jueves, 20 de abril de 2017

Catecismo 2567. Dios es quien primero llama al hombre

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Punto 2.567 Dios es quien primero llama al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación.
. En el punto anterior vimos que el hombre buscaba a Dios y aunque nos parezca que el hombre moderno de nuestros días ya no es religioso, que ya no tiene necesidad de Dios, que ya no busca a Dios, pues no nos engañemos, no es verdad, el hombre busca a Dios, el hombre cuando busca ser feliz, aunque no lo sepa, está buscando a Dios. En este punto la tesis que se plantea es que es Dios quien primero llama al hombre. Estés donde estés, tengas una vida ordenada y piadosa o tengas una situación complicadísima, Dios te está buscando siempre. Se nos ponen cuatro situaciones distintas:

o    Olvide el hombre a su creador: uno de los grandes problemas que tiene Dios con nosotros es que a ver cómo nos llama a la oración si vivimos ocupados en las creaturas y olvidados del creador. Es lo que se plantea en Lucas 14,16 con la parábola del banquete: "«Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: "Venid, que ya está todo preparado." Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses." Y otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses." Otro dijo: "Me he casado, y por eso no puedo ir." «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos." Dijo el siervo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio." Dijo el señor al siervo: "Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa." Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»", para poder hacer oración, para poder responder a la llamada de Dios de tener intimidad con él hace falta una pobreza de espíritu, un desasimiento de los bienes materiales y por eso el que se acababa de comprar un campo, el de los bueyes etcétera estaban demasiado ocupados. Cómo tengamos la cabeza ocupada en tres cosillas materiales ya no tenemos sitio para nada más porque somos así de limitados, somos capaces de llenar la cabeza con las criaturas y que nos lleven a alejarnos del creador.

o    Se esconda de su faz: no es lo mismo olvidarse de Dios que esconderse de él, aunque en la práctica pueda parecer lo mismo, es un poco distinto, el olvido de Dios puede ser más inconsciente por estar atrapado por los quehaceres de esta vida, mientras que al esconderse uno es como si se tuviera mala conciencia, uno sabe que algo no lo está haciendo bien y entonces me escondo para que Dios no me llame. En Génesis 3, cuando Adán y Eva siendo conscientes de que han desobedecido a Dios, se esconden pues tienen mala conciencia, saben que no han obrado bien. Igual que el joven rico que quiere tener una parte de su vida que quiere seguir Dios pero hay otra que la esconde.

o    Corras detrás de sus ídolos o acuse a Dios de haberle abandonado: es un drama para Yahveh que el hombre se entregue a los ídolos, es más fácil entregarse a dioses de barro que entregarse a Dios que es espíritu y vida. Dios tiene con nosotros una paciencia inmensa hasta que vayamos descubriendo el rostro de Dios verdadero. Cuántas veces el hombre está acusando a Dios de lo que le pasa en esta vida? Es impresionante ver como Dios tiene la paciencia de escuchar todas las burradas que le decimos cuando estamos en un estado de rebote existencial contra él, hasta que finalmente nos hace caer en cuenta de que tenemos que confiar en la providencia por encima de todo.



. A pesar de las situaciones anteriores, Dios se mantiene siempre fiel y en la medida en que se van superando las dificultades, se produce un diálogo, una alianza y una vez que el hombre está con Dios, ya uno nunca más se siente solo.

domingo, 16 de abril de 2017

Catecismo 2566. El hombre busca a Dios

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Punto 2.566 El hombre busca a Dios. Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. Coronado de gloria y esplendor (Sal 8, 6), el hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer ¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra! (Sal 8, 2). Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres (cf Hch 17, 27).

. En nuestra paternidad humana, uno quiere a un hijo cuando lo tiene, cuando lo concibe. Pero en el caso de Dios, Dios nos quiere antes de que existamos, desde toda la eternidad Dios nos quería. En nosotros, primero viene la existencia y de la existencia viene el amor mientras que en el caso de Dios es al revés, Dios nos quiere y porque nos quiere pasamos a existir. El acto de la creación ha sido precedido por un amor eterno de Dios. Dios nos tenía en su mente desde toda la eternidad. Nosotros amamos lo que existe y en el caso de Dios, existe lo que él ama, lo que él ha amado desde siempre, lo ha llamado la existencia. Nosotros somos, existimos porque Dios nos ha llamado, la mera existencia es un milagro de amor, responde a que Dios ha pensado en mí, me quiere y me ha llamado. No debemos tener una vida anodina porque por el hecho de estar aquí ya debe hacernos caer en la cuenta de que Dios ha pensado en nosotros, nos ha querido y nos ha llamado a la existencia.

. La grandeza del hombre consiste en tener la capacidad de reconocer la grandeza de Dios, es decir consiste en que nosotros podamos darnos cuenta de que hemos sido llamados por amor de la nada a la existencia. Los vegetales, minerales y animales no se dan cuenta de eso, no tienen conciencia, no se dan cuenta que están aquí porque Dios les ama, y sin embargo nosotros sí. Tenemos esa capacidad de descubrirlo y de comprender la clave de la existencia que es el amor.

. Nos están metiendo falsas concepciones que pretenden enfrentar la dignidad del hombre y la grandeza de Dios: un humanismo secularizado donde parece que la visión moderna de la existencia es la de un hombre autónomo que no necesita de Dios donde hay que borrar las cruces y toda huella religiosa y por otra parte la visión fundamentalista (islámicos o hindúes) que vienen a ensalzar la sumisión a Dios. La grandeza del hombre consiste en reconocer la grandeza de Dios y porque Dios es grande, el hombre es libre y Dios ha querido que el hombre no sea una piedra o sea un árbol, sino que tenga libertad y no ha querido obligarle a amarle sino que nos ha tratado como un amigo y nos llama a su amor.


. El hombre de todos los tiempos busca a Dios. El pecado puede llegar a arrancarnos a que perdamos la semejanza de Dios, pero no la imagen, algunos santos padres dicen que cuando pecamos perdemos la semejanza pero no la imagen y están con ello queriendo decir que Dios no se puede borrar del corazón del hombre, ahí queda una imagen, nos deformamos perdemos la semejanza pero la imagen está grabada como una huella indeleble. El hombre a pesar del pecado, conserva el deseo de Dios, en Hechos17,22 podemos leer: ”Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar.


«El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. El creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros;” , vemos que cuando Pablo llega al Areópago, advierte a los atenienses de que viene a anunciarles al Dios que adoran sin conocerle, es decir, hay en ellos un deseo de buscar a Dios aunque no le conozcan. Y estos atenienses están buscando a tientas a Dios, todavía no han recibido la revelación de Dios en Jesucristo pero andan a tientas. Todas las culturas, todos los pueblos han estado buscando a Dios, esto es lo que se llama la religión natural, un deseo natural de Dios en todas las culturas y tiempos. Incluso en un contexto tan secularizado como el nuestro, el hombre busca a Dios, no ha disminuido la religiosidad del hombre, el hombre moderno tiene hambre y sed de Dios a pesar de su modo de vida materialista que es como el agua salada.

. El hombre de hoy tiene el mismo deseo de Dios que el que tenía el de la edad media o el de hace cuarenta años. A pesar de lo que vemos actualmente donde el hombre en la gran ciudad corre de un lado para otro, se madruga para ir al trabajo habiendo estado la noche anterior viendo frivolidades en la televisión, durante el día trabajando y luego a buscar una diversión y luego llega el fin de semana y nadie se acuerda salvo unos pocos de ir el domingo a alabar a Dios. Esas grandes colmenas de personas que parece que viven para trabajar y con lo que han ahorrado buscan un ocio que les compense una vida dura. En medio de toda esta dinámica de vida se mantiene el hambre y la sed de Dios?, podemos decir sin dudarlo en ningún momento que el hombre necesita de Dios. Aunque se rían de uno, y esas risas o ese pasotismo de nuestro testimonio de Cristo lo que hacen es denotar aún más esa necesidad.

. El hambre y la sed de Dios muchas veces la escondemos debajo de un engaño, del engaño de decir que “estoy bien”, que “soy muy feliz”, de una careta que nos ponemos. Llega un momento en esta vida en que la careta se nos cae y nos damos cuenta de que estamos vacíos y necesitamos de Dios. En ese momento es cuando escuchamos la llamada de Dios, aunque Dios nos ha estado llamando desde el principio, nuestra sordera desaparece, nuestra ceguera desaparece, y esto tiene lugar en la llamada de Dios a la amistad con él, la llamada de Dios a la oración profunda.

sábado, 15 de abril de 2017

Catecismo 2565. La oración como Comunión

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Punto 2.565 En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia del Reino es “la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero” (San Gregorio Nacianceno, Oratio 16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristiana en tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).

. Una definición gráfica de la oración es considerar la oración como la respiración de la fe. Una razón por la que la oración sea la cuarta parte del Catecismo puede ser que un punto capital para hacer bien la oración es que tengamos una imagen autentica de Dios. Una de las razones por las que no hacemos bien oración es porque partimos de una falsa visión de Dios, como un Dios lejano, desinteresado de los problemas de los hombres, incluso como si fuese enemigo de nuestra felicidad. Qué importante es trasmitir adecuadamente el rostro de Dios revelado en Cristo que ama a los hombres, que está siempre cercano, que busca misericordiosamente a la oveja perdida, si conocemos esa imagen tendremos gusto en estar siempre con él y no habrá motivo para dejar la oración. Por eso era importante primero revelar el rostro de Dios en el Credo, sino difícilmente vamos a tratar de amistad con alguien en quien no confiamos, cuyo rostro no conocemos.

. Aristóteles decía que entre Dios y el hombre no puede haber amistad porque hace falta una cierta igualdad y hay tal distancia entre ellos que es imposible que haya una amistad. Esta lógica de Aristóteles era una lógica perfecta, solo que lo que él no conocía es que Dios Padre se había revelado y que la cumbre de la revelación se iba a producir en Jesucristo y que iba a tomar carne humana y que iba a hablar de tú a tú con nosotros, y entonces sí que se puede tener amistad con un Dios que se revela y se hace hombre, y por lo tanto oración, por eso es muy importante de qué concepto de Dios parto. Jesucristo es la vida y nosotros hemos sido creados con una pasión por la vida, luego es obvio que la oración tiene que ser como el respirar de la fe. Es muy importante el anuncio del rostro de Dios como alguien vivo y lo esencial del cristianismo es el encuentro con Cristo vivo. No hay otro camino de oración que Cristo.


. Nos habla este punto de la oración como comunión con la Santísima Trinidad; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son comunión entre ellos, viven en una continua oración entre ellos, o sea, es el diálogo, es la amistad que hay entre ellos. Nosotros por el misterio de la oración somos como metidos dentro de ese diálogo intra trinitario, en esa amistad que hay entre ellos. Si conociéramos este don le daríamos una importancia a la oración que ahora no se la estamos dando. La oración es el cielo adelantado, el cielo es vivir en la presencia de Dios y ser una sola cosa con él, y la oración me permite vivir esa presencia de una manera velada, luego la oración es vivir el cielo aquí.     

viernes, 14 de abril de 2017

Catecismo 2562-2564. La oración como Alianza

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Punto 2.562 ¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.
. Es frecuente que dentro de la iglesia se ofrezcan pequeñas escuelas, talleres, cursillos de oración para insistirnos que tenemos que aprender profundamente a orar, es algo parecido a lo que nos pasa con el habla. El habla se desarrolla espontáneamente y luego hay que educar cómo hablar, un niño tiene en su espontaneidad la capacidad de expresarse en seguida pero para que luego su expresión no sea tosca, se le va enseñando a hablar. Igual pasa con la oración, no hacen falta cursillos para poder hablar con Dios, peo si es cierto que nuestro impulso del corazón tiene que ser madurado, educado, y profundizado.

. Es el hombre entero el que reza, reza la persona, no reza el cuerpo. San Ireneo, padre la iglesia (S.I-S.II) nos indica que somos cuerpo, somos alma, somos espíritu encarnado y somos carne espiritualizada. A nosotros esto nos conviene entenderlo para ver desde dónde reza el hombre: reza el hombre entero, sería un poco ridículo decir que reza el alma pero no reza el cuerpo.
. La oración tiene que brotar del interior del hombre y comprometer al hombre entero, nos indica el Catecismo que en más de mil sitios en la Escritura hablan de que la oración brota del corazón, comprometiendo al hombre entero.
Punto 2.563 El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo “me adentro”). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.


. El hombre tiene niveles de interioridad, santa Teresa en el castillo interior nos viene a decir que en la habitación central del castillo a la que ya nadie puede entrar es el interior del corazón del hombre y es desde ahí donde tenemos que tomar esa relación con Dios. El corazón no es una mera afectividad superflua, el concepto bíblico del corazón es lo interior del hombre. Incluso el corazón contiene recuerdos, pensamientos, proyectos, decisiones, en mi corazón tengo tomadas decisiones, es más por ejemplo, en Eclesiástico 17,6 nos dice “Dios nos ha dado un corazón para pensar”, por eso cuando decimos nosotros que el corazón es solo sentir, son afectos, es cosa de nuestra cultura romántica. O por ejemplo acordémonos de cuando hablamos de “corazón endurecido” en la sagrada escritura que es lo mismo que opción de soberbia, cerrazón a la gracia…. es decir, corazón es mucho más que el mero romanticismo.



Punto 2.564 La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.


. En Cristo se realiza la oración, el lugar de encuentro es Jesucristo. Hay que hacer oración de corazón, es decir que te comprometa tu vida entera cuando rezas y que no sea una oración superficial y hemos de hacer oración en el corazón de Cristo, es decir teniendo a Cristo como el lugar de la alianza en el que Dios ha hablado con el hombre y el hombre ha hablado con Dios, porque Jesús es ese puente tendido para que mi oración llegue a Dios y para que la Palabra de Dios llegue a mí.

miércoles, 12 de abril de 2017

Catecismo 2560-2561. La oración como don de Dios II

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Punto 2.560 “Si conocieras el don de Dios” (Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus 64, 4).

. El Catecismo en este punto subraya que la oración ha nacido también desde las profundidades de Dios, la oración tiene en Dios la iniciativa, cuando uno reza, está respondiendo a una llamada de Dios aunque uno piense que se le ha ocurrido a uno mismo ponerse a rezar. Dios nos está buscando y la oración es una respuesta a la llamada de Dios. La oración es el encuentro entre la sed de Dios de nosotros y la sed del hombre de Dios.


. Para iluminar este punto, se nos sugiere el texto de san Juan 4,10 entre Jesús y la samaritana: “Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.» Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?» Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.» Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.»”, en la oración Dios nos busca y propicia las circunstancias para un encuentro personal con él, como Jesús hizo con la samaritana. Jesús nos espera a nosotros igual que a la samaritana. La oración es una iniciativa de Dios.


 


Punto 2.561 “Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva” (Jn 4, 10). Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas” (Jr 2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (cf Jn 7, 37-39; Is 12, 3; 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19, 28; Za 12, 10; 13, 1).


. Si tuviéramos una conciencia más viva de lo que es nuestra oración descubriríamos para nuestra sorpresa que Dios iba detrás de nosotros desde mucho antes. Uno de los factores para discernir si somos conscientes de esto es ver cómo pedimos, ver cuál es nuestra oración. Nosotros cuando pedimos mal o nos limitamos a hacer de la oración una especie de petición de caprichos en el fondo no nos estamos dando cuenta de con quién nos estamos encontrando. Si tuviésemos conciencia de que Dios nos ama y nos busca, el tipo de petición sería distinto, pediríamos el don del Espíritu Santo, pediríamos el don de la perseverancia para ser discípulos suyos, si no trascendemos en la petición es que no nos hemos dado cuenta de qué es la oración. Se nos ofrecen varios textos bíblicos en este punto para darnos cuenta de esto. Por ejemplo Juan 7,37-39 “El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva. Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado”. Cuando Jesús dice en la cruz “tengo sed”, quiere decir que tiene sed de nosotros, de nuestra respuesta de amor, y eso supone una llamada a la oración, una llamada a una relación personal. Vivamos el momento presente con intensidad de amor respondiendo a esa llamada a la oración, a la intimidad, sin lamentarnos por el tiempo que hayamos perdido.

martes, 11 de abril de 2017

Catecismo 2559. La oración como don de Dios I

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Punto 2.559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo 56, 6, 9).

. Los cristianos necesitamos maestros de la vida espiritual para ser introducidos en la oración. El Catecismo nos habla de la oración como don. San Juan Damasceno, santo padre de la actual Siria que fue llamado el orador de oro, nos dice que la oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes, es como si Dios nos diera unas alas para volar, y esas alas es la oración. La oración es como un don de Dios que nos da unas alas para elevarnos hasta Él. O sencillamente pedir a Dios bienes convenientes, uno pide a Dios lo que entiende qué es conveniente aunque en el fondo Dios sabe mejor que yo lo que a mí me conviene.

. Desde dónde hablamos cuando oramos? Cuál es mi situación interior cuando estoy rezando?, pensemos antes de empezar a rezar cuál es nuestra disposición, si mi actitud interior es a corazón abierto, o si mi oración es una pantalla que pongo delante utilizando frases hechas para no descubrir mi alma. Para descubrir el punto de partida desde el que nosotros solemos rezar, el Catecismo nos sugiere que veamos el salmo 130 que dice “desde lo hondo a ti grito Señor, Señor escucha mi voz…”, es un salmo que expresa la actitud desde la que uno reza: “desde lo hondo…”. Es muy importante caer en la cuenta que la disposición, que la situación desde la que hacemos nuestra oración muchas veces acaba condicionando que la misma sea auténtica o sea superficial. Cuántas veces ocurre, que parece que ha hecho falta que la providencia de la vida nos haya quebrado para que hayamos tenido como experiencia de nuestra indigencia y entonces hayamos comenzado a rezar de verdad, a veces no hemos experimentado lo que es rezar desde la profundidad de nuestro corazón hasta que en la vida no nos hemos visto de alguna manera quebrados, y entonces hemos rezado con plena profundidad y humildad. El Catecismo se refiere a tener una actitud que dice “Señor tú lo sabes todo, yo que te voy a decir, no estoy aquí para decirte lo que tienes que hacer sino para decirte aquí estoy”.


. Lucas 18,9-14: “Dijo también a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias." En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!". Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.”


Este texto nos dice claramente desde qué actitud estamos orando, el fariseo cree que no necesita la misericordia de Dios, esto en nuestra cultura lo podemos comparar cuando decimos que “yo soy buena gente, yo ni robo ni mato, yo soy buena persona….” y realmente lo que nos hace es incapacitarnos para ponernos ante la presencia de Dios. Rezar con un punto de partida auténtico supone la conciencia de ser pecador, es imposible rezar bien sin tener conciencia de ser pecador porque partimos de un punto de partida equivocado. Es lo mismo que querer ser humilde sin humillarse. Partiendo de una actitud de humildad, nos permite decir al Señor que “tú lo sabes todo, tú me conoce perfectamente, qué te voy a decir a ti …”, es como la actitud del publicano que no se atrevía a levantar los ojos del suelo y le pedía compasión por ser un pecador. El fariseo no pide nada, se siente auto salvado, sólo da gracias por no ser como el publicanos, por pagar el diezmo, por no ser un pecador, y habla y habla, y curiosamente el publicando casi no dice nada, solo pide compasión porque se siente mendigo. Este no decir muchas cosas y decir simplemente “Señor ten compasión de mí que soy un pecador”, es una actitud como decir “qué te voy a decir si tú lo sabe todo…, más que pedirte me presento ante ti, Señor no te merezco pero te necesito y cuanto menos te merezco más te necesito”.



. Debemos de cuidar la actitud desde donde hacemos oración. La humildad es la base de la oración, uno no puede ponerse en oración como el fariseo desde su orgullo. Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, san Pablo en Romanos 9,26 nos dice: “Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables”, es decir, tenemos que escuchar la voz del Espíritu dentro de nosotros, el Espíritu Santo nos inspira y nos enseña a hablar con Dios e intercede por nosotros, confiando y dando gracias que lo que me da el Señor es lo que me conviene.

sábado, 8 de abril de 2017

Catecismo 2558. Comienza la 4ª parte: LA ORACIÓN CRISTIANA. La oración en la vida cristiana

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LA ORACIÓN CRISTIANA
. La oración cristiana es la cuarta parte del Catecismo. Podemos encontrar en alguna edición del Catecismo una imagen de la tradición cristiana que es representativa de la oración como la miniatura de un códice del monasterio de Dionisios del monte Atos, dónde se ve a Cristo dirigiéndose en oración al Padre, y desde lejos están los apóstoles observándole. San Pedro mira a los demás apóstoles al mismo tiempo que les indica con la mano a Jesucristo, como diciéndoles “mirad como ora”, “mirad como se dirige al Padre”, es decir, los apóstoles intentaban aprender de Jesús a orar, y por eso le preguntaron: “Señor enséñanos a orar”. Esta cuarta parte se divide en dos secciones: la oración en la vida cristiana y la explicación del Padre Nuestro.










"Mateo 6.9: “Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal."









Punto 2.558 “Este es el misterio de la fe”. La Iglesia lo profesa en el Símbolo de los Apóstoles (primera parte) y lo celebra en la Liturgia sacramental (segunda parte), para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (tercera parte). Por tanto, este misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.

«Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrit C, 25r: Manuscrists autohiographiques [Paris 1992] p. 389-390).

. El misterio de la fe se explicita en el Catecismo en cuatro partes. La primera parte es lo que creemos, lo que la iglesia profesa, el Credo; la segunda parte es la parte celebrativa, los sacramentos, la liturgia, eso en que creemos se hace presente en nuestra vida; la tercera parte del Catecismo nos enseña a conformar nuestra vida a Jesucristo, esto son los mandamientos. Este creer, celebrar y vivir, han de tener lugar en una relación viva y personal con Dios, esta relación es la oración. La oración lo envuelve todo: el Credo, los sacramentos y los mandamientos.

. Las tres primeras partes del Catecismo deben estar integradas y equilibradas porque si solo nos apoyamos en los mandamientos tenemos un riesgo de moralismo, si solo lo hacemos en el Credo, corremos el riesgo de dogmatismo y por último corremos el riesgo de una religiosidad meramente experiencial basada en nuestras sensaciones y nuestra subjetividad. Las tres partes del Catecismo, tienen que estar integradas y armonizadas en nuestra vida.

. Es muy importante el Credo, es muy importante la liturgia sacramental, es muy importante los mandamientos, pero no olvidemos que las tres partes tienen que estar equilibradamente conjugadas y además las tres deben de darse en una relación viva y personal que es la oración. El Credo, los sacramentos y los mandamientos los vivimos hablando con Dios, en oración.

. El Catecismo nos presenta la definición de la oración según una cita de la autobiografía de santa Teresita de Lisieux (Historia de un alma). La iglesia entiende que no hay nadie mejor para explicar la Palabra de Dios que los santos, y Santa Teresita del Niño Jesús, en su humildad nos dice que la oración es un impulso del corazón, es decir, no es algo artificial, y aunque hemos de tener una disciplina para la oración, porque nos conocemos y la naturaleza humana va de mínimos y hemos de tener un plan de vida donde reservemos un tiempo para la oración porque si dejamos la oración a la mera espontaneidad, como nos conocemos y como no lo reserve, acabamos no haciéndolo. Esto no quiere decir que la razón de ser de la oración sea responder a un mandato disciplinario, no, no. La oración es un impulso del corazón, conecta con el alma de cada uno de nosotros. El hombre tiene un deseo natural de felicidad y de Dios. La oración conecta con la búsqueda de plenitud que todos los hombres tenemos, y si hay corazones que no buscan nada y que les da igual todo, es que están enfermos. Lo propio del corazón es la inquietud, es buscar la plenitud. Por eso rezar es fácil.

. Dice también santa Teresa que la oración es una sencilla mirada lanzada hacia el cielo. Hay una mirada que nace de la sed que tiene el hombre de Dios. Santa Teresa se siente mirada y lo que hace es mirar al cielo porque siente que el cielo le mira. Cuando el hombre busca a Dios, al mirar, se da cuenta de que Dios te estaba buscando desde siempre, te estaba mirando pero tú no mirabas. Lanzar una mirada al cielo es descubrir que Dios nos está mirando, que Dios nos ama siempre, que aunque tú no te acuerdes de Él, El siempre está pensando en ti. Por eso la clave de la oración no es tanto qué cosas le digo a Dios sino saberse en presencia suya.


. La oración como un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría. Dice un grito y no una palabra pues se trata de una respuesta interior expresada con toda su fuerza. Es un reconocimiento pues descubro ahora que Dios estaba ahí siempre. Y tanto en el momento de la prueba como en la alegría, o sea que se reza en todas las situaciones. Hay personas a las que le resulta más fácil rezar en el momento de la prueba, cuando están con la soga al cuello, tenemos reacciones naturales muy distintas, sin embargo la oración tiene que ser expresión de la vida misma, lo lógico por lo tanto es que nuestro grito dirigido a Dios se haga en todas las situaciones de la vida, cuando cruz, en la cruz, cuando alegría, en la alegría, en todo momento. Jesús rezó en momentos de prueba como en Getsemaní, en momentos de alegría como en el Tabor y en momentos cotidianos como cuando elevó los ojos al cielo y dijo “Padre te doy gracias porque estas cosas se las ocultas a sabios y entendidos…”