién creados, 20 de febrero de 1946; citado por Juan Pablo II en CL 9).

. Los laicos no solo pertenecen a la iglesia sino que son iglesia, no son “clientes” de la iglesia, son la iglesia. No es venir a pedir un servicio a la iglesia como el matrimonio o el bautismo y luego se van, eso es no tener conciencia de ser iglesia sino tener conciencia de ser clientes. Es iniciativa de los laicos el descubrir los medios para llevar a Cristo al mundo, no es propio de la iglesia jerárquica llevar esos medios concretos como por ejemplo de soluciones políticas, sino ser los seglares desde la inspiración del Espíritu Santo y bajo las directrices magisteriales de la iglesia los que tienen que ver los caminos concretos de como llevar a Cristo al mundo. La jerarquía da unos principios pero son los laicos bajo la inspiración del Espíritu Santo los que descienden para ver el medio concreto de realización. Por ejemplo, en el reparto del agua, la iglesia puede hablar de un principio de solidaridad en dicho reparto y el laico será el que proponga un plan hidráulico que solucione el reparto del agua o cuantas desalinizadores hacen falta, o que trasvases son necesarios, etecétera.


. Incluso, a los sacerdotes se les prohíbe participar en política, se les prohíbe pertenecer a un partido político pero a un laico no, todo lo contrario se le anima a impregnar la política de Cristo. El laico ha de meterse en el mundo: en la asociación de vecinos, en la APA del colegio…, es decir, en todos los aspectos para cristificarlos. Un laico comprometido no es sólo estar metido todo el día en la iglesia como haciendo la función del sacristán sino llevar a Cristo al mundo. De la misma manera, lo propio del sacerdote comprometido no es meterse en las cosas mundanas como la política, sindicatos, etc que no le pertenecen. A veces nos equivocamos y los sacerdotes juegan a ser seglares y viceversa, y esto es un error muy grande en la configuración vocacional de cada uno. En la iglesia primitiva, que era una iglesia martirial, la diferencia estaba entre ser cristiano o no serlo, no se subrayaba tanto ser laico o ser sacerdote. En la medida en la que terminan las persecuciones contra la iglesia, entra el tiempo de cristiandad, y comienza a subrayarse en exceso la diferencia entre jerarquía y laicado, y esta diferencia se ha ido reduciendo a lo largo del tiempo y culmina en el Concilio Vaticano II donde se redescubre la vocación común a la santidad de todos para que no haya nada que esté sustraído a Cristo, todo está llamado a ser impregando de Cristo. No consideremos por lo tanto insignificante nada de lo que tenemos entre manos, porque todo es de Cristo y está llamado a ser cristificado, a ser rescatado del desorden que el pecado original ha introducido en el mundo.  

jueves, 21 de julio de 2016

Catecismo 894-896. La constitución jerárquica de la Iglesia. La misión de gobernar

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Punto 894 "Los obispos, como vicarios y legados de Cristo, gobiernan las Iglesias particulares que se les han confiado, no sólo con sus proyectos, con sus consejos y con ejemplos, sino también con su autoridad y potestad sagrada "(LG 27), que deben, no obstante, ejercer para edificar con espíritu de servicio que es el de su Maestro (cf. Lc 22, 26-27).

. A los obispos se les llama vicarios y legados de Cristo entendiendo vicario no como alguien que sustituye a otro pues Cristo es insustituible sino que hace visible a Cristo, el obispo visibiliza a Cristo, lo hace patente a nuestros ojos. El gobierno de cada obispo en cada diócesis particular tiene medios humanos y medios sobrenaturales, los medios humanos son los proyectos pastorales que hace el obispo en función de lo que considera las necesidades principales de la diócesis, el obispo hace los proyectos para incidir en determinados campos que considera como necesidades principales. Los proyectos los hace el obispo aconsejado con otro medio humano que es un equipo del que se rodea a los que se llama consejos de gobierno, sin embargo la autoridad, quien decide y la responsabilidad ante Jesucristo de las decisiones es del obispo. Otro medio humano es el de los ejemplos, el ejemplo de vida con el que un obispo gobierna una diócesis. Los medios sobrenaturales es que el obispo tiene una autoridad y potestad sagrada, es decir, tiene una gracia de estado, su vocación concreta de ser pastor y de deber gobernar un rebaño tiene también una luz especial del Espíritu Santo para ello, y no en virtud de que él sea el más inteligente. Esa gracia de estado no les hace infalibles pero si les da una gracia ante la que tenemos que tener una prontitud para la obediencia y un acto de confianza en esa obediencia filial hacia un obispo.

. Los obispos deben ejercitar esta forma de gobierno con espíritu de servicio, en Lucas 22,26-27: “El les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve. Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.” Jesús nos dice que gobernar es servir, ser el primero de la mesa es ser el servidor, por eso Jesús quiso hacer el signo de lavar los pies a todos, quiso dar a entender que gobernar es servir, y por eso los obispos gobiernan de esta forma su diócesis, siendo el primer servidor. La vida de un obispo cualquiera que la conozca un poco de cerca y ve cuál es su agenda con un horario absolutamente comprimido en el que tiene que atender a montones de necesidades y uno se da cuenta de su entrega, desprendimiento y servicio a la comunidad. Un ejemplo lo vemos en el pontificado de Juan Pablo II, donde vemos como se ha purificado la imagen que el pueblo tenía de lo que es la jerarquía, y así con este ejemplo hemos entendido mucho mejor que la jerarquía es puro servicio. Al comienzo de su papado, la gente poco eclesial decía “cómo vive el Papa viajando por todo el mundo”, luego la gente veía ese ritmo de entrega y la gente iba callando hasta que al final de su papado la gente decía absolutamente lo contrario “deberían dejarle descansar, esto es cruel en un hombre de esa edad debería descansar…”, es decir, la gente pasó de tener un concepto de que eso de gobernar era viajar y pasarlo bien a tener un concepto de que era ya demasiado sacrificio. Juan Pablo II hizo un gran servicio a la iglesia en su entrega sacrificada cuando entendió que se gobierna sirviendo. Realmente no somos conscientes de la entrega sacrificada que supone el gobierno de la iglesia, no tenemos ni idea de la desapropiación de uno mismo. Pidamos la gracia para nuestros pastores, la gracia de la entrega de sus vidas.   

Punto 895 "Esta potestad, que desempeñan personalmente en nombre de Cristo, es propia, ordinaria e inmediata. Su ejercicio, sin embargo, está regulado en último término por la suprema autoridad de la Iglesia "(LG 27). Pero no se debe considerar a los obispos como vicarios del Romano Pontífice, cuya autoridad ordinaria e inmediata sobre toda la Iglesia no anula la de ellos, sino que, al contrario, la confirma y tutela. Esta autoridad debe ejercerse en comunión con toda la Iglesia bajo la guía del Romano Pontífice.

. La potestad sacramental que desempeñan en virtud del sacramento del orden recibido en primer grado cuando es el obispo, recibido en segundo grado cuando es el sacerdote, esa potestad se recibe por el propio sacramento. El ejercicio de la potestad, es decir, lo que se llama la jurisdicción viene dada por el Papa porque el Papa elige o confirma la elección de un obispo para una diócesis.

. La potestad que viene por el sacramento de Cristo es propia, es decir, no es en nombre de otra persona, es Jesucristo quien llama a cada obispo. Es ordinaria, es decir, que el obispo no es un delegado del Papa, el obispo está directamente elegido por Cristo, y es inmediata, es decir, sin una persona interpuesta, sin un supervisor al lado del obispo. El obispo gobierna la diócesis de forma inmediata sin tener que estar pidiendo permisos para cada cosa en el momento de gobernar. Esta autoridad la tiene que ejercer en comunión con toda la iglesia bajo la guía del Papa. Los obispos no son funcionarios del Papa, no son representantes del Papa, no son delegados del Papa, porque tienen una potestad directa recibida de Jesucristo. El Papa es como obispo de todo el mundo porque tiene potestad directa, ordinaria e inmediata sobre toda la iglesia, es decir en cada diócesis hay como dos obispos el Papa y el obispo ordinario del lugar. Y una autoridad no anula la otra sino que se ejerce en comunión bajo la guía del Papa.

Punto 896 El Buen Pastor será el modelo y la "forma" de la misión pastoral del obispo. Consciente de sus propias debilidades, el obispo "puede disculpar a los ignorantes y extraviados. No debe negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a los que cuida como verdaderos hijos [...] Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre" (LG 27):
«Obedeced todos al obispo como Jesucristo a su Padre, y al presbiterio como a los Apóstoles; en cuanto a los diáconos, respetadlos como a la ley de Dios. Que nadie haga al margen del obispo nada en lo que atañe a la Iglesia (San Ignacio de Antioquía, obispo de los primeros siglos, Epistula ad Smyrnaeos 8,1)


. Jesucristo Buen Pastor es el modelo y la forma de la misión pastoral del obispo, el obispo se conforma a Jesucristo, toma su forma y estilo. El obispo en su ejercicio tiene que hacer suyo lo que nos dice san Agustín: en lo esencial unidad, en lo dudoso la libertad y en todo caridad.

martes, 19 de julio de 2016

Catecismo 891-892. La constitución jerárquica de la Iglesia. La misión de enseñar II

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Punto 891 "El Romano Pontífice, cabeza del colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral [...] La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro", sobre todo en un Concilio Ecuménico (LG 25; cf. Vaticano I: DS 3074). Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar "como revelado por Dios para ser creído" (DV 10) y como enseñanza de Cristo, "hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe" (LG 25). Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina (cf. LG 25).

Punto 892 La asistencia divina es también concedida a los sucesores de los apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro (y, de una manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia), aunque, sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse de una "manera definitiva", proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben "adherirse con espíritu de obediencia religiosa" (LG 25) que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.

. Se hace la distinción entre el magisterio ordinario y extraordinario, el primero u ordinario es el que hace referencia a la predicación ordinaria de un obispo y el segundo o extraordinario hace referencia a cuando en pocas ocasiones o en momentos solemnes el Papa habla pretendiendo definir un dogma o los obispos en un concilio definen una materia de fe. El obispo ejerce su magisterio ordinario mediante la predicación, la catequesis, las cartas pastorales y tiene la autoridad y responsabilidad en lo que toca a la enseñanza cristiana en su diócesis. Tiene la responsabilidad de llamar la atención a un sacerdote o a un teólogo que se ha pronunciado de manera contraria a lo que es la enseñanza de la iglesia. Tiene la misión de preocuparse por qué tipo de enseñanza se está dando en las parroquias, por qué tipo de materiales, si son conformes a la doctrina de la fe….tiene por tanto la encomienda de cuidar de la fe de sus feligreses. Este magisterio se le llama auténtico pero no es infalible. Los fieles tienen obligación de adherirse a la doctrina de este magisterio con espíritu de obediencia religiosa. Sin embargo, un cristiano tiene obligación de adherirse a un dogma con la obediencia propia de la fe, como la fe de María cuando se adhiere a la llamada del Señor. En la enseñanza no infalible, pero sí autentica de un obispo tiene que haber una adhesión con espíritu de obediencia religiosa, no es tanto como la obediencia de fe. Cuando el obispo habla de otras cuestiones diferentes a la fe y la moral ya no estamos hablando de magisterio sino del pensamiento particular del obispo al cual no hay porque adherirse.

. El motivo de la obediencia es un motivo religioso, de fe, es caer en cuenta que Cristo sigue presente en la iglesia y que Cristo sigue enseñando y que ha encomendado a sus apóstoles y sus sucesores los obispo la tarea de enseñar. No es un motivo de organización humana como si pudiera pasar en los mandos de un ejército.

. El Papa predica, enseña por medio de encíclicas, motu propios, alocuciones,…. hay distintos niveles a través de los que el Papa enseña, siendo la encíclica el medio más importante. Las encíclicas comenzaron con Gregorio XVI y se han hecho un medio muy frecuente y popular en nuestros días. Se trata de un magisterio auténtico pero no infalible siendo necesario estudiar la intención que el Papa tiene al enseñar una doctrina.

. Otro magisterio ordinario es el de los obispos dispersos por el mundo que puede llegar a ser infalible cuando enseñan todos ellos una misma doctrina unida al Papa. Es decir, que también puede haber magisterio ordinario que sea infalible, aunque el magisterio extraordinario siempre es infalible. Hay asuntos que son infalibles aunque no sean un dogma como por ejemplo la doctrina sobre la resurrección de Jesucristo pues nunca ha hecho falta promulgar ese dogma, pero la iglesia siempre lo ha creído de una forma infalible. Igual que este Catecismo que se enseña por todos los obispos del mundo en sus diócesis en comunión con el Papa, esto quiere decir que aunque no sea un dogma de fe, tiene una doctrina infalible.

. El objeto del magisterio versa sobre la fe y la moral, sobre verdades que están formalmente reveladas en la escritura y en la tradición y sobre conclusiones necesarias de las mismas. Por ejemplo decir que María esté asunta a los cielos en cuerpo y alma se deduce al decir que si María no tuvo pecado, no sería lógico que cargara con la consecuencia del pecado que era la corrupción del cuerpo, es decir, el objeto del magisterio se centra también en las consecuencias  directas aunque no están expresamente en la Biblia.


. No debemos confundir el don de la infalibilidad con las definiciones dogmáticas, es decir, las definiciones dogmáticas son pocas, afortunadamente pocas veces ha hecho falta que la iglesia salga a la palestra para hacer frente a herejías u otras situaciones parecidas, pero la doctrina infalible es mucho más extensa que los pocos dogmas de fe que a lo largo de la historia ha hecho falta promulgar.


Catecismo 893. La constitución jerárquica de la Iglesia. La misión de santificar

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Punto 893 El obispo "es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio" (LG 26), en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece, o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros, sus colaboradores. Porque la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular. El obispo y los presbíteros santifican la Iglesia con su oración y su trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los sacramentos. La santifican con su ejemplo, "no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey" (1 P 5, 3). Así es como llegan "a la vida eterna junto con el rebaño que les fue confiado"(LG 26).

. El obispo es el administrador, es decir, el que administra no es dueño, Jesús puso en manos de la iglesia unos medios de santificación y la iglesia los administra. Los sacramentos que Jesús puso en manos de la iglesia, ésta no se siente dueña de ella, la iglesia los administra con un respeto sumo de todos y cada uno de los signos que vienen de Jesús o que vienen de la tradición, hay un cuidado exquisito por parte de la iglesia en no pretender cambiar a nuestro gusto o parecer los distintos sacramentos. El que administra es aquél que cuida. La iglesia tiene sumo cuidado en la celebración de los sacramentos, y cuando en algún momento algún sacramento entra en crisis, se tiene la tentación de olvidarlo o pretender cambiar la esencia del mismo, como hacer una reconfiguración del sacramento conforme a la mentalidad cultural del momento, pero nosotros no somos quién para cambiar el depósito confiado de Cristo. Por lo tanto, la iglesia no es dueña sino servidora de los medios de santificación, somos administradores. Esto es clave para responder a un mundo que a veces dice “porqué la iglesia no cambia esto o lo otro?” y la respuesta es que no cambia esto porque proviene de Jesucristo y lo que proviene de Jesucristo nosotros no somos quienes para cambiarlo. La iglesia no se siente con autoridad para cambiar nada que proviene de Jesucristo.

. El mayor medio de santificación que tenemos es la eucaristía, lo mejor que podemos ofrecer por ejemplo para justificar a un difunto de nuestra familia es ofrecer la eucaristía por él, el mejor medio que tenemos para glorificar a Dios y darle gracias es ofrecer la eucaristía. La eucaristía es la oración perfecta. La tradición de la iglesia nos enseña que la celebración de la eucaristía presidida por el obispo constituye la fuente principal de la vida cristiana, y en la medida en que la celebración de una sola eucaristía fue insuficiente porque iba creciendo la iglesia y era imposible que todo el mundo asistiese a la eucaristía presidida por el obispo, se recurrió a la ayuda de los presbíteros. Ha quedado en la liturgia eucarística un signo que se llama “la comixtion” que es el momento en que el sacerdote parte la sagrada hostia en dos partes y una pequeña parte de ella la deposita en el cáliz mientras que pronuncia unas palabras en voz baja diciendo “el cuerpo y la sangre de nuestro señor Jesucristo unidos en este cáliz sean para nosotros alimento de vida eterna”. En la liturgia primitiva había hasta tres momentos en que se hacía este signo. Uno de los significados que tenía esta comixtion es que san Ireneo relataba que el Papa enviaba un pequeño trocito de la eucaristía al resto de los obispos porque la eucaristía es el sacramento de la unidad y manifestaba simbólicamente la unidad de las distintas iglesias con el Papa. Y cada obispo la enviaba a cada sacerdote.

. También el obispo y los presbíteros santifican a la iglesia con su oración y su trabajo. Los obispos y sacerdotes en su ordenación se les pide la promesa del rezo de la liturgia de las horas: laudes, hora intermedia, vísperas, completas y oficio de lectura, es decir, su quehacer es rezar por el pueblo, por las almas encomendadas, una de las funciones principales del sacerdote es rezar por el pueblo. La oración de ese sacerdote es una oración de intercesión ante el Padre, es como la imagen de Moisés cuando pide por el pueblo. El sacerdote es un hombre orante a imagen de Jesucristo, y la entroncamos con lo que nos dice especialmente san Lucas que Jesús se retiraba a orar con frecuencia. Uno de los peligros principales de los sacerdotes es el emplear su tiempo principal hablando a los hombres de Dios y no tener tiempo para hablar a Dios de los hombres. Es el peligro del camarero, que es aquél que sale de la cocina con una bandeja llena de canapés donde todo el mundo va cogiendo y se vuelve a la cocina sin haber probado nada, que puede morir de hambre repartiendo comida, y ciertamente los fieles han de orar por el sacerdote para que sea también un hombre de oración y para que no caiga en el peligro del activismo, viviendo siempre entre las cosas de Dios pero sin encontrar tiempos explícitos profundos para estar con Jesús de tú a tú. Lo que tiene de básico la santificación del sacerdote es la celebración de la eucaristía y la oración por el pueblo encomendado.

. 1ª Pedro 5,2-3 “Apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey”, cuando uno cuida del rebaño encomendado no es que sea un oficio o una especie de acción asalariada, sino todo lo contrario, es el ser del sacerdote que voluntariamente, vocacionalmente hace lo que sale de su corazón que es lo que Cristo ha puesto en dicho corazón. El sacerdote es pastor en todo momento y en toda circunstancia.

. El obispo tiene una tarea clave en la supervisión de la administración de todos los sacramentos, al principio era el obispo el que celebraba el sacramento del bautismo pero cuando la iglesia se fue extendiendo ya era imposible que el obispo celebrase todos los bautismos y se encomendó a los presbíteros el sacramento del bautismo pero se reservaba para el obispo la imposición de las manos al salir de la piscina bautismal y es aquí cuando se desdobla el bautismo de la confirmación. En un tiempo el bautismo y la confirmación eran celebrados por el obispo en un mismo momento y cuando los sacerdotes comienzan a bautizar, se le reserva al obispo cuando venga o cuando pase por esa comunidad la imposición de las manos a la salida de la piscina bautismal. También por ejemplo al obispo, le corresponde la supervisión del sacramento del perdón de los pecados, le corresponde dar a los sacerdotes la facultad de perdonar los pecados o de retirarles esa facultad. El obispo tiene pues la tarea de cuidar que se celebren bien los sacramentos, de llamar la atención cuando se celebren mal, etcétera. Todos los sacerdotes celebran los sacramentos unidos al obispo.