lunes, 2 de enero de 2017

Catecismo 967-970. María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia. María es nuestra Madre en el orden de la gracia

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Punto 967 Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Por eso es "miembro supereminente y del todo singular de la Iglesia" (LG 53), incluso constituye "la figura" [typus] de la Iglesia (LG 63).

. Entendemos por figura o tipo cuando designamos los simbolismos que se descubren en el lenguaje bíblico. En este lenguaje se utilizan términos que están describiendo, son prefiguraciones, cosas que prefiguran otras que están por llegar. Ser figura o tipo es como decir ejemplo, sombra, parábola, imitación. Por ejemplo san Pablo describe muchos de estos tipos, así dice que Adán era un figura del que estaba por venir refiriéndose a Jesucristo, dice también que el maná era una figura de lo que estaba por llegar que era el pan de la eucaristía, también en el paso por el desierto, el agua que brotó de la roca era una figura de lo que estaba por llegar que era el agua bautismal, también la serpiente de bronce que fue levantada en aquél palo era una figura de lo que estaba por llegar que era la cruz salvadora de Cristo. A todo esto se le llama figuras, prefiguraciones o tipos, donde en la sagrada escritura es como una insinuación del cumplimiento pleno del plan de salvación. El mundo judío en el Antiguo Testamento vivió las sombras de las cosas venideras y finalmente en Cristo ha llegado la imagen en la que se proyecto su sombra en el Antiguo Testamento. Esta tipología la vemos en la santa Misa donde siempre se nos evocan figuras del Antiguo Testamento en la primera lectura que se ven cumplidas en Cristo.

. En este sentido, se dice que María es figura, es tipo de la iglesia. Lo es por varios motivos:
·         Por su adhesión a la voluntad del Padre. Si María dijo en el anuncio del ángel “he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu voluntad”, si Jesús dijo en Getsemaní “que no se haga mi voluntad sino la tuya”, nos damos cuenta de que María en plena conjunción con su hijo Jesucristo está enseñando a la iglesia cual es su función… su función es hágase la voluntad de Dios. La iglesia aprende de Jesús y de María a decir “hágase”.
·         Por la obra redentora de su hijo. María ha sido asociada a la pasión de Jesús desde el principio, ya el anciano Simeón le profetiza “y a ti una espada te traspasará el corazón”. María sufre con su hijo y en su propia carne la pasion de Jesús, y sin embargo María no tiene un amor posesivo, no le cuesta darlo para el mundo, no le cuesta darlo para la voluntad de Dios. María es un acicate para que Jesús se entregue a la voluntad del Padre. Lejos de haber sido un freno, ha animado a su hijo camino de la cruz padeciendo junto con él.
·         Por su adhesión a toda moción del Espíritu Santo. Igual que el evangelio nos dice que Jesús fue movido al desierto por el Espíritu Santo, que Jesús estaba lleno del Espíritu Santo, que Jesús se dejaba mover por el Espíritu Santo. Lo mismo cabe decir de María, el Espíritu Santo le condujo a Ein Karem a visitar a su prima Isabel, también María llena del Espíritu Santo ora y eleva su oración a Dios cuando por ejemplo reza el Magnificat.

. Si se dice de María “dichosa tú que has creído”, también Jesús dice de nosotros “dichosos vosotros cuando creéis, dichosos los que crean sin haber visto”, dichoso todo creyente porque está haciendo un acto de fe, de abandono, de seguimiento en fidelidad a Jesús del cual es tipo María. María es pues figura, es imagen de la iglesia, es el tipo, y así lo entendemos.

Punto 968 Pero su papel con relación a la Iglesia y a toda la humanidad va aún más lejos. "Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia" (LG 61).

. Dios ha querido asociarnos a su plan de salvación como colaboradores conscientes y libres, y María es la perfecta colaboradora en la obra de Dios. En vida de Jesús fue colaboradora activa, llevó en su seno a Jesucristo, estuvo al pie de la cruz entregando a su hijo, se asocia al sacrificio de su hijo.

Punto 969 "Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna [...] Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora" (LG62).

. María es el instrumento del cual muchas veces Dios se sirve para dar sus consolaciones. El momento de la noche se hace más llevadero por el hecho de que la luna está reflejando la luz del sol. Así también es María, que en muchas noches oscuras del alma, Dios se sirve de ella para darnos el consuelo en medio de la noche, de la purificación, para reflejarnos el consuelo de la gracia de Dios.

Punto 970 "La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres [...] brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia" (LG 60). "Ninguna creatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor. Pero, así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversas maneras tanto los ministros como el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente" (LG 62).


. Una vez más el Catecismo pasa a matizar para que se entienda bien que María no le quita el puesto central a la única mediación de Cristo. Cualquiera que podamos decir que es mediador lo que hace es participar de la mediación de Jesucristo. Es importante comprender el término “participación”, a la mediación de Jesús no le falta nada. Cristo quiere asociar a su obra, quiere sujetos activos que sean partícipes. No le quitan la centralidad a la figura de Cristo pues él es el único mediador en el sentido estricto de la palabra. Un ejemplo muy claro es el sacerdocio, Cristo ha querido prolongar su sacerdocio, Cristo dijo a sus apóstoles “haced esto en conmemoración mía”, ha querido necesitar de nosotros “la mies es abundante pero los obreros son pocos”, es decir, un ejemplo claro de la importancia de que la mediación de Cristo se prolongue en otras mediaciones humanas que participen de la mediación de Cristo es el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles.

martes, 27 de diciembre de 2016

Catecismo 966. María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia. La Asunción de María a los cielos

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Punto 966 "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo y enaltecida por Dios como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59; cf. Pío XII, Const. apo. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: DS 3903). La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos:
«En el parto te conservaste Virgen, en tu tránsito no desamparaste al mundo, oh Madre de Dios. Alcanzaste la fuente de la Vida porque concebiste al Dios viviente, y con tu intercesión salvas de la muerte nuestras almas (Tropario en el día de la Dormición de la Bienaventurada Virgen María).

. No se puede hablar de ningún título mariano que aplicamos a María sino partimos del titulo principal que podemos aplicar a María: “María madre de Dios”. La mariología bien entendida tiene su eje en la afirmación que hacemos en el Ave María: Santa María madre de Dios. Lo celebramos el día uno de enero, y no tiene esa popularidad del 15 de agosto día de la Asunción o el día 8 de diciembre día de la Inmaculada, y el día uno de enero se nos puede pasar desapercibido, sin embargo, el título mariano por excelencia, el que lo encuadra todo es el de María madre de Dios. Desde ahí se entienden muchas cosas, se entiende la misma Inmaculada concepción… pues ser madre de Dios conviene que fuese purísima la que había de llevar en su seno al autor de la gracia, convenía que fuese preservada de toda mancha de pecado.

. Distinguimos ascensión de asunción, Jesús ascendió a los cielos y María fue asunta a los cielos. Jesús ascendió a los cielos por su propio poder y María fue asunta a los cielos por el poder de Dios. María es una criatura humana que no tiene ese poder divino y recibe de Dios esa gracia de ascender a los cielos. Esta es una buena contestación a quienes a veces acusan al catolicismo de haber divinizado a la virgen María, en el sentido de ponerla al mismo nivel que a Cristo, y aquí tenemos una buena contestación, la iglesia ha distinguido la ascensión de la asunción siendo ésta la que no tiene poder propio de subir a los cielos sino que es Dios mismo quien la asume a su gloria.

. Cuando decimos la “llena de gracia” es porque ella está unida a Cristo, aún incluso antes de concebirle esta llena de gracia, y la gracia nos será dada en Cristo. María se está conformando a su hijo Jesucristo en su humanidad y en su divinidad. En el caso de María, el misterio es que María es el sarmiento que está unido a Jesucristo y que de él recibe la vida divina pero también Jesús es un sarmiento en el seno de María de la cual recibe la vida humana. Jesús mostró su señorío en el mundo venciendo al pecado y en María Jesús venció al pecado, y mostró su señorío venciendo a la muerte, y en María, Jesús venció a la muerte. María es pues como un icono que refleja la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Lo que nuestra fe católica dice es que María fue asunta a los cielos en cuerpo y alma. En el momento de la muerte se produce la separación del alma y cuerpo, y el alma es juzgada inmediatamente en el juicio particular, y esa alma irá a gozar de Dios si está preparada, si se auto excluye irá al estado de condenación que llamamos el infierno, o si está abierta a Dios pero no suficientemente purificada irá al estado de purificación que llamamos purgatorio. Esto tiene lugar en el alma en el mismo momento de la muerte cuando el alma se separa del cuerpo a la espera de la resurrección definitiva que tendrá lugar en la parusía, cuando el Señor venga como juez de vivos y muertos y entonces los cuerpos resuciten y se unen a sus almas, y tenga lugar ese juicio final que confirme el juicio particular pero que supone la unión de nuestros cuerpos resucitados a nuestras almas y supone la comunión de todo el cuerpo místico que estaba incompleto. Cuando uno pierde esta perspectiva, pues han habido teólogos, han habido desviaciones en la fe que han afirmado que en el mismo momento de la muerte ha tenido lugar la resurrección, pues no entienden que el cuerpo sigue en el cementerio e incluso se pierde el privilegio mariano de que María fue asunta a los cielos en cuerpo y alma si todo el mundo resucita en cuerpo y alma? Es decir, cuando se niega que en la muerte hay una separación de cuerpo y alma, y la resurrección de nuestros cuerpos tendrá lugar al final de los tiempos en la parusía, se hace incomprensible el dogma de la asunción de María a los cielos. Los santos están gozando en el cielo en alma. María está pues adelantando en cuerpo y alma el gozo en presencia de Dios. Así el Señor ha querido anticipar en María el destino eterno de todos nosotros, la gloria plena.


. La maternidad de María sobrepasa la capacidad humana, es un signo de Dios que nos sobrepasa. En Juan 1,13 “…la cual (la Palabra, el hijo de Dios) no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios” hace referencia al parto virginal. La forma en la que Dios quiso que fuese concebido Jesucristo manifiesta que es verdadero Dios porque fue concebido por obra del Espíritu Santo y que es verdadero hombre porque fue concebido en las entrañas de la virgen María y de ella tomó carne. María con sus oraciones intercede por nosotros ante el salvador que es Cristo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Catecismo 963-965. María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia. Totalmente unida a su Hijo…

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Punto 963 Después de haber hablado del papel de la Virgen María en el Misterio de Cristo y del Espíritu, conviene considerar ahora su lugar en el Misterio de la Iglesia. «Se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor [...] más aún, "es verdaderamente la Madre de los miembros (de Cristo) porque colaboró con su amor a que nacieran en la Iglesia los creyentes, miembros de aquella cabeza" (LG 53; cf. San Agustín, De sancta virginitate 6, 6)"».  "María [...], Madre de Cristo, Madre de la Iglesia" (Pablo VI, Discurso a los padres conciliares al concluir la tercera sesión del Concilio Ecuménico, 21 de noviembre de 1964).

. El Catecismo ya nos ha hablado del papel de María en el misterio de Cristo y en el misterio del Espiritu Santo, y ahora a propósito de la iglesia vuelve a hablar de la Virgen María.

Punto 964 El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. "Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte" (LG 57). Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión:

«La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de madre que, llena de amor, daba amorosamente su consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima que Ella había engendrado. Finalmente, Jesucristo, agonizando en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26-27)» (LG 58).

. María es la que está totalmente unida a su Hijo. María nos dio a luz con dolor al pie de la cruz, nos dio a luz en un parto en el que ella se asoció a la pasión de Jesucristo, María no disuadió a Jesús de su entrega, ella acompaña a Jesús camino de la cruz. Jesús ha aprendido humanamente de María a decir “hágase”.  Si Dios quiso que Cristo viniese al mundo por medio de María, también será ahora María el medio por el que Cristo quiera venir al mundo, es decir, si Dios quiere que nosotros seamos hijos en el Hijo, que estemos injertados en Jesucristo, pues querrá servirse del mismo medio que entonces se sirvió. María entonces fue el medio por el que Cristo vino al mundo y María es también ahora en el plan de Dios, el medio por el que Cristo venga a nosotros. En el plan divino, Dios quiso que el salvador viniese de una mujer, y de esa mujer tomase nuestra propia sangre de tal forma que fuésemos hermanos en la gracia con Jesucristo, pues en el plan de Dios es que María siga siendo el medio por el que nosotros seamos hermanos en la gracia de Jesucristo. María no era para Dios un instrumento temporal que trajera a Jesucristo al mundo y que luego dejase de tener presencia, sino que María sigue siendo el puente, el camino para que Jesús nazca en nosotros.

Punto 965 Después de la Ascensión de su Hijo, María "estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones" (LG 69). Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, "María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra" (LG 59).


. En Juan 19,26 “Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”. No sabemos cuanto tiempo pasó María en casa de Juan, cuanto tiempo pasó desde la venida del Espíritu Santo y la dormición de María, pero si que es bueno hacer un esfuerzo de reflexión sobre qué papel tuvo María en aquellos años, fuesen muchos o fuesen pocos. María estaría presente orando con los apóstoles la venida del Espíritu Santo, compartiendo desde el principio la eucaristía, integrada en la vida de la iglesia, consolando la primera comunidad cristiana, etcétera. María es para nosotros modelo ejemplar y eficiente: vemos en ella la forma más exquisita de realización de lo que Dios nos pide a todos nosotros en el sentido de que acoge plenamente la palabra de Dios y la hace fecunda, y ella interviene maternalmente, intercede ante Dios para que también nosotros nos dispongamos a recibir a Jesús.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Catecismo 957-959. La comunión de los santos. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra II

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Punto 957 La comunión con los santos. "No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (LG 50):
«Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo, a causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos nosotros, también, ser sus compañeros y sus condiscípulos (Martirio de san Policarpo 17, 3: SC 10bis, 232 (Funk 1, 336)).

. Se hace una pequeña explicación de porqué veneramos el recuerdo de los santos: no solo lo hacemos como modelos cercanos de imitación sino sobre todo para que la unión de toda la iglesia en el Espíritu se vea reforzada en el amor fraterno, es decir, venerando a los santos que están en el cielo, estamos cumpliendo el mandato de Jesús de amarnos unos a otros. Amando a nuestros hermanos santos, a los miembros de la iglesia del cielo, estamos cumpliendo el mandato de Jesús. El amor al prójimo no solo se refiere al prójimo que está en la iglesia peregrinante.
. La comunión con los hermanos que peregrinan aquí en la tierra nos lleva a Cristo, nos pone en camino de ir hacia Cristo, es como decir ”me hago compañero tuyo para caminar junto contigo para que los dos vayamos a Cristo”, pero la unión con los hermanos que están en el cielo es distinta porque ellos ya están plenamente unidos a Cristo, entonces ya no es un caminar juntos sino que ellos nos traen a Cristo, se convierten en un conducto a través del cual Cristo llega a nosotros.

. Nosotros solo adoramos a Cristo y veneramos a los santos. Venerar a los santos es amarlos como discípulos imitadores del Señor, si los veneramos es a causa de la devoción incomparable hacia Cristo que ellos tenían, en el fondo lo que amamos en ellos es el que hayan sido tan amantes de Cristo. Por lo tanto no tenemos en los santos el fin, los santos no quitan la centralidad de Cristo, al contrario, al amar a los santos, amamos en ellos a Dios. Somos conscientes que los dones de los santos son recibidos de Dios, por lo cual uno al venerar a un santo está glorificando a Dios por los dones que ha dado a ese santo. Cuando uno ordena correctamente su veneración hacia los santos no quita a Cristo la centralidad, sino que glorifica a Dios por las obras que hace en los santos. Es decir, ser santo es participar de la santidad de Dios.

Punto 958 La comunión con los difuntos. «La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos; "pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (2 M 12, 46)"» (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.

.  Aquí habla de la comunión con nuestros hermanos difuntos. El estado de purificación o el purgatorio es un estado de buena esperanza porque el alma es consciente que se está preparando para gozar de Dios. Podemos tener una comunión con ellos que es en el doble sentido, rezar nosotros por las almas del purgatorio y que ellas también interceden por nosotros. Nos podemos imaginar que nuestros fieles difuntos por los cuales hemos orado por su purificación, por la comunión que hay entre nosotros, nos podemos imaginar que ellos se sentirán con un agradecimiento inmenso hacia aquellos que han orado por ellos, se sentirán con la necesidad de devolver ese favor recibido en nuestra oración por su purificación con una intercesión ante Dios por nosotros. Las almas de aquellos fieles difuntos por los que hemos orado por su purificación, nos devuelven con creces esa intercesión que nosotros hemos hecho por ellos, en favor nuestro. Las almas del purgatorio y nosotros estamos de camino y nos apoyamos mutuamente.

Punto 959 En la única familia de Dios. "Todos los hijos de Dios y miembros de una misma familia en Cristo, al unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Santísima Trinidad, estamos respondiendo a la íntima vocación de la Iglesia" (LG 51).


. Fruto del pecado original, tenemos una tendencia a la dispersión, y la iglesia está realizando esa vocación de unión para la que fue engendrada por Cristo, para convocar a todos sus hijos. Igual que Jesús tiene esas parábolas en el evangelio donde el buen pastor no descansa hasta reunir todo el rebaño, pues también la iglesia tiene la vocación de ser convocante de todos en una misma familia. La iglesia verá cumplida esta misión cuando en el cielo sea capaz de unir todos sus hijos, entonces la iglesia dirá “misión cumplida”. Para ello la iglesia tiene que purificar esa tendencia que tenemos a la dispersión, con frecuencia nos valoramos más por lo que nos diferencia que por lo que nos une, si uno no se ve distinto a los demás parece que uno no es nadie. Decir que soy hijo de Dios como los demás parece que no tiene chispa, parece que tengo que ser distinto y remarcar mis diferencias con los demás. Sin embargo la iglesia ha recibido la vocación del Señor de convocarnos a todos en una misma familia y de que nos valoremos todos por la común dignidad de hijos de Dios. Cuando estemos en el cielo, las diferencias por las que nos hemos peleado aquí en la tierra nos resultarán ridículas. La iglesia tiene la labor de que nos sintamos hermanos y de que esa comunión que vamos a tener en el cielo, comience ya aquí en la tierra, que nos sintamos aquí ya como hermanos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Catecismo 954-956. La comunión de los santos. La comunión entre la Iglesia del cielo y la de la tierra I

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Punto 954 Los tres estados de la Iglesia. «Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando "claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es"» (LG 49):
«Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él» (LG 49).

. Habla de tres estados de la iglesia lo cual es una forma de hablar de la iglesia que puede purificar y revisar ciertas imágenes incompletas que tenemos de la iglesia. Es posible que aquellos que hablen de la iglesia únicamente bajo la imagen de una institución formada por hombres aquí en la tierra pues les choque que nosotros hablemos de tres estados de la vida de la iglesia. Tan iglesia es la que forman aquellos que están en forma de purificación y más iglesia aún es la de aquellos que están en la iglesia triunfante en el cielo. Por lo tanto, hablar en estos términos ya es rectificar una visión incompleta de la iglesia como institución humana que evidentemente se referiría a la etapa de la iglesia pergrinante en la tierra. Decir esto es pues darnos cuenta que la iglesia es cuerpo místico de Cristo y a ella pertenecen aquéllos que marcharon de esta vida y que se están purificando en el purgatorio o están en el cielo.

. Entre la iglesia peregrinante y la iglesia del cielo está la iglesia que está purificándose en el purgatorio, y está completando el proceso de santificación que aquí en la tierra por sus infidelidades necesita purificarse. Todos estamos unidos en el mismo fin, en el amor a Dios y al prójimo, nos alimentamos todos del amor de Dios: los que estamos en la iglesia peregrinante vivimos la fe, la esperanza y la caridad, los que están en la iglesia purgante viven la esperanza y la caridad, y los que están en la iglesia triunfante viven la caridad. Unidos en el mismo fin, alabamos todos al mismo Dios, unidos en Cristo, todos desde nuestros diferentes lugares, oramos, damos gloria y alabamos al mismo Dios. Los dos primeros estados son temporales, la iglesia peregrinante y la iglesia purificante son temporales, y solo el tercer estado es definitivo, la iglesia triunfante es definitiva, hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y destruida la muerte tenga sometido todo, hasta que tenga lugar la parusía, la venida en gloria de Cristo y la resurrección de los muertos, la iglesia ya no estará en tres estados sino que estará en uno solo, en la iglesia triunfante, en la iglesia del cielo, entonces se consumará este peregrinar y habrá una iglesia unida amando a Dios y amando al prójimo.

Punto 955 "La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales" (LG 49).

. Pensando en nuestros seres queridos que ya han fallecido, podemos y debemos de decir que nuestra unión con ellos no se interrumpió, cambió de forma, pero incluso es un tipo de unión reforzada. La unión sensible que teníamos con ellos ya no existe, y en ese sentido uno sufre una ausencia como María Magdalena que lloraba porque encontró el sepulcro vacío y sufría una ausencia, pero sin embargo la unión que tenemos con nuestro seres que marcharon es superior, es más real porque ejercen un influjo en nuestra vida superior al que tenían antes cuando estaban en vida. Cuando Jesús nos dijo que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, podemos recordarnos a nosotros mismos que esa promesa anuncia una presencia distinta de nuestros seres queridos con nosotros en el espíritu de Cristo, en la comunión de la intercesión delante de Dios.

Punto 956 La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49):
«No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida» (Santo Domingo, moribundo, a sus frailes: Relatio iuridica4; cf. Jordán de Sajonia, Vita 4, 69).
Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).

. Qué hace tan eficaz esa presencia o esa intercesión de nuestros seres queridos en el cielo? Pues lo que le hace eficaz es la unión íntima que tienen con Cristo, por el hecho de que los que están en el cielo están más íntimamente unidos a Cristo, por eso su acción, su intercesión es muchísimo más eficaz que la nuestra. Nosotros a veces pedimos oraciones a personas que sabemos que son de Dios, especialmente lo hacemos con personas que han consagrado su vida a la oración como en los monasterios de clausura porque suponemos que pueden ser personas más estrechamente unidas a Cristo. Esto tiene todavía una aplicación mucho más directa a las almas que están en el cielo cuyos corazones están ya purificados y están plenamente unidos a Dios y su oración es mucho más eficaz porque parten de una situación de unión con Cristo mucho más directa. El Catecismo matiza que los santos interceden por nosotros en el cielo porque interceden en Cristo, no al margen de Cristo, sino que el Señor ha querido asociarlos a su misterio de intercesión delante de Dios Padre. Por lo tanto decir que Cristo es el único mediador no es incompatible, no es contradictorio con decir  que Jesús ha suscitado también intercesores, de hecho dijo “pedid y se os dará” y El ha querido que seamos intercesores por nuestros hermano, Cristo es el único mediador, es el único redentor y sin embargo El suscita corredentores, El suscita intercesores, El suscita mediadores.

. Los tres estados de la iglesia peregrinante, purgante y triunfante, no incluyen como dentro de la iglesia el estado de las almas que hayan podido cerrarse a la gracia de Dios y estén en estado de condenación, las almas que están en estado de condenación eterna no forman parte de esa iglesia porque no reciben la vida de Cristo, porque por el ejercicio de su libertad se han cerrado a recibir la vida de Cristo y han roto con Cristo y con su cuerpo místico que es la iglesia. Somos iglesia en la medida en que recibimos del cuerpo místico de Cristo su gracia, en la medida en que nosotros hemos cortado con Cristo esa gracia, nosotros mismos hemos roto no solo con Cristo, sino también con su iglesia. Quien rompe con Cristo, rompe con el cuerpo místico de Cristo. No existe pues un cuarto estado de la iglesia que sería como la iglesia de los condenados pues quien no está unido a ese Cristo salvador, él mismo se excluye también de su cuerpo místico que es la iglesia.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Catecismo 952-953. La comunión de los santos. La comunión de los bienes espirituales II

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Punto 952 “Todo lo tenían en común” (Hch 4, 32): "Todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien en común con los demás y debe estar dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria del prójimo" (Catecismo Romano, 1, 10, 27). El cristiano es un administrador de los bienes del Señor (cf. Lc 16, 1, 3).

. Se hace referencia a los textos de los hechos de los apóstoles donde se relata como era la comunidad en la primitiva iglesia cristiana. En este texto vemos que nadie llamaba suyo a sus bienes sino que todo era en común entre ellos, no había entre ellos ningún necesitado porque todo se ponía a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad. Hechos 2,42 “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones”, son cuatro fundamentos en torno a los cuales giraba la primitiva comunidad cristiana: la enseñanza de los apóstoles, la eucaristía, la puesta en común de los bienes y las oraciones. Es una iglesia que está alimentada por la enseñanza, por la celebración de la eucaristía, traduciendo a la realidad de la vida de cada uno la comunión de los bienes y la oración. Es una comunidad que si le faltara alguno de estos cuatro pilares quedaría coja. El ideal de la comunicación de los bienes, la iglesia no lo interpretó como una especie de comunismo, hay una propiedad privada con una conciencia muy clara de no ser una propiedad privada con derecho absoluto a ella. El término que el Catecismo utiliza es que somos administradores de aquello que se nos ha dado en propiedad. Esto lo vemos en Lucas 16,1-3 “Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando." Se dijo a sí mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas...", el cristiano es un administrador, la administración consiste en una propiedad pasajera de la cual después tendremos que dar cuenta, y esa propiedad pasajera hace referencia al tiempo de esta vida porque todo ese dinero y cualidades que Dios nos ha dado van a quedar aquí. Hemos de utilizar sagazmente los bienes materiales en función de los bienes eternos que se nos ofrecen en la vida eterna. De poco nos sirve todo lo que hemos recibido si no es para buscar los dones eternos, servirnos de los bienes al servicio de reino de Cristo.

Punto 953 La comunión de la caridad: En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo" (Rm 14, 7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 Co 12, 26-27). "La caridad no busca su interés" (1 Co 13, 5; cf. 1 Co 10, 24). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.

. La caridad no es una cuestión privada sino que también forma parte de un signo comunitario. La comunión en la caridad consiste en que en la medida en que se ama a otra persona, uno se goza del bien del prójimo, y uno se entristece del mal del prójimo. La madre Teresa decía que el peor pecado es la indiferencia, el que seamos indiferentes hacia el destino de nuestro hermano. Frente a esa indiferencia, la caridad goza del bien del prójimo sin sufrir de celos ni de envidia, y sufre del mal del prójimo sin alegrarse de sus males. Este don es muy purificador del corazón, el amar a las personas por sí mismas sin entrar en comparaciones ni en sentimientos de celos ni ver en el prójimo a un competidor. La caridad ama al prójimo por sí mismo, es amar desde Dios al prójimo.

. Uno de los motivos principales de tristeza es el estarse mirando el ombligo a sí mismo, el estar pensando nada más que en uno mismo. El Señor nos hace una gran don cuando nos permite entregarnos al prójimo porque principalmente es uno mismo el que es favorecido cuando realiza la caridad con el prójimo, es uno mismo el principal beneficiado porque el Señor me da la gracia de olvidarme de mí mismo. La felicidad consiste en el olvido de uno mismo en la entrega generosa a los demás. Jesús nos dijo en el evangelio, en Mateo 10,39 “el que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará, podemos decir que el que busque su propia felicidad como fin último de su vida, no la encuentra, sin embargo el que busque la felicidad del prójimo, curiosamente encontrará la suya propia. Jesús nos dice que si quieres ser feliz, olvídate de ti mismo y busca la felicidad del prójimo y entonces encontrarás la tuya. Si haces de tu propia felicidad el fin de tu vida, paradójicamente no la vas a encontrar. Si quieres ser feliz, busca hacer feliz al prójimo. Pidamos al Señor una sensibilidad de comunión en la caridad, de amar no en torno a nuestro ego, a nuestro yo.

martes, 22 de noviembre de 2016

Catecismo 949-951. La comunión de los santos. La comunión de los bienes espirituales I

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Punto 949 En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos "acudían [...] asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hch 2, 42):
La comunión en la fe. La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte.

. Este texto de Hechos 2,42 describe cuales son los rasgos principales de esa comunión. Damos una importancia especial a la comunidad primitiva y a los primeros siglos de la iglesia porque allí vemos una comunidad que vivió muy de cerca el mensaje de Jesucristo, conocieron contemporáneos de Jesús, recibieron el testimonio directo de quienes conocieron a Jesucristo, la tradición oral que llamamos, y eso da un valor particular y especial a estas comunidades para conocer como ellos entendieron y recibieron las palabras de Jesús. En primer lugar dice: acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, es decir, la comunión en primer lugar es una comunión en la fe. Aquí subrayamos que no somos dueños de la fe, estamos trasmitiendo algo de lo que no somos dueños. San Pablo nos dice “he recibido del Señor una tradición que a su vez yo os transmito”, nos dice que él no es quién ni para quitar ni para añadir. La fe tiene un componente de transmisión, es como el testigo de una carrera de relevos, porque de lo contrario estaríamos difundiendo nuestra propia ideología, nuestra propia forma de ver las cosas. La comunión en la fe es un tesoro que se enriquece cuando se comparte cuando se expresa, y hoy en día en el mundo tan secularizado en el que vivimos se pretende reducir la fe al fuero interno y no permitir que uno la exteriorice. La fe tiene que ser comunicada espontáneamente entre todos y se fortalece en la medida en que se comparte y trasmite.

Punto 950 La comunión de los sacramentos. “El fruto de todos los Sacramentos pertenece a todos. Porque los Sacramentos, y sobre todo el Bautismo que es como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia, son otros tantos vínculos sagrados que unen a todos y los ligan a Jesucristo. Los Padres indican en el Símbolo que debe entenderse que la comunión de los santos es la comunión de los sacramentos [...]. El nombre de comunión puede aplicarse a todos los sacramentos puesto que todos ellos nos unen a Dios [...]. Pero este nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro, porque ella es la que lleva esta comunión a su culminación” (Catecismo Romano, 1, 10, 24).

. Se nos habla de los sacramentos como comunión, los sacramentos son una iniciativa de Dios para hacer comunión con los hombres, son puentes tendidos por Dios para entrar en comunión con nosotros porque antes de que nosotros buscáramos a Dios, él nos buscaba a nosotros, la iniciativa es de Dios. Un sacramento no es una opción personal para entrar en comunión con Dios sino que es una iniciativa de Dios para entrar en comunión con nosotros por lo que rechazar un sacramento es rechazar un camino de Dios para llegar a nosotros. Esto tiene que ser visto desde los ojos de Dios y no desde mis ojos o mi percepción personal. Es decir, los sacramentos son iniciativas de Dios para entrar en comunión con los hombres. Hay una distancia infinita entre Dios y el hombre que ha sido recorrida por la gracia de Dios en Jesucristo, por la humanidad de Cristo que ha unido esa distancia infinita entre Dios y el hombre, y esa humanidad de Cristo es prolongada hoy en día en la iglesia en los sacramentos que siguen tendiendo ese puente que une la orilla de la divinidad con nosotros.

. Es especialmente la eucaristía donde se subraya esta comunión. Los sacramentos requieren previamente una comunión entre nosotros, sino sería una mentira, sería como querer tener una especie de propiedad particular de Dios sin que eso suponga una transformación personal previa, Dios no es mi propiedad particular, más bien yo soy propiedad de Dios, y Dios quiere que nuestra comunión con Él suponga una comunión con los demás. Por eso se dice que reconozcamos nuestros pecados antes de celebrar los sagrados misterios y se dice que nos demos la paz fraternalmente antes de recibir la comunión. Igual que los sacramentos exigen una comunión previa entre nosotros, también es verdad que la crea, mejora y fortalece entre nosotros.

Punto 951 La comunión de los carismas: En la comunión de la Iglesia, el Espíritu Santo "reparte gracias especiales entre los fieles" para la edificación de la Iglesia (LG 12). Pues bien, "a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común" (1 Co 12, 7).


. Hacemos referencia al texto 1ª Corintios 12,7 “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad”. Se remarca que los dones son dados para provecho común. Estos dones que Dios nos da, nos recuerda a la parábola de los talentos, dónde nos anima a compartir las cualidades personales recibidas, a no esconder los dones de cada uno, a no enterrar los propios talentos, a no guardárselos para uno. Uno puede no poner sus talentos al servicio de los demás bien por cobardía, bien por egoísmo, bien por pereza, etcétera. Uno puede tener miedo a entregar sus talentos a los demás, pero sin embargo hay que decir una y otra vez que el Señor está junto a nosotros cuando desarrollamos los talentos, por lo tanto, nadie es dueño de los talentos que ha recibido y tiene la obligación moral de ponerlos al servicio de los demás para provecho común. “Lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis”. Los dones se contagian, los dones se trasmiten, los dones no han sido dados para posesión propia sino para edificación de la iglesia. Cuando veamos dones en otras personas, tenemos que tener prontitud para abrirnos a ellos pues a veces ocurre que tendemos a no entender lo que no tenemos nosotros. Dios ha dado carismas a otras personas para complementar los que a mí me faltan y hemos de alabar a Dios al ver los carismas en otros hermanos. Esto supone humildad, supone reconocer como Dios nos habla a través de nuestros hermanos, a veces es más fácil dar que recibir, porque recibir supone un don de humildad ante otra persona. Decía Unamuno: “toma consejo de tu enemigo”, Dios puede estar trasmitiéndote luces a través de pecadores.