lunes, 7 de marzo de 2016

Catecismo 820-822. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Hacia la unidad

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Punto 820 Aquella unidad "que Cristo concedió desde el principio a la Iglesia [...] creemos que subsiste indefectible (inevitable) en la Iglesia católica y esperamos que crezca de día en día hasta la consumación de los tiempos" (UR 4). Cristo da permanentemente a su Iglesia el don de la unidad, pero la Iglesia debe orar y trabajar siempre para mantener, reforzar y perfeccionar la unidad que Cristo quiere para ella. Por eso Cristo mismo rogó en la hora de su Pasión, y no cesa de rogar al Padre por la unidad de sus discípulos: "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17, 21). El deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo (cf UR 1).

. Recordemos que la unidad con la que Cristo quiso dotar a su iglesia subsiste indefectiblemente en la iglesia católica reconociendo que hay elementos de verdad en otras iglesias cristianas que tienen su origen en Cristo como por ejemplo la iglesia católica reconoce la validez del bautismo de la iglesia protestante o también reconoce la validez de la eucaristía de la iglesia ortodoxa. Hay varios pasajes en las escrituras donde san Cipriano ve el don de la unidad de la iglesia: en la túnica de Cristo que no fue partida, en la red en la que Pedro sacó una gran cantidad de peces en la pesca milagrosa sin que aquella red se rompiese, en el don que Dios dio a Rahab de juntar en su casa a toda su familia para salvarles de la destrucción, en el mandato de que la familia unida celebrase la cena del cordero pascual,… veía en todo ello imágenes del don de la unidad. San Cipriano nos instruye contra un espíritu rebelde que a veces tenemos, de ir por libre, de romper la comunión con los demás, es ese espíritu que fractura la iglesia y que tenemos todos como fruto del pecado. Contra ese espíritu nos previene san Cipriano para que seamos dóciles como ovejas en el rebaño.

. Cristo da permanentemente a la iglesia el don de la unidad, pero la iglesia debe orar y trabajar siempre. Esa unidad ha sufrido heridas, no ha perecido pero sí ha padecido muchos zarpazos a lo largo de la historia y sufrimos la falta de unidad total que es una tarea que está pendiente de realizar plenamente.   
Punto 821 Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:
— una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad (UR 6);
— la conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio" (cf. UR 7), porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;
— la oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual" (UR 8);
— el fraterno conocimiento recíproco (cf. UR 9);
— la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes (cfUR 10);
— el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades (cf UR 4, 9, 11);
— la colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres (cf UR 12).

. Para llegar a la unidad entre las iglesias no es cuestión de negociar entre ellas, en las que unas ceden en unos temas y otras en otros, sino que llegaremos cuando profundicemos en la fidelidad en lo que Cristo nos dijo, la unión tiene que hacerse en la voluntad de Cristo, volviendo a los orígenes y al espíritu primero en el que fuimos fundados. Esos zarpazos que ha recibido la iglesia, fueron los que rompieron la unidad de la iglesia, causados por los pecados personales, y por  lo tanto tiene que ser la conversión personal de los miembros de la iglesia la que posibilite ese ámbito de volver a sembrar la plena unidad. Si estamos convertidos en Cristo se podrá fomentar la mutua hermandad.

. Una manera más de responder al llamamiento a la unidad es la oración en común, y esto se ha traducido en algo tan concreto como es el octavario de la unidad de los cristianos que hacemos todas las iglesias cristianas antes del día 25 de enero. Otro medio es el fraterno conocimiento recíproco, es bueno que haya dentro de nuestra formación espiritual un conocimiento de cuál es la historia de nuestros hermanos separados. Otro es la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes, se ha profundizado en algunas asignaturas en las que se forman los seminaristas al sacerdocio para conocer cuáles son las diferencias que nos separan de otras iglesias cristianas sin espíritu polémico, pues hay que conocer en profundidad lo que afirman otras iglesias para saber distinguir nuestra fe de ellos no en plan polémico que fractura más la unidad, pero tampoco sin renegar nuestras convicciones por buscar una falsa amistad o paz, y siempre con un espíritu constructivo. El diálogo entre los teólogos católicos y otras confesiones cristianas que de hecho ya se producen ayudan a avanzar en la unidad, así como los encuentros cristianos y la colaboración entre los cristianos en diferentes campos de servicio a los demás. En la medida en que trabajemos en común en muchas obras sociales nos ayudará mucho para avanzar hacia la unidad.  

Punto 822 "La preocupación por el restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores" (cf UR 5). Pero hay que ser "conocedor de que este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la una y única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana". Por eso hay que poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo" (UR 24).


. Por una parte no pensemos que esto del ecumenismo es solo cosa de los pastores y de las altas esferas, sino que el ecumenismo también tiene que hacerse desde abajo, que es una tarea de todos. Hemos de tener conciencia que la unidad es algo que supera nuestras fuerza, nos hace falta la gracia de Cristo para recuperar esa unidad.

domingo, 6 de marzo de 2016

Catecismo 817-819. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Las heridas de la unidad

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Punto 817 De hecho, "en esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones (falta de acuerdo) más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes" (UR 3). Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma [cf CIC can. 751]) no se producen sin el pecado de los hombres:
Ubi peccata sunt, ibi est multitudo, ibi schismata, ibi haereses, ibi discussiones. Ubi autem virtus, ibi singularitas, ibi unio, ex quo omnium credentium erat cor unum et anima una ("Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas, herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma": Orígenes, In Ezechielem homilia 9, 1).

. En el pecado viene la desunión, cosa que vemos claro en el momento del pecado original cuando Adán y Eva rompen la comunión con Dios y comienzan a discutir entre ellos, a echarse la culpa mutuamente. El pecado es pues el germen de desunión. Desde el primer momento surgieron ataques contra la unidad, las herejías, los cismas… tuvieron lugar desde el primer momento y lo vemos en la sagrada escritura en las cartas de Pablo y el evangelio de san Juan que reflejan una lucha contra las herejías gnósticas que fueron una de las primeras manifestaciones de ruptura que hubo dentro de la iglesia. Es decir, no nos quedemos con que es una cosa de Lutero sino que es desde siempre. Este tipo de rupturas se producen no sin culpa de los hombres de ambas partes.  

Punto 818 Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos [...] justificados por la fe en el Bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor" (UR 3).

. El catecismo aquí nos indica que los hijos de los que rompieron con la iglesia, que han nacido dentro de esa herejía, no tienen la culpa de haber producido ellos la ruptura, de aquel pecado de soberbia de ruptura son culpables los que lo hicieron y Dios les juzgará y lo dejamos en manos de Dios, como todas las cosas. No podemos achacar a los hijos de aquellos cismáticos la culpa de aquella ruptura y la iglesia los abraza con respeto y fraternidad, pues son cristianos aunque no estén en comunión con la iglesia católica.

. No se puede negar desde el principio que hubo herejías, cismas y apostasías. La herejía es una negación de una verdad que ha de creerse como de fe divina, la apostasía es el rechazo de la fe cristiana y el cisma es el rechazo de la sumisión al sumo pontífice, por eso lo que llamamos la iglesia ortodoxa no fue tanto una herejía sino fue más un cisma porque la iglesia ortodoxa lo que hizo fue rechazar el gobierno directo del Papa de Roma pero no rompió con verdades de fe como ocurrió con el caso de Lutero que además hubo un rechazo en la creencia de muchos dogmas y puntos de fe. En este marco, todavía podemos decir que la iglesia es una. A pesar de nuestra tendencia por nuestro pecado a romper la unidad cabe seguir hablando de que la iglesia es una porque sigue permaneciendo en pie el medio para poder encontrar la unidad de la iglesia, la fe predicada por los obispos en comunión con el Papa. Y uno de estos medios es este mismo Catecismo.     

Punto 819 Además, "muchos elementos de santificación y de verdad" (LG 8) existen fuera de los límites visibles de la Iglesia católica: "la palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles" (UR 3; cf LG 15). El Espíritu de Cristo se sirve de estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación cuya fuerza viene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia católica. Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él (cfUR 3) y de por sí impelen a "la unidad católica" (LG 8).

. La iglesia una, no está rota porque conservamos los medios para encontrar esa unidad. La unidad en la iglesia es una tarea, no es algo que esté concluido, pues hay muchos pecados que atentan contra la unidad y tenemos que estar en permanente construcción. En primer lugar es una tarea interna porque existen muchas disensiones en el seno de la iglesia, y es también una tarea externa porque sigue siendo necesaria la labor ecuménica con otras iglesias o comunidades eclesiásticas que guardan elementos de verdad y de santificación de la iglesia que Cristo fundó. Tienen sacramentos válidos, la mayoría el bautismo.


. San Cipriano nos dice que es más temible la herejía que la persecución. Dice que lo malo de las herejías es que el enemigo no viene con rostro de enemigo sino que viene siempre escondiéndose con pretensiones buenas, queriendo decir que hay cosas que hay que mejorar, es decir, el enemigo siempre se esconde bajo capas de bien. No viene diciendo que quiere romper frontalmente la unidad de la iglesia  sino recurre a justificaciones, motivos etc y esto hay que desenmascararlo porque la finalidad que busca es la ruptura de la iglesia. Así san Cipriano dice que prefiere un soldado romano, un león en la arena del circo, porque ahí ve al enemigo de cara y no se esconde bajo capa de bien lo que en el fondo es una ruptura.    

viernes, 4 de marzo de 2016

Catecismo 811-816. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica. La Iglesia es una

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Punto 811 "Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica" (LG 8). Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí (cf. DS 2888), indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar cada una de estas cualidades.

. La iglesia es una, santa, católica y apostólica. A estos cuatro atributos de la iglesia se les ha solido llamar con el  nombre de notas o signos de veracidad de la iglesia. La iglesia fue fundada por Cristo sobre el fundamento de Pedro y de sus apóstoles, particularmente cuando Jesús estableció en la eucaristía la nueva alianza del nuevo pueblo de Dios y cuando le infunde el Espíritu como garantía de esa nueva alianza. Se plantea el dilema de que hoy en día existan varias iglesias como la anglicana, la luterana, la ortodoxa…. entonces hay el dilema de decir “dónde se encuentra la verdadera iglesia que Cristo fundó?”. Qué criterios de veracidad tenemos para discernir la verdadera iglesia?. Esto no es un dilema actual sino que ocurre desde el principio. Ya en el s.II, san Irineo de Lyon puso la sucesión apostólica como garantía de verdad, dijo que en la iglesia católica hay una sucesión apostólica, es decir, uno se puede retrotraer desde el obispo de su diócesis hasta uno de los doce apóstoles, nos hablaba de la sucesión católica como un criterio de discernimiento.

. San Agustín nos recuerda que el Señor después de la resurrección dio el encargo a Pedro de apacentar las ovejas hasta el episcopado actual. San Agustín se refiere especialmente como san Irineo a la apostolicidad, al hecho de que la iglesia venga por la sucesión de los apóstoles. Vemos como la división se dio desde el principio, no pensemos que hasta que surgió el cisma de la iglesia ortodoxa o hasta que surgió Lutero no había habido problemas y divisiones en la iglesia. Ya san Irineo tuvo que hacer frente a la herejía gnóstica desde un principio por desgracia. Se preguntaban ya desde el principio, por los criterios de veracidad para encontrar la iglesia a la que Cristo había prometido que “el poder del infierno no podría contra ella”, que por otra parte esa promesa de Cristo tiene que haberse cumplido porque la palabra de Cristo es eficaz. Con ocasión de la reforma protestante hubo una reflexión más profunda para discernir cual era la verdadera iglesia fundada por Cristo y se habló de signos, atributos: que la iglesia es una, santa, católica y apostólica. Estas propiedades nos permiten reconocer a la verdadera iglesia de Cristo. Es importante decir que estas cuatro propiedades no hay que utilizarlas despreciando a las demás iglesias pues hay también elementos sueltos de verdad en las otras iglesias.

Punto 812 Sólo la fe puede reconocer que la Iglesia posee estas propiedades por su origen divino. Pero sus manifestaciones históricas son signos que hablan también con claridad a la razón humana. Recuerda el Concilio Vaticano I: "La Iglesia por sí misma es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misión divina a causa de su admirable propagación, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad" (DS 3013).

. Es necesario pues que la iglesia muestre ante el mundo esos atributos que le legitiman como la iglesia fundada por Jesucristo. El  atributo principal de los cuatro es la apostolicidad y los otros tres se sustentan sobre él.

Punto 813 La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas" (UR2). La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado [...] por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios [...] restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo" (GS 78, 3). La Iglesia es una debido a su "alma": "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia" (UR 2). Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una:
«¡Qué sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos del universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay también una sola virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia» (Clemente de Alejandría, Paedagogus 1, 6, 42).

. La iglesia es una, es una debido a su fundador. Lo que se afirma aquí es que la iglesia es una en primer lugar debido a su origen, a su origen en Cristo. Cristo jamás quiso fundar más de una iglesia, tuvo un auténtico deseo de petición de unidad para nosotros. En Juan 10,16 Jesús nos dice “también tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traer. Ellas me obedecerán, y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. Después de la última cena Cristo pidió al Padre por la unidad de la iglesia, Juan 17,21-23Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas como me amas a mí”. Jesús insiste en que ese ser uno será un signo delante de los demás para que los demás crean. La iglesia es instrumento, es sacramento de unidad entre Dios y los hombres.

Punto 814 Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; "dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones" (LG 13). La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar a "guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3).

. Aquí se contrasta el principio de la unidad y de la diversidad, el Espíritu Santo no solo realiza la unidad sino también su legítima diversidad concediendo variedad de carismas y de dones. La palabra de Cristo es la que nos une, las iglesias particulares están todas unidas en la misma fe, en la misma palabra que nos une, en una común unión con Jesucristo. Uno no crece a solas, sino en comunión. Un ejemplo muy claro es el de san Pablo cuando tuvo su encuentro con Cristo camino de Damasco, Pablo fue a los apóstoles, a las columnas de la iglesia, a comprobar su evangelio con ellos, no fuera que corriera en vano.   

Punto 815 ¿Cuáles son estos vínculos de la unidad? "Por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14). Pero la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:
— la profesión de una misma fe recibida de los Apóstoles;
— la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos;
la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios (cf UR 2; LG 14; CIC, can. 205).

. Se distingue entre los vínculos visibles y los vínculos invisibles de la unidad, hay un vínculo que es más invisible, que es el vínculo de la caridad, aunque se traduce en formas visibles y concretas, y luego hay vínculos visibles de unión que son tres: la profesión de una misma fe recibida por Jesucristo y trasmitida por la iglesia; la celebración común del culto divino, es decir, la liturgia es una expresión externa de nuestra unión; y la sucesión apostólica por el sacramento del orden, hay una estructura humana que tiene, al sucesor de Pedro y a los apóstoles, a los obispos como responsables últimos de regir la iglesia, es necesaria una estructura, unos medios, una disciplina, unas normas mínimas de organización de cómo educar un sacerdote, de cómo regular la preparación al matrimonio etc etc.

. Recordemos que el vínculo último de la unidad es la caridad. Colosenes 3,14: “por encima de todo esto revestíos del amor…” y por ejemplo, vemos en la parábola del hijo prodigo que el hijo mayor vivía en la casa del padre pero no vivía en el corazón del padre. Uno puede estar corporalmente dentro de la iglesia pero puede que no esté unido en la caridad al espíritu del Señor, y eso no es estar en la unidad, aparentemente uno está en la unidad sin estarlo, no basta una adhesión a los vínculos externos sino que en el fondo el vínculo último de la unión es la caridad. Nuestra meta no es una unidad externa, lo que queremos es vivir en el corazón del padre. El hijo menor de la parábola decide volver a la casa de su padre y lo que le impresiona es que vuelve no como un criado sino que vuelve al corazón de su padre. La verdadera unidad es la unidad en la caridad, la unidad en el amor. Si no podemos estar de cuerpo presente y de espíritu ausente que fue el pecado del hijo mayor y hemos de tener cuidado de que no sea también el pecado de los que formamos parte de la iglesia.         

Punto 816 "La única Iglesia de Cristo, [...] Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran [...]. Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él" (LG 8).
El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: «Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es "auxilio general de salvación", puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único Colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios» (UR 3).

. La iglesia fundada por Cristo viene a ser la iglesia católica, pero no excluye elementos de verdad que tengan su origen en Cristo que estén en otras iglesias. Por ejemplo nosotros reconocemos la validez del bautismo celebrado por la iglesia protestante, ortodoxa o anglicana. Un protestante que se convierte a la iglesia católica no tiene que volver a bautizarse sino que se le reconoce la validez de su bautismo. Pero es la iglesia católica la que ha recibido de Cristo en su seno la plenitud.

domingo, 28 de febrero de 2016

Catecismo 796-801. La Iglesia,Cuerpo de Cristo.La Iglesia es la Esposa de Cristo.La Iglesia,templo del E.S. Los carismas

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Punto 796 La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación personal. Este aspecto es expresado con frecuencia mediante la imagen del esposo y de la esposa. El tema de Cristo Esposo de la Iglesia fue preparado por los profetas y anunciado por Juan Bautista (cf. Jn 3, 29). El Señor se designó a sí mismo como "el Esposo" (Mc 2, 19; cf. Mt 22, 1-14; 25, 1-13). El apóstol presenta a la Iglesia y a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como una Esposa "desposada" con Cristo Señor para "no ser con él más que un solo Espíritu" (cf. 1 Co 6,15-17; 2 Co 11,2). Ella es la Esposa inmaculada del Cordero inmaculado (cf. Ap 22,17; Ef 1,4; 5,27), a la que Cristo "amó y por la que se entregó a fin de santificarla" (Ef 5,26), la que él se asoció mediante una Alianza eterna y de la que no cesa de cuidar como de su propio Cuerpo (cf. Ef 5,29):

. La imagen de la esponsalidad no solo está subrayando la identificación tan grande entre Jesús y su iglesia, entre Jesús y nosotros, entre la cabeza y el cuerpo, además muestra una imagen de Jesucristo que está necesitado de nuestro amor. Cuando Jesús dice a la samaritana “dame de beber”, o a sus discípulos “orad conmigo”, es impresionante ver como Jesús que en sí es la plenitud, que no necesita de nosotros, ha querido necesitar de nosotros y ha querido mendigar nuestra reciprocidad. Esta imagen de esponsalidad, es una imagen de un amor de Dios que se implica con nosotros. En esta sociedad hay personas que no se implican por no complicarse.

. En Juan 3,29 “En una boda, el que tiene a la novia es el novio; y el amigo del novio, que está allí y le escucha, se llena de alegría al oírle hablar. Por eso, también mi alegría es ahora completa”, Juan Bautista se presenta aquí como el amigo del novio (Jesús es el novio que viene a desposarse con nosotros). En Marcos 2,19 leemos “Jesús les contestó: –¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar”. Mientras que Jesús estuvo con sus discípulos, el estaba con los suyos, por lo tanto no era momento de ayunar, y cuando Jesús les sea arrebatado después de su muerte y ascensión, entones ayunaremos. Mateo 22,1-14 “…El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete para la boda de su hijo…”, se presenta el reino de los cielos con la imagen de un rey, imagen de Dios Padre, que celebra el banquete de bodas de su hijo, celebra el desposorio de su Hijo con la humanidad, con su iglesia. Otros textos parecidos los vemos en Mateo 25, 1-13 y en las cartas de san Pablo. Es frecuente en la sagrada escritura la imagen de la esponsalidad de Cristo con su iglesia.  

Punto 797 Quod est spiritus noster, id est anima nostra, ad membra nostra, hoc est Spiritus Sanctus ad membra Christi, ad corpus Christi, quod est Ecclesia ("Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia"; san Agustín, Sermo 268, 2). "A este Espíritu de Cristo, como a principio invisible, ha de atribuirse también el que todas las partes del cuerpo estén íntimamente unidas, tanto entre sí como con su excelsa Cabeza, puesto que está todo él en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros" (Pío XII:Mystici Corporis: DS 3808). El Espíritu Santo hace de la Iglesia "el Templo del Dios vivo" (2 Co 6, 16; cf. 1 Co 3, 16-17; Ef 2,21):
«En efecto, es a la misma Iglesia, a la que ha sido confiado el "don de Dios" [...] Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir, el Espíritu Santo, arras de la incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión hacia Dios [...] Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 3, 24, 1).

. San Agustín hace una comparación muy gráfica: lo que es el alma para nuestro cuerpo, es el Espíritu Santo para la iglesia. Un cuerpo sin alma es un cadáver, el momento de la muerte es el momento de la separación del cuerpo y el alma, y en el momento en que el alma abandona el cuerpo se pierde la vida, se desfigura el rosto en el momento en que esa persona deja de estar ahí. Lo mismo sería la iglesia sin el Espíritu Santo, sería un cadáver, sería meramente una organización llamada a descomponerse. Si la iglesia no tuviese el Espíritu Santo, hace tiempo que se habría descompuesto, que habría desaparecido. El alma habita en todo el cuerpo, si una parte del cuerpo se pierde, el alma deja de estar en esa parte amputada del cuerpo. Lo mismo pasa con la iglesia, cuando nos separamos de la iglesia, le impedimos al Espíritu Santo continuar inhabitando en nosotros y seguir siendo templo del Espíritu.

. Pío XXII complementa la imagen anterior de San Agustín diciendo que el Espíritu Santo está todo él en cada parte de la iglesia, todo él en la cabeza, todo él en el cuerpo, no pensemos que hay un trozo del Espíritu Santo en nosotros y otro poco en…, no el Espíritu Santo está plenamente en cada una de las partes de la iglesia. De la misma manera que fraccionamos el pan eucarístico en parte pequeñas, pues Cristo entero está cada una de esas partes pequeñas. Pio XII insiste en que todo el Espíritu Santo está en cada una de esas partes de la iglesia, y dentro de los distintos carismas asiste plenamente en cada uno. En 2ª Corintios 6.16 “somos santuario de Dios vivo, como dijo Dios, habitaré en medio de ellos” por lo tanto la iglesia es templo vivo de Dios. En 1ª Corintios 3,16-17 “no sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros”, otra vez se insiste en que somos santuario de Dios. Se habla de la iglesia como templo del Espíritu Santo, como santuario, como morada. Por lo tanto todo el Espíritu Santo habita en cada miembro humilde que formamos la iglesia.

. San Irineo (s.XII) habla de la iglesia como a la que se le ha confiado el don de Dios, que es depósito de la comunión con Cristo, es decir, depósito del Espíritu Santo, es decir, la iglesia es un lugar en el que el Espíritu Santo es depositado. Define a la iglesia como escala de nuestra ascensión hacia Dios. Y concluye diciendo que allí donde está la iglesia está el espíritu de Dios y viceversa.

Punto 798 El Espíritu Santo es "el principio de toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del cuerpo" (Pío XII, Mystici Corporis: DS 3808). Actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el cuerpo en la caridad (cf. Ef 4, 16): por la Palabra de Dios, "que tiene el poder de construir el edificio" (Hch 20, 32), por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (cf. 1 Co 12, 13); por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por "la gracia concedida a los apóstoles" que "entre estos dones destaca" (LG 7), por las virtudes que hacen obrar según el bien, y por las múltiples gracias especiales [llamadas "carismas"] mediante las cuales los fieles quedan "preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia" (LG 12; cf. AA 3).

. El Espíritu Santo actúa de diversas formas en la edificación del cuerpo de Cristo: por la palabra de Dios que está formando a la iglesia, por el bautismo que nos incorpora a Cristo, por los sacramentos que hacen crecer y curar, por la gracia concedida a los apóstoles, por los carismas.

Punto 799 Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.

. Los carismas son una de las formas a través de los cuales el Espíritu Santo va construyendo la iglesia. Hay carismas extraordinarios y también carismas humildes, pero todos ellos son gracias del Espíritu Santo. La verdadera medida de los carismas es la caridad. Pueden ser muchos los carismas pero si no tenemos amor no somos nada, si no hay caridad, los demás carismas quedan reducidos a la nada, si no hay caridad, no sirve de nada.

Punto 800 Los carismas se han de acoger con reconocimiento por el que los recibe, y también por todos los miembros de la Iglesia. En efecto, son una maravillosa riqueza de gracia para la vitalidad apostólica y para la santidad de todo el Cuerpo de Cristo; los carismas constituyen tal riqueza siempre que se trate de dones que provienen verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad, verdadera medida de los carismas (cf. 1 Co 13).

. Tenemos que valorar los carismas no tanto por su espectacularidad sino por que estén animados por la caridad. Los carismas tienen que ser acogidos con gratitud por todos nosotros, el hecho de que uno no tenga uno u otro carisma no te da derecho a juzgar o criticar los carismas recibidos en otras personas, no hemos de criticar los carismas porque no sean los nuestros, tenemos que mirar con reconocimiento y gratitud todos los carismas que el Espíritu Santo suscita en la iglesia y dar gracias a Dios porque haya gente que tenga carismas que yo no los tengo.

Punto 801 Por esta razón aparece siempre necesario el discernimiento de carismas. Ningún carisma dispensa de la referencia y de la sumisión a los pastores de la Iglesia. "A ellos compete especialmente no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno" (LG 12), a fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad, al "bien común" (cf. 1 Co 12, 7; cf. LG 30; CL, 24).

. Compete a los pastores de la iglesia no apagar el Espíritu, tienen que discernir y quedarse con lo bueno. Una de las claves para discernir cuando un carisma es verdadero es que sea dócil, que no tenga la terquedad de considerarse autosuficiente. Cuando un carisma es de Dios uno no pretende poseerlo, sino que lo pone con confianza en manos de la iglesia. En 1ªCorintios 12,7 “ a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común”, tenemos que tener mucha confianza en el provecho común, los carismas son para provecho común de todos, y habrá personas a las que ese carisma, aunque no sea el mío, Dios en su providencia lo haya suscitado para bien común de todos.


. El Espíritu Santo sopla donde quiere y muchas veces complementa con los carismas aquello que los ministerios de la iglesia no llegan a alcanzar. No falta el florecimiento de diversos carismas entre los fieles laicos hombres y mujeres, los carismas se conceden a personas concretas pero pueden ser participados por otros, de este modo continúan en el tiempo como herencia que genera una particular afinidad espiritual entre las personas. De la misma manera que en las órdenes religiosas ha existido un fundador y el carisma de ese fundador se ha extendido a través de los miembros de esa orden religiosa, también hay muchos movimientos apostólicos hoy en día en los que Dios ha dado un carisma a un laico fundador de ese movimiento y luego pues todos aquellos que han sentido una llamada del Espíritu Santo a participar de ese movimiento han prolongado y han continuado el carisma que Dios le dio a ese seglar fundador de ese movimiento en la iglesia. Es un signo de que el Espíritu Santo está continuamente llamando, suscitando, creando su iglesia, no solo a través de los ministerios sino también a través de los carismas.    

miércoles, 24 de febrero de 2016

Catecismo 790-795. La Iglesia, Cuerpo de Cristo. 'Un solo cuerpo'. Cristo, Cabeza de este Cuerpo

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Punto 790 Los creyentes que responden a la Palabra de Dios y se hacen miembros del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a Cristo: "La vida de Cristo se comunica a los creyentes, que se unen a Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de una manera misteriosa pero real" (LG 7). Esto es particularmente verdad en el caso del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo (cf. Rm 6, 4-5; 1 Co 12, 13), y en el caso de la Eucaristía, por la cual, "compartimos realmente el Cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la comunión con él y entre nosotros" (LG 7).

. La afirmación de este punto insiste en que estamos siendo alimentados, que Cristo alimenta su iglesia, que la cabeza alimenta al cuerpo. Y lo hace a través del bautismo y la eucaristía. El bautismo nos injerta en Cristo dándonos una vida nueva, y por otra parte el bautismo se complementa con la eucaristía dónde se nos alimenta. Primero nos injerta y luego nos alimenta. En el bautismo nace la unión con Cristo y en la eucaristía nos alimenta. Nuestra unión con Cristo no es por mero voluntarismo nuestro, no basta quererlo o desearlo, sino que esa unión se realiza por medio de los sacramentos que son el camino por el que se hace posible la unión. Los sacramentos son un don místico que nos supera, son pura gracia de Cristo. 

Punto 791 La unidad del cuerpo no ha abolido la diversidad de los miembros: "En la construcción del Cuerpo de Cristo existe una diversidad de miembros y de funciones. Es el mismo Espíritu el que, según su riqueza y las necesidades de los ministerios, distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia". La unidad del Cuerpo místico produce y estimula entre los fieles la caridad: "Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros se alegran con él" (LG 7). En fin, la unidad del Cuerpo místico sale victoriosa de todas las divisiones humanas: "En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3, 27-28).

. Cuando tenemos una parte de nuestro cuerpo enferma no se nos ocurre decir mi estómago está enfermo o mi brazo está enfermo, sino que decimos estoy enfermo, porque tenemos bien claro que cuando nos duele el estómago u otro miembro nos afecta al resto del cuerpo. Tener un miembro del cuerpo enfermo nos condiciona al resto de nuestro cuerpo. Tal es la unidad que formamos en la iglesia, que no podemos fraccionar nuestras partes, uno no puede desprenderse de una parte sin que eso afecto al todo. Esta imagen que tenemos del cuerpo es aplicable a la iglesia.

. Unidad y diversidad: nos cuesta un montón compaginar la unidad y la diversidad. Hemos de integrar unidad y diversidad con la caridad. La caridad es la clave, en el momento en que hay un amor que nos mueve a todos los que formamos la iglesia, deja de haber problemas entre unidad y diversidad. Si hay caridad no hay conflicto y se alcanza la unidad. Cuando falta la caridad somos muy dados a subrayar lo que nos diferencia. Cuando estamos unidos en Cristo esas diferencias son anecdóticas y cuando no estamos llenos de la caridad de Cristo las diferencias suelen ser siempre motivo de fricción porque parece que yo afirmo lo mío frente a lo tuyo, es una especie de afirmar para contraponerte a otra persona y no para complementar. Cuando es el espíritu de Cristo las diferencias son motivo de alegría pero cuando no estamos movidos por el Espíritu Santo, las diferencias son motivo de pique, de fricción, de comparación, tendemos a restar en lugar de sumar. El Espíritu Santo es el que forma la unidad en la iglesia sin que sea en detrimento de la diversidad y forma la diversidad sin que sea en detrimento de la unidad.       

Punto 792 Cristo "es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia" (Col 1, 18). Es el Principio de la creación y de la redención. Elevado a la gloria del Padre, "él es el primero en todo" (Col 1, 18), principalmente en la Iglesia por cuyo medio extiende su reino sobre todas las cosas.

. Este punto remarca el cristo-centrismo, Cristo como centro, como alfa y omega, principio y fin.

Punto 793 Él nos une a su Pascua: Todos los miembros tienen que esforzarse en asemejarse a él "hasta que Cristo esté formado en ellos" (Ga 4, 19). "Por eso somos integrados en los misterios de su vida [...], nos unimos a sus sufrimientos como el cuerpo a su cabeza. Sufrimos con él para ser glorificados con él" (LG 7).

. Cristo no me salva desde fuera sin transfórmame. La salvación no es algo extrínseco. Cristo ha de formarse en nosotros para que la redención sea completa en el sentido de que el Señor nos transforme por dentro. Cristo que es la cabeza configura el cuerpo conforme a la gracia que le está dando, gradualmente, poco a poco la gracia de esa cabeza va transformando al cuerpo. Siendo integrados en los misterios de la vida de Jesús nos vamos transformando, recordando por ejemplo cuando Jesús se retiró al desierto cuarenta días, nosotros comenzamos la Cuaresma, y se nos predica la penitencia, el ayuno, es decir, nos integramos en los misterios de Jesús, y cuando recordamos la Pasión de Jesús, nosotros nos disponemos a morir al hombre viejo, al pecado que arrastramos para nacer de nuevo, es decir, para que no solo seamos espectadores de lo que le pasó a Jesús sino que lo que le ocurrió a Jesús pase por nosotros. Es una unión entre la cabeza y el cuerpo.      

Punto 794 Él provee a nuestro crecimiento (cf. Col 2, 19): Para hacernos crecer hacia él, nuestra Cabeza (cf. Ef 4, 11-16), Cristo distribuye en su Cuerpo, la Iglesia, los dones y los servicios mediante los cuales nos ayudamos mutuamente en el camino de la salvación.

. En Efesios 4,11-16 “Y él mismo concedió a unos ser apóstoles, y a otros, profetas; a otros anunciar el evangelio, y a otros ser pastores y maestros. Así preparó a los suyos para un acto de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo…”, Cristo nuestra cabeza provee al crecimiento del cuerpo, y lo hace por ejemplo en la vida sacramental, en la oración, en la vida eclesial, en el testimonio de los santos, etc.   

Punto 795 Cristo y la Iglesia son, por tanto, el "Cristo total" [Christus totus]. La Iglesia es una con Cristo. Los santos tienen conciencia muy viva de esta unidad:
«Felicitémonos y demos gracias por lo que hemos llegado a ser, no solamente cristianos sino el propio Cristo. ¿Comprendéis, hermanos, la gracia que Dios nos ha hecho al darnos a Cristo como Cabeza? Admiraos y regocijaos, hemos sido hechos Cristo. En efecto, ya que Él es la Cabeza y nosotros somos los miembros, el hombre todo entero es Él y nosotros [...] La plenitud de Cristo es, pues, la Cabeza y los miembros: ¿Qué quiere decir la Cabeza y los miembros? Cristo y la Iglesia» (San Agustín, In Iohannis evangelium tractatus, 21, 8).
Redemptor noster unam se personam cum sancta Ecclesia, quam assumpsit, exhibuit ("Nuestro Redentor muestra que forma una sola persona con la Iglesia que Él asumió") (San Gregorio Magno, Moralia in Job, Praefatio 6, 14)
Caput et membra, quasi una persona mystica ("La Cabeza y los miembros, como si fueran una sola persona mística") (Santo Tomás de Aquino, S.th. 3, q. 48, a. 2, ad 1).
Una palabra de Santa Juana de Arco a sus jueces resume la fe de los santos doctores y expresa el buen sentido del creyente: "De Jesucristo y de la Iglesia, me parece que es todo uno y que no es necesario hacer una dificultad de ello" (Juana de Arco, Dictum: Procès de condamnation).


. Se subraya por parte de san Agustín que hemos llegado a ser no solamente cristianos sino que hemos llegado a ser Cristo porque tal es la unión entre la cabeza y el cuerpo que no se diferencian. Si Cristo es mi cabeza no es que sea una parte de mí, es que soy yo. Cristo cuando le dice a Pablo “yo soy Jesús a quien tú persigues”, Cristo se identifica totalmente con su iglesia, entiende que la iglesia no es que sea su cuerpo, es que es él mismo.

domingo, 21 de febrero de 2016

Catecismo 787-789. La Iglesia, Cuerpo de Cristo. La Iglesia es comunión con Jesús

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Punto 787 Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (cf. Mc. 1,16-20; 3, 13-19); les reveló el Misterio del Reino (cf. Mt 13, 10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lc 10, 17-20) y en sus sufrimientos (cf. Lc 22, 28-30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre Él y los que le sigan: "Permaneced en mí, como yo en vosotros [...] Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (Jn 15, 4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 56).

. Marcos 1,16-20 dice “Paseaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al agua. Les dijo Jesús: –Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Al momento dejaron sus redes y se fueron con él. Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a su hermano Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca reparando las redes. Al punto Jesús los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con sus ayudantes, se fueron con Jesús”. En Marcos 3.13-19 nos dice que Jesús pasó la noche haciendo oración y al día siguiente instituyó los doce apóstoles. Jesús asoció a sus discípulos a su vida, es decir, Jesús se rodeó de los apóstoles al comienzo de su vida pública, compaginó su predicación a todas las masas con una experiencia de intimidad con un grupo reducido en torno a él, que estaban recibiendo un discipulado de Jesucristo. Jesús no elige de entre las masas a un grupo, sino que lo hace al mismo tiempo que comienza su predicación.   

 . Lógicamente los discípulos comentarían cosas con Jesús, preguntarían sus dudas. Jesús les reveló a sus discípulos el misterio del reino, en Mateo 13,10-17 “Los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron por qué hablaba a la gente por medio de parábolas.  Jesús les contestó: “A vosotros, Dios os da a conocer los secretos de su reino; pero a ellos no. Pues al que tiene, se le dará más y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo por medio de parábolas; porque ellos miran, pero no ven; escuchan, pero no oyen ni entienden. En ellos se cumple lo que dijo el profeta Isaías: ‘Por mucho que escuchéis, no entenderéis; por mucho que miréis, no veréis. Pues la mente de este pueblo está embotada: son duros de oído y han cerrado sus ojos, para no ver ni oír, para no entender ni volverse a mí y que yo los sane.’ “Pero dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven y oídos que oyen.  Os aseguro que muchos profetas y gente buena desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; desearon oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”.  Jesús reveló el misterio del reino especialmente utilizando parábolas, que era un género muy adecuado y sugerente para quien tiene deseo de conocer porque sugieren mucho. Para quién no tiene el corazón abierto las parábolas son un género difícil, oscuro y fastidioso, porque en el fondo no tiene el deseo de un conocimiento profundo y vital, más bien está a la defensiva y la parábola le estorba. En ese discipulado tan íntimo que tenía Jesús, utilizó las parábolas para revelar la esencia del reino de Dios.  

. Es el hombre el que no quiere entender lo que sugieren las parábolas y aunque escuchan no entienden, y por mucho que miran no ven. Los que tienen deseo de conocer a Jesús le pueden conocer y los que no tienen deseo de conocer a Jesús no le van a entender, les va a resultar fastidioso. Jesús respeta esa cerrazón de los hombres. Se dice que no hay razones para quien no quiere entender y basta una sugerencia para quien está deseando entender, y esa sugerencia era la parábola.

. Jesús les dio parte en su misión y en sus alegrías, Jesús compartió con ese discipulado. En Lucas 10,17-20 “Los setenta y dos regresaron muy contentos, diciendo: –¡Señor, hasta los demonios nos obedecen en tu nombre! Jesús les dijo:–Sí, pues yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Os he dado poder para que pisoteéis serpientes y alacranes y para que triunféis sobre toda la fuerza del enemigo sin sufrir ningún daño. Pero no os alegréis de que los espíritus os obedezcan, sino de que vuestros nombres ya estén escritos en el cielo”. Aparte de los doce, había un círculo un poco más amplio cuando vemos a los setenta y dos que tuvieron como su primera experiencia apostólica y venían radiantes de alegría al ver que lo que Jesús les había enseñado tenían la capacidad de ponerlo en práctica y estaban sorprendidos de reproducir las enseñanzas. Estaban contentos y gozosos al igual que Jesús.

. Jesús habla de una comunión más íntima con los que le siguen “permaneced en mí como yo en vosotros, yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él“, es decir, nos recuerda como esa comunión se prolonga más allá de la convivencia de Jesús con sus discípulos. Estamos recibiendo de continuo la vida de Cristo en nosotros, especialmente por la eucaristía.   

Punto 788 Cuando fueron privados los discípulos de su presencia visible, Jesús no los dejó huérfanos (cf. Jn 14, 18). Les prometió quedarse con ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt28, 20), les envió su Espíritu (cf. Jn 20, 22; Hch 2, 33). Por eso, la comunión con Jesús se hizo en cierto modo más intensa: "Por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos, reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye místicamente en su cuerpo" (LG 7).

. Juan 14,16-18 “Y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero vosotros lo conocéis, porque él está con vosotros y permanecerá siempre en vosotros. No voy a dejaros abandonados: volveré para estar con vosotros”, Jesús habla de cómo el mundo en el sentido mundano, no conoce al Espíritu, y lo que Jesús había hecho en sus discípulos era prepararles para que tengan una apertura al Espíritu Santo. Si los discípulos ahora pueden recibir el Espíritu Santo es porque Jesús había hecho que ellos conociesen al Espíritu y por eso él dice “le pediré al Padre que os envíe otro paráclito”. Jesús ha ido preparando a los discípulos para que tengan sed, ya han comenzado a conocerle porque ya mora en ellos, Jesús ha ido purificando a los discípulos de sus apegos para que no tengan obstáculos en recibir el Espíritu Santo.

. Jesús no nos deja huérfanos, en Mateo 28, 19-20 “Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo  y enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Este texto es importante porque hay una diferencia esencial entre el discipulado humano que ocurre en el seno de una familia, de una escuela o universidad, en el que el discipulado humano hace que uno en la medida en que ha sido formado cada vez es más independiente de su maestro, pero con Jesús es distinto, el discipulado no consiste luego en independizarse de él, sino que cada vez uno se une más a Él. Cada vez uno recibe más de Jesús y se llega a entender la frase de que sin Él no somos nada hasta el punto de que san Pablo llega a decir “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. El discipulado no se queda en una época de nuestra vida en la que nos llenamos de conceptos, aprendemos, y luego vamos por libre. El verdadero discipulado es aquél que se siente más dependiente de Jesús, cada vez está más unido a Jesús hasta formar parte de él. Esto es importante distinguir para no confundir el discipulado humano del discipulado de Jesús. La madurez no es hacerse independiente sino en estar más unido a Jesús.      
Punto 789 La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está solamente reunida en torno a Él: siempre está unificada en Él, en su Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia "cuerpo de Cristo" se han de resaltar más específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por su unión con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo.


. No nos basta con decir que la iglesia está reunida en torno a Cristo, no se trata de que estemos coordinados con Cristo, sino que hablamos de que la iglesia está unificada con Cristo en su cuerpo. Cuando san Pablo está persiguiendo a la iglesia, es derribado del caballo camino de Damasco, escucha una voz, Pablo pregunta quién eres tú, la voz contesta yo soy Jesús a quien tu persigues. Pablo persiguiendo a la iglesia, aún sin saberlo, Pablo está persiguiendo a Jesús. Es un texto bien claro de la unificación que hay entre Jesús y su iglesia. En Mateo 10,40 Jesús nos dice “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió”, qué unión tan grande hay entre Jesús y sus discípulos que la compara a la unión que hay entre Jesús y el Padre, y en el evangelio de san Juan vemos como Jesús dice que “el Padre y yo somos una sola cosa”, por lo que en consecuencia lógica podemos decir “mi iglesia y yo somos una sola cosa”.