jueves, 4 de mayo de 2017

Catecismo 2577. Moisés y la oración del mediador III

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Punto 2.577 De esta intimidad con el Dios fiel, lento a la ira y rico en amor (cf Ex 34, 6), Moisés ha sacado la fuerza y la tenacidad de su intercesión. No pide por él, sino por el pueblo que Dios ha reunido. Moisés intercede ya durante el combate con los amalecitas (cf Ex 17, 8-13) o para obtener la curación de María (cf Nm 12, 13-14). Pero es sobre todo después de la apostasía del pueblo cuando “se mantiene en la brecha” ante Dios (Sal 106, 23) para salvar al pueblo (cf Ex 32, 1-34, 9). Los argumentos de su oración (la intercesión es también un combate misterioso) inspirarán la audacia de los grandes orantes tanto del pueblo judío como de la Iglesia. Dios es amor, por tanto es justo y fiel; no puede contradecirse, debe acordarse de sus acciones maravillosas, su gloria está en juego, no puede abandonar al pueblo que lleva su Nombre.

. Este punto se introduce con el texto de Éxodo 34,1-6 momento en el que Dios muestra su intimidad a Moisés: “Dijo Yahveh a Moisés. «Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al monte y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras tablas que rompiste. Prepárate para subir mañana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí. Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte.» Labró Moisés dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose de mañana, subió al monte Sinaí como le había mandado Yahveh, llevando en su mano las dos tablas de piedra. Descendió Yahveh en forma de nube y se puso allí junto a él. Moisés invocó el nombre de Yahveh. Yahveh pasó por delante de él y exclamó: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad," en este episodio hay un detalle en el que se insiste que Moisés vaya solo, esto no lo entendemos como que los demás estorben sino que es una llamada a saber quedarnos solos para poder ponernos delante de Dios. Para entrar en la oración no tenemos que tener miedo a la soledad. Moisés tiene una experiencia profunda con Yahveh en este pasaje y de aquí saca su fuerza y su tenacidad, y esto nos lleva a los cristianos a aprender de Moisés de beber de la experiencia de Dios para tener fuerza y tenacidad independientemente de que recibamos desprecios o compensaciones. Dicho de otra forma, es la famosa expresión de la Madre Teresa de Calcuta: “a mí Dios no me ha pedido que tenga éxito, a mí Dios me ha pedido que sea fiel”, uno se tiene que olvidar de si tiene o no éxito, Moisés durante mucho tiempo en su vida no tuvo éxito y si no hubiera tenido la experiencia de Dios se habría cansado y lo habría dejado todo a medias. Cuando uno se preocupa de su éxito ocurre que no es fiel y al final no tiene éxito. Moisés extrae del encuentro que tiene con Yahveh su fuerza y su tenacidad y esta es una gran lección para la vida espiritual.

. Moisés no pide por él sino por el pueblo que Dios ha reunido, esto es muy interesante porque este hecho es signo de una oración auténtica, es una oración que nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos. Un signo de una oración sana y bien realizada es aquella que nos va conduciendo al olvido de nosotros mismos. Es incompatible hacer una oración profunda y madura si estamos continuamente preocupándonos de nosotros mismos. La oración para que no sea una caricatura de oración, nos tiene que hacer salir de nuestro yo, no puede ser que la oración sea expresión del egocentrismo: yo, yo, yo y yo. En la oración de petición, como Moisés, hemos de ser embajadores delante Dios trayendo a nuestros hermanos, familiares, parroquia,… cuando estamos solos en la capilla estamos presentando a nuestros hermanos con nosotros, y si no es así tenemos una carencia que tenemos que ir puliendo.




. En el pasaje de Éxodo 17,8-13, donde Moisés está con los brazos levantados mientras se libra la batalla con los amalecitas, se no enseña como la imagen de la iglesia orante intercesora, de las almas contemplativas que en la retaguardia sin que nadie les vea están intercediendo por la evangelización que la iglesia lleva adelante. Y no solo sin que nadie les vea, sino que incluso algunos les ven y se ríen de las personas encerradas en un convento rezando. En Números 12,13-14, se nos enseña como Moisés pide por aquéllos que le critican.

. Un momento clave lo vemos en Éxodo 32 en el que resulta que el pueblo de Israel no tiene la capacidad de confiar en Dios y se hacen un ídolo, un becerro de oro. Pensaba Dios exterminar el pueblo pero Moisés intercedió delante de él para calmar su furia destructora. Moisés no sólo pide por el pueblo sino que se ofrece a sí mismo, le pide a Yahveh que le castigue a él también si no perdona al pueblo. Aquí vemos a Moisés prefigurando la imagen de Jesucristo, que pasa por pecador y recibe el castigo que nosotros debiéramos haber recibido y es Cristo el que paga por nuestro pecado.

domingo, 30 de abril de 2017

Catecismo 2576. Moisés y la oración del mediador II

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Punto 2.576 Pues bien, “Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33, 11). La oración de Moisés es modelo de la oración contemplativa gracias a la cual el servidor de Dios es fiel a su misión. Moisés “conversa” con Dios frecuentemente y durante largo rato, subiendo a la montaña para escucharle e implorarle, bajando hacia el pueblo para transmitirle las palabras de su Dios y guiarlo. “Él es de toda confianza en mi casa; boca a boca hablo con él, abiertamente” (Nm 12, 7-8), porque “Moisés era un hombre humilde más que hombre alguno sobre la haz de la tierra” (Nm 12, 3).

. Un texto que nos puede ayudar a penetrar en el misterio de la oración es Éxodo 24,12-17 que dice: “Dijo Yahveh a Moisés: «Sube hasta mí, al monte; quédate allí, y te daré las tablas de piedra - la ley y los mandamientos - que tengo escritos para su instrucción.» Se levantó Moisés, con Josué, su ayudante; y subieron al monte de Dios. Dijo a los ancianos: «Esperadnos aquí que volvamos a vosotros. Ahí quedan con vosotros Aarón y Jur. El que tenga alguna cuestión que recurra a ellos.» Y subió Moisés al monte. La nube cubrió el monte. La gloria de Yahveh descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día, llamó Yahveh a Moisés de en medio de la nube. La gloria de Yahveh aparecía a la vista de los hijos de Israel como fuego devorador sobre la cumbre del monte. Moisés entró dentro de la nube y subió al monte. Y permaneció Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.", vemos la insistencia de adentrarse en la nube, hacer oración es también adentrarse en esa nube, esto quiere decir que Dios se revela y al mismo tiempo se vela, es decir Dios se revela velándose aunque parezca contradictorio. Los santos padres han interpretado que ese velo, esa nube en el Nuevo Testamento es la carne misma de Cristo, la humanidad de Cristo que nos descubre a Dios y le vela al mismo tiempo. La humanidad de Cristo es la revelación y al mismo tiempo le está velando. Esta es una manera de adentrarse en la nube y es también la forma en la que nosotros nos adentramos en la oración, cuando uno se adentra en la oración tiene que saber que va a comunicarse con Dios pero por otra parte es imposible que uno conozca a Dios plenamente, por eso hay que adentrarse de una manera muy humilde, el hombre tiene que comprender que no lo puede comprender todo y además el hombre se da cuenta que comprender que si Dios fuese completamente comprensible pues no sería Dios. Meterse en la nube, meterse en la oración es ir de una manera humilde sin pretender con mi razón descifrarlo todo, porque es un misterio que me supera. Decía el filósofo Kierkegaard que es una tarea del conocimiento humano comprender cosas que no pueden ser comprendidas, como el misterio de Dios.



. Dios habla con Moisés cara a cara como habla un hombre con su amigo. Dios habla con nosotros en amistad, especialmente el pasaje de Éxodo 33 donde se nos habla de la tienda del encuentro que fue un paso que Yahveh hizo con nosotros para darnos a entender que Dios está cerca. “Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahveh salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento. Cuando salía Moisés hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pie a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda. Y una vez entrado Moisés en la tienda, bajaba la columna de nube y se detenía a la puerta de la Tienda, mientras Yahveh hablaba con Moisés. Todo el pueblo veía la columna de nube detenida a la puerta de la Tienda y se levantaba el pueblo, y cada cual se postraba junto a la puerta de su tienda. Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba del interior de la Tienda.” El Señor habló con Moisés como con un amigo. La oración de Moisés es típica de la oración contemplativa gracias a la cual el servidor de Dios es fiel a su misión, esa intimidad que tenía Moisés con Yahveh es la típica oración contemplativa nuestra y gracias a ponernos continuamente en presencia de Dios, uno puede ser fiel a su misión.

. La oración de Moisés es una oración frecuente, lo cual es importante porque a veces nuestra oración es solamente de vez en cuando, y sin embargo nuestra oración tiene que ser frecuente durante toda nuestra vida para que Dios lo llene todo. En segundo lugar, es una oración que debe tener un tiempo suficiente de preparación pues para ponerse en presencia de Dios nos hace falta un cierto tiempo, hacer una oración de uno o dos minutos no te da tiempo para darte cuenta delante de quien estas. Aunque con Dios se puede estar en todo momento y situación, cada uno tiene que buscar la intimidad con Dios, algún lugar especial de encuentro con Él. Nuestra oración nos tiene que llevar a ser testigos ante nuestros hermanos del encuentro que hemos tenido con Dios.


. Se subraya la gran humildad de Moisés en este punto, y esta humildad era clave para esta intimidad tan grande que Dios tenía con él. Esto es clave para la oración, si uno no tiene una actitud interior humilde delante de Dios no va bien. Y cuanto más sencillos seamos mejor porque Dios es sencillo. Nosotros nos pensamos que la profundidad es sinónimo de complejidad y eso no es verdad, las cosas más complejas no son más profundas como a veces nos pensamos. Nuestra primera tarea para hacer oración es humildad.

viernes, 28 de abril de 2017

Catecismo 2574-2575. Moisés y la oración del mediador I

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Punto 2.574 Cuando comienza a realizarse la promesa (Pascua, Éxodo, entrega de la Ley y conclusión de la Alianza), la oración de Moisés es la figura conmovedora de la oración de intercesión que tiene su cumplimiento en “el único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo-Jesús, hombre también” (1 Tm 2, 5).

. A Moisés se le ha llamado para ser mediador entre Dios y un pueblo, y Moisés lo que hace es preparar al auténtico mediador entre Dios y los hombres que es Jesucristo, por eso conocer a Moisés nos ayuda a conocer a Jesús, aunque Jesús lleva mucho más allá la mediación porque es él mismo el que se entrega en rescate por nosotros. Descubrimos en Moisés que toda oración tiene una vocación mediadora, y eso forma parte de nuestra oración, pedir a Dios misericordia para este mundo, para los que sufren, para los que no le conocen, etcétera.

Punto 2.575 También aquí, Dios interviene, el primero. Llama a Moisés desde la zarza ardiendo (cf Ex 3, 1-10). Este acontecimiento quedará como una de las figuras principales de la oración en la tradición espiritual judía y cristiana. En efecto, si “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” llama a su servidor Moisés, es que él es el Dios vivo que quiere la vida de los hombres. Él se revela para salvarlos, pero no lo hace solo ni contra la voluntad de los hombres: llama a Moisés para enviarlo, para asociarlo a su compasión, a su obra de salvación. Hay como una imploración divina en esta misión, y Moisés, después de debatirse, acomodará su voluntad a la de Dios salvador. Pero en este diálogo en el que Dios se confía, Moisés aprende también a orar: rehúye, objeta, y sobre todo interroga; en respuesta a su petición, el Señor le confía su Nombre inefable que se revelará en sus grandes gestas.

. Entender lo que es la oración es descubrir que detrás de cualquier relación que tengamos con Dios, cuando hemos profundizado en ella, descubrimos que era una iniciativa de Dios, que Dios estaba detrás nuestro hace tiempo y no nos habíamos dado cuenta, es decir, que cuando nosotros llamamos a Dios, en realidad estamos respondiendo. Cuando pedimos dones a Dios, en realidad estamos acogiendo lo que Él quería darnos hace tiempo, según uno se va adentrando en el misterio de Dios uno va descubriendo que todo es iniciativa suya y nosotros vamos poco a poco respondiendo. Uno de los puntos importantes para comprender el misterio de la oración es que es una iniciativa divina, Dios va detrás de nosotros, nos busca hace tiempo.

. En este punto se nos propone el pasaje de la zarza ardiendo de Éxodo 3,1-10, donde Moisés tiene miedo de mirar a Dios y se tapó la cara por aquella creencia del Antiguo Testamento que decía que quien viese a Dios cara a cara moriría. En este pasaje se compaginan dos cosas, por un lado la cercanía de Dios y por otro lado su trascendencia, en la oración se tienen que conjugar ambas cosas. Para poder hablar con Él, necesitamos un rostro suyo que nos resulte cercano, y en este sentido, la forma que tiene Dios de quitarle ese miedo a Moisés es darle referencias diciendo que es el Dios de sus antepasados, de Abraham, de Isaac y de Jacob, es decir, el Dios que Moisés tiene que sentirlo como alguien que ha cuidado de sus antepasados, de su familia, alguien que os ha cuidado. Dios le quiere quitar el miedo a Moisés y lo hace dándole referencias cercanas. Al mismo tiempo se remarca la trascendencia de Dios especialmente en la imagen de la zarza ardiendo que no se consume, y se le dice a Moisés que se descalce porque está pisando un lugar sagrado. Ese descalzarse de Moisés subraya la conciencia que tiene que tener el hombre cuando se presenta delante de Dios, conciencia de la trascendencia, de la grandeza de Dios. Ambas cosas, la cercanía de Dios y su trascendencia hay que conjugarlas pues tan malo sería subrayar una a costa de la otra, no hay que ser sumisos a Dios como si le tuviéramos miedo, ni hay que tomarse confianzas con Dios aunque sí confiar en Él.



. Seguimos aprendiendo de Moisés como figura orante. Dios tiene la iniciativa, Dios se revela, y no lo hace solo ni contra la voluntad de los hombres, es decir, Dios busca mediadores para llegar al pueblo de Israel y escoge a Moisés. Dios todopoderoso podía haberlo hecho de otra manera pero Dios, no solo quiere salvarnos, sino que quiere también que nos salvemos unos a otros, quiere implicarnos a todos y este sentido comunitario hay ue subrayarlo frente a la concepción individualista que padecemos en nuestra cultura. Moisés es una mediación de Dios. En segundo lugar dice “ni contra su voluntad”, es decir, cada uno de nosotros tiene que dar una respuesta personal y aceptar libremente la amistad de Dios. Cuando Dios elige a Moisés como mediador, Moisés debate con Dios y primero se humilla porque se descalza y después objeta preguntado a Dios lo que no entiende y finalmente pide la gracia. Moisés pide que le diga su nombre y Dios se lo da (Yahveh) cuando curiosamente a Jacob no se lo dio. Revelar el nombre es muy importante porque es como decir que ahora vamos a tener un “tú a tú”, permite una gran intimidad y Moisés se va a presentar ante el pueblo en el nombre de Yahveh.


. Tenemos que aprender de Moisés muchas cosas a la hora de adentrarnos en el misterio de la oración: la iniciativa de Dios que nos busca, Dios que se revela en nosotros y nos descubre su intimidad, su nombre Yahveh, nos subraya que tenemos que descalzarnos ante Dios cuando estamos en su presencia y al mismo tiempo nos implica para que seamos mediadores con él.

martes, 25 de abril de 2017

Catecismo 2573. La Promesa y la oración de la fe III

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. El Antiguo Testamento nos prepara para ponernos ante Dios y entrar en un dialogo profundo con Él. Nos prepara para comprender y ver a Jesucristo como el maestro de oración. En el pasaje del Génesis 32, se nos presenta una lucha entre Jacob y un ángel, una lucha que simboliza la oración como un combate de la fe y la victoria de la perseverancia. Dice el texto: “Aquella noche se levantó, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y a sus once hijos y cruzó el vado de Yabboq. Les tomó y les hizo pasar el río, e hizo pasar también todo lo que tenía. Y habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba. Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob respondió: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido.» Dijo el otro: «¿Cuál es tu nombre?» - «Jacob.» - «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.» Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» - «¿ Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo. Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.» El sol salió así que hubo pasado Penuel, pero él cojeaba del muslo. Por eso los israelitas no comen, hasta la fecha, el nervio ciático, que está sobre la articulación del muslo, por haber sido tocado Jacob en la articulación femoral, en el nervio ciático." La tradición cristiana ha extraído de este texto muchas aplicaciones, es un texto muy inspirador de nuestra relación con Dios.

. En este texto, el misterio está en que Jacob está luchando toda la noche con alguien que es un ser divino, que más tarde va a descubrir que es un ser divino y lo impresionante es que Jacob sale victorioso de esa lucha, aunque es verdad que sale herido, Dios le permite a Jacob salir victorioso. Ahora bien, cuando Jacob ve que no termina de vencer y se da cuenta de que ese ser se está dejando ganar, le pide la bendición reconociendo que es más fuerte que él. El ángel le da la bendición pero antes le cambia el nombre, le dice a Jacob que significa tramposo, suplantador, que a partir de ahora te vas a llamar Israel que traducido significa el anuncio de la victoria futura. Le da la bendición pero al cambiarle el nombre quiere que cambie, que a partir de ahora esté llamado a ser distinto, a ser el hombre de la plegaria humilde ante Dios. Jacob intenta saber el nombre de ese ser misterioso pero no se le dice. La primera aplicación práctica para nuestra oración de este texto es que nuestra oración también es como una lucha en la que le pedimos a Dios que nos bendiga. Para entender esta primera aplicación de este texto, el Catecismo nos remite a Lucas 18,1-8: “Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia contra mi adversario!" Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme."» Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. “, donde expresa que es importante que nuestra oración sea perseverante, Dios quiere que seamos luchadores como la viuda. Hay una pedagogía en la oración y es que Dios quiere darnos sus dones pero quiere que sean pedidos con humildad y con insistencia.

. Otra aplicación complementaria de este texto a nuestra vida espiritual es que ese Jacob en esa noche de lucha es imagen del hombre, de cada uno de nosotros, que a veces nos podemos pasar la noche de la vida, es decir nuestra vida entera luchando con la voluntad de Dios sin saberlo, forcejeando con ella. Y muchos sufrimientos de nuestra vida son por esto, porque en lugar de acoger la voluntad de Dios dócilmente y confiar en ella, estamos haciendo un pulso con la voluntad de Dios, y Dios tiene una paciencia tremenda de estar toda nuestra vida forcejeando con nosotros sin dejarse vencer pero sin aplastarnos, es la santa paciencia de Dios en su relación con nosotros.


. Algunos autores han comparado este texto con la oración de Jesús en Getsemaní. Cristo en el huerto de los olivos tiene una lucha también por la noche y a solas como Jacob. La oración de Cristo fue perfecta a diferencia de la oración de Jacob. Jacob lucha con Dios porque piensa que tiene que convencerle a Dios, lucha para plegar a Dios a su voluntad y sin embargo Jesús lucha por plegar su voluntad humana a la de Dios, es al revés que Jacob. El proceso de pasar de la oración de Jacob a la oración de Jesús es un proceso que tenemos que hacer todos nosotros, es irnos purificando en nuestra oración. Nosotros nos parecemos muchas veces a Jacob cuando en la oración luchamos a Dios para que cambie de decisión, cuando no confiamos en sus planes sino en los nuestros, cuando le decimos quítame esta cruz en lugar de decirle dame tu gracia para llevar esta cruz, y sin embargo nos parecemos a Jesús cuando somos capaces de abandonarnos a la voluntad del Padre. Los resultados de estas dos oraciones son muy diferentes porque a Jacob Dios le bendice pero no le revela su nombre, le viene a decir que todavía no está preparado y sin embargo en la oración de Jesús sí conocemos plenamente el nombre de Dios y en la de Jacob todavía no. La conclusión es que tenemos que avanzar mucho en nuestra vida de oración para convertir nuestra oración en un acto de confianza en la que le decimos a Dios “hágase tu voluntad, me pongo en tus manos”.     

lunes, 24 de abril de 2017

Catecismo 2572-2573. La Promesa y la oración de la fe II

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Punto 2.572 Como última purificación de su fe, se le pide al “que había recibido las promesas” (Hb11, 17) que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: “Dios proveerá el cordero para el holocausto” (Gn 22, 8), “pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar a los muertos” (Hb 11, 19). Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su propio Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros (cf Rm 8, 32). La oración restablece al hombre en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios que salva a la multitud (cf Rm 4, 16-21).

. La oración no es una técnica sino que es la disposición de nuestra vida delante de Dios, de nuestra disposición de confianza y abandono delante de Dios, por eso el Catecismo nos habla de la disposición de Abraham ante Dios. A Abraham se le pide como última purificación de su fe, que sacrifique al hijo que Dios le ha dado, y Abraham no duda sino que confía. Lo que nos enseña el texto de Abraham y su hijo es que cuando le pedimos a Dios un don y Dios nos concede ese don, solemos tener el peligro de apropiarnos de dicho don. La purificación a la que Dios somete a Abraham es para que se dé cuenta del don que Dios le ha dado, Abraham tiene que recibirlo siempre como un regalo diariamente y no sentirse dueño de él. La prueba es que Dios le pide al hijo que le dio, y esto es una prueba tremenda, pues los dones que recibimos de Dios tenemos que sentirlos siempre como dones y no pretender apropiarnos o apegarnos a ellos. El Señor me lo da y en sus manos lo pongo de nuevo, esta es la gran prueba de desprendimiento hacia los dones dados por Dios. No debemos perder nunca la conciencia de gratitud en nuestra vida y por lo tanto de ahí tener un gran desprendimiento.


. La reacción de Abraham ante la prueba de ofrecer su único hijo es de no vacilar y su respuesta es “Dios proveerá”. Esta es la respuesta clave para que aprendamos de ella para nuestra oración. Dios proveerá quiere decir que yo no sé muchas cosas, que yo no entiendo mucho, sólo sé que Dios sabe más y esta es la oración ante Dios. No puedo ser tan soberbio de pretender juzgar a Dios como si le sentara en un banquillo, sino amarle y confiar en él, Dios proveerá, Dios sabe más, y confío en que obedeciéndole me mostrará el camino. La voluntad de Dios no puede estar en contra de mi felicidad y aunque pueda parecer que el camino de Dios está en contradicción con mi felicidad, yo confío en Dios. Esto tiene montones de aplicaciones en nuestra vida.

. El que ora sabe que Dios nos quiere y que Dios lo puede todo por lo tanto uno se puede perfectamente abandonar en Dios y confiar en él y en las situaciones más difíciles puedo decir “todo lo puedo en aquél que me conforta, no temeré unido a él”. Uno es muy débil pero como te fías de Dios que lo puede todo y le dices “hágase tu voluntad”, “que sea lo que Dios quiera”, “Dios proveerá”, entonces uno lo puede todo participando de la potencia del amor de Dios.

Punto 2.573 Dios renueva su promesa a Jacob, cabeza de las doce tribus de Israel (cf Gn 28, 10-22). Antes de enfrentarse con su hermano Esaú, lucha una noche entera con “alguien” misterioso que rehúsa revelar su nombre pero que le bendice antes de dejarle, al alba. La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia (cf Gn 32, 25-31; Lc 18, 1-8).


. En Génesis 28,10-22 se nos habla del sueño de Jacob hijo de Isaac: "Jacob salió de Berseba y fue a Jarán. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal, y acostóse en aquel lugar. Y tuvo un sueño; soñó con una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio que Yahveh estaba sobre ella, y que le dijo: «Yo soy Yahveh, el Dios de tu abuelo Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy para ti y tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti se bendencirán todos los linajes de la tierra; y por tu descendencia. Mira que yo estoy contigo; te guardaré por doquiera que vayas y te devolveré a este solar. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.» Despertó Jacob de su sueño y dijo: «¡Así pues, está Yahveh en este lugar y yo no lo sabía!» Y asustado dijo: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!» Levantóse Jacob de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz. Jacob hizo un voto, diciendo: «Si Dios me asiste y me guarda en este camino que recorro, y me da pan que comer y ropa con que vestirme, y vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces Yahveh será mi Dios; y esta piedra que he erigido como estela será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, te pagaré el diezmo.»" En este pasaje conocido como la escala de Jacob, se manifiesta nuevamente la promesa que Dios había hecho a Abraham. Dios estaba revelando a Jacob en un sueño la realidad de Jesucristo y María representados en la escalinata que Dios ha trazado entre Dios y el hombre. La lección que nos quiere dar aquí el Catecismo es la confianza de que Dios quiere trazar su camino para llegar a nosotros, la oración no es inventar un camino sino descubrir el camino que Dios nos ha dado. No es lo mismo ser inventor que descubridor, el inventor se saca de su genio algo que no existía mientras que el descubridor se sorprende al descubrir, al conocer algo que estaba oculto y que le ha sido revelado, por ejemplo uno descubre el Polo Norte pero no lo inventa porque ya existía y en ese sentido quien hace oración lo que hace es descubrir los caminos de Dios. Algunos se piensan que la fe es un invento, y no, la fe es un descubrimiento, que es muy distinto.

domingo, 23 de abril de 2017

Catecismo 2570-2571. La Promesa y la oración de la fe I

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Punto 2.570 Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino “como se lo había dicho el Señor” (Gn 12, 4): todo su corazón “se somete a la Palabra” y obedece. La escucha del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen cumplirse (cf Gn 15, 2-3). De este modo surge desde los comienzos uno de los aspectos de la tensión dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.

. La oración se revela sobre todo a partir de nuestro padre Abraham, pues en él comenzamos a tener un maestro de oración. La oración es obediencia, la oración es la búsqueda de la voluntad de Dios, es sometimiento a la voluntad de Dios, obediencia gozosa de la voluntad de Dios. La clave de la oración es la obediencia en la fe, un acto de fe, de confianza en Dios y de obediencia, la primera oración que Abraham hizo fue una oración no formulada con palabras sino una oración de sometimiento interno a la voluntad de Dios. Tenemos que desconfiar de una oración que no se traduce en una mayor obediencia porque si no estamos haciendo una oración más de búsqueda de uno mismo que otra cosa, la oración es búsqueda de Dios, búsqueda de su voluntad. La oración es Cristo céntrica, es decir, nace de Dios y termina en Dios, e integra al hombre.

. Se pone a Abraham como modelo de la oración, Abraham en su primer periodo de su vida de su encuentro no dice palabras sino que su oración consiste en confiar y en seguir la llamada de Dios en obediencia que le ha dicho que lo deje todo y que vaya donde él le muestre. La oración de Abraham se expresa primeramente en hechos, hombre de silencio que va construyendo un altar al Señor en cada etapa. El silencio está muy ligado a la oración, si uno tiene miedo al silencio, si uno tiene miedo a quedarse a solas con Dios no va a hacer nunca oración, hay que perderle miedo al silencio. La madre Teresa nos dice que el fruto del silencio es la oración, luego no hay que tenerle miedo al silencio pues de nuestro saber callarnos y desde nuestro silencio comenzamos a escuchar a Dios, a obedecerle, a buscarle. Termina este punto diciendo que más tarde aparece su primera oración con palabras, y aparece incluso como una queja velada recordándole a Dios sus promesas que no parecen haberse cumplido como aparece en Génesis 15,2: “Dijo Abram: «Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...?.» Dijo Abram: «He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar.» Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: «No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.»“, es decir, que también Abraham comienza a hablar y su primera palabra es de lamento, de queja, es decir, una palabra que denota su lucha interior, que es la lucha de todos nosotros, esa lucha que tiene Abraham entre confiar en Dios y por otra parte decir que no ve, no nota la bendición de Dios y Yahveh le dice “confía”. Esa lucha es la lucha de todo hombre contra nuestra desconfianza frente a la voluntad de Dios que es mi bien. Hacer oración bien no es tener un pulso frente a la voluntad de Dios sino frente a nuestra desconfianza, frente a la falta de obediencia, frente a nuestra soberbia.

Punto 2.571 Habiendo creído en Dios (cf Gn 15, 6), marchando en su presencia y en alianza con él (cf Gn 17, 2), el patriarca está dispuesto a acoger en su tienda al Huésped misterioso: es la admirable hospitalidad de Mambré, preludio a la anunciación del verdadero Hijo de la promesa (cf Gn 18, 1-15; Lc 1, 26-38). Desde entonces, habiéndole confiado Dios su plan, el corazón de Abraham está en consonancia con la compasión de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con una audaz confianza (cf Gn 18, 16-33).

. Una vez que Abraham ha confiado en Dios, se produce un misterioso pasaje que es el de la encina de Mambré que es toda una escuela de lo que es la oración que lo vemos en Génesis 18, y el Catecismo lo quiere cotejar con el pasaje de Lucas 1,26-38 punto culminante del encuentro entre Dios y el hombre donde Dios busca a toda la humanidad en María y toda la humanidad en María le dice a Dios “hágase en mi según tu palabra, he aquí la esclava del Señor”. Este momento cumbre lo vemos preparado en el pasaje de Mambré, dónde se le predice la descendencia a Sara mujer de Abraham, se está prefigurando la que será la visita definitiva de Dios a través del arcángel Gabriel a María. Es un pasaje en el que se remarca la acogida de Abraham a Dios. El Catecismo finalmente nos muestra en este punto como Abraham intercede por Sodoma, nos remarca la voluntad de Dios para que seamos corredentores con él, que también nosotros luchemos por la salvación de nuestros hermanos. En resumen, la oración es un acto de obediencia a Dios, un acto de acogida hospitalaria que nos bendice y al mismo tiempo nos asocia y nos introduce en el misterio de redención y corresponsabilidad en el destino eterno de nuestros hermanos. 


sábado, 22 de abril de 2017

Catecismo 2568-2569. En el Antiguo Testamento. La creación, fuente de la oración

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Punto 2.568 La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre, entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: “¿Dónde estás? [...] ¿Por qué lo has hecho?” (Gn 3, 9. 13) y la respuesta del Hijo único al entrar en el mundo: “He aquí que vengo [...] a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb 10, 7; cf. Hb 10, 5-7). De este modo, la oración está ligada con la historia de los hombres; es la relación con Dios en los acontecimientos de la historia humana.

. Lo principal de este punto es cómo Dios nos revela la oración, es decir, como Dios nos ha enseñado a 
hacer oración. Lo que viene a decir es que la revelación de la oración ha tenido lugar a través de la historia de la salvación. Nosotros a veces hemos hecho de la oración algo individualista, subjetivista, algo solo mío que no puedo compartir con nadie, como si fuera un asunto particular de cada uno de nosotros, hemos confundido intimidad con individualismo y son dos cosas bien distintas. Bajo la excusa de que la oración es algo personal e íntimo entonces lo hemos convertido en algo individualista cuando lo cierto es que Dios nos enseña la oración entrando en comunicación con un pueblo, con Israel, y se dirige a Israel como interlocutor. Dios podía haber tenido una relación con cada sujeto a título individual y sin embargo ha querido tomar relación con nosotros a través de un pueblo, a través de Israel, y en la historia de la salvación que ha tenido con ese pueblo nos enseña a orar. Esto tiene que sanar un concepto que tenemos muy anti comunitario, muy individualista.

. Dios habla con el hombre, entra en contacto con él, y el hombre va respondiendo a Dios aunque sea de manera imperfecta y para socorrernos, Dios nos ha enviado a Jesucristo para responder a Dios Padre y todos nosotros estamos unidos a Cristo para responder al Padre, así nuestra respuesta es plena cuando decimos amén en la misa después de participar en: “… por Cristo, con él y en él a ti Dios Padre omnipotente en la comunión del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria…”, nos estamos sumando a las palabras con las que Cristo ha contestado al Padre.

Punto 2.569 La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda por Abel de los primogénitos de su rebaño (cf Gn 4, 4), como invocación del nombre divino por Enós (cf Gn 4, 26), como “marcha con Dios” (Gn 5, 24). La ofrenda de Noé es “agradable” a Dios que le bendice y, a través de él, bendice a toda la creación (cf Gn 8, 20-9, 17), porque su corazón es justo e íntegro; él también “marcha con Dios” (Gn 6, 9). Este carácter de la oración ha sido vivido en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos.
En su alianza indefectible con todos los seres vivientes (cf Gn 9, 8-16), Dios llama siempre a los hombres a orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de nuestro padre Abraham.


. Dios ha hablado con nosotros a través de la creación, primero lo ha hecho con Adán y Eva, con Abel especialmente en la ofrenda de los dones de la creación, nos ha enseñado a hablar dándole gracias por el don de la descendencia, por el don de la vida, también nos ha enseñado que la propia muerte, que se introdujo como una maldición comienza a ser interpretada como una marcha hacia Dios, y en Noé hay una gran oración que se plantea como una alianza entre Dios y el pueblo, es también una oración intercesora por todos, ante Dios uno no puede presentarse exclusivamente con “mi” necesidad, con lo mío, sino que aunque podamos empezar por el yo, tenemos que acabar en el nosotros. A Dios le resulta muy agradable la oración que termina en el nosotros porque supone un olvido de uno mismo, la oración bien hecha es la que yo soy capaz de olvidarme de mí mismo y ofrecerme a Dios como un instrumento para todos mis hermanos. La ofrenda de Noé es por toda la humanidad, y a Yahveh le conmueve y dice “no volveré a enviar el diluvio, hago un pacto, hago una alianza y el arco iris es imagen de dicho pacto”, arco iris que es imagen de Cristo, puente entre Dios y el hombre, la humanidad y la divinidad.