sábado, 22 de octubre de 2016

Catecismo 946-948. La comunión de los santos

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Punto 946 Después de haber confesado "la Santa Iglesia católica", el Símbolo de los Apóstoles añade "la comunión de los santos". Este artículo es, en cierto modo, una explicitación del anterior: "¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos?" (San Nicetas de Remesiana, Instructio ad competentes 5, 3, 23 [Explanatio Symboli, 10]: PL 52, 871). La comunión de los santos es precisamente la Iglesia.

. La comunión de los santos y la iglesia son dos realidades enlazadas la una con la otra.

Punto 947 "Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros [...] Es, pues, necesario creer [...] que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza [...] Así, el bien de Cristo es comunicado [...] a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia" (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, 13). "Como esta Iglesia está gobernada por un solo y mismo Espíritu, todos los bienes que ella ha recibido forman necesariamente un fondo común" (Catecismo Romano, 1, 10, 24).

. Todos los seres que formamos este género humano, tenemos una misteriosa unión por formar parte del mismo género, los que compartimos la misma naturaleza humana tenemos una misteriosa unión, nada que pase a otro ser humano es indiferente para nosotros. Recordemos que el pecado original de Adán y Eva se trasmitió a todo el género humano por una misteriosa unión del género humano que tiene un mismo origen y un mismo destino en Dios. Jesús al asumir la naturaleza humana se ha unido con todo ser humano. Todos los que formamos parte de este género tenemos una comunión entre nosotros por nuestra naturaleza humana, y además los bautizados formamos parte de un cuerpo místico cuya cabeza es Cristo.

. Nos puede servir la imagen gráfica para expresar esta comunión de Cristo con su iglesia, de un árbol que tiene sus raíces bajo tierra, y esas raíces son imagen de Cristo que desde su ascensión a los cielos no es visible para nosotros. Esas raíces fundan el tronco que es la iglesia, que es visible y recibe de Cristo su vida. Por las venas de la iglesia, por los vasos capilares de ese tronco corre esa savia, es sangre de Cristo, esa gracia del Espíritu Santo. Jesús da su vida, da el Espíritu Santo y lo da a través del tronco que es la iglesia. Ese árbol tiene unos frutos que son los sacramentos, de tal forma que cuando tomamos esos frutos recibimos en ese sacramento la vida de Cristo trasmitida por el Espíritu Santo a través de la iglesia. Esta imagen subraya la conjunción de misterios, como todo confluye, como todo está íntimamente integrado frente a la tendencia que a veces tenemos nosotros de recibir unas verdades de fe a la carta, es decir, cuando decimos que “creo en Cristo pero no creo en la iglesia”, o decimos “yo creo en este sacramento pero en este otro sacramento no”, es decir, cosas que son absolutamente incoherentes. Vemos como alguien hoy en día se acerca a la iglesia y pide un sacramento cuando no ha recibido otro, y uno dice “el Señor tendrá paciencia con nosotros”… en lugar de tener una visión integrada y en comunión de todos los misterios, tenemos una visión fragmentada de ellos y parece que nos acercamos a Dios como quien va al supermercado a coger unos productos y rechazar otros según le parezca o convenga. Los bienes de gracia son comunicados por Cristo a su iglesia formando un fondo común, un depósito común del que nos somos dueños ante el cuál nos postramos y veneramos.

Punto 948 La expresión "comunión de los santos" tiene, pues, dos significados estrechamente relacionados: "comunión en las cosas santas [sancta]" y "comunión entre las personas santas [sancti]".
Sancta sanctis [lo que es santo para los que son santos] es lo que se proclama por el celebrante en la mayoría de las liturgias orientales en el momento de la elevación de los santos dones antes de la distribución de la comunión. Los fieles (sancti) se alimentan con el cuerpo y la sangre de Cristo (sancta) para crecer en la comunión con el Espíritu Santo (Koinônia) y comunicarla al mundo.

. Aquí el Catecismo nos ilustra con una tradición que nosotros no conocemos porque formamos parte de la liturgia latina, pero en las liturgias católicas orientales es costumbre que antes de distribuir la comunión se diga “lo que es santo para los que son santos” que une las cosas con las personas. Nos recuerda la necesidad de recibir dignamente los sacramentos, y nos recuerda a que hoy en día en algunas celebraciones como bodas se acercan al altar sin estar en gracia de Dios. En el comienzo de la eucaristía se dice “antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados” y volvemos a pedir perdón porque aunque estemos en gracia de Dios pues sentimos que siempre estamos llenos al menos de pecados veniales y necesitamos purificación, y luego incluso antes de comulgar volvemos a decir “Señor yo no soy digno de que entres en mi casa”. O sea que aunque esté en gracia de Dios y hayamos pedido perdón, antes de comulgar volvemos a decir que no somos dignos. Por lo tanto la necesidad de purificación es proporcional a la conciencia de gratuidad y del don, cuando uno tiene más conciencia del don que recibe más necesidad siente de purificación, ahora cuando uno recibe los sacramentos como cualquier cosa entonces no se tiene ninguna conciencia de necesidad de purificarse. Por eso en la liturgia oriental se dice Sancta sancti y nos recuerda cuando en el pasaje de Mateo uno mal vestido es echado del banquete porque va indignamente a la recepción.

. Sin embargo hay que decir que los sacramentos no son para los perfectos porque uno solo es el santo que es Dios, acordaros cómo Jesús insistió en el evangelio que no necesitan de médico los sanos sino los enfermos, que cuando se escandalizaban los fariseos y los escribas de que Jesús comiese con publicanos y pecadores, pues en Lucas 5,31 Jesús les responde “no necesitan médico los que están sanos sino los que están mal, no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”, y hay que decir que siempre seremos pecadores a la hora de acercarnos a los sacramentos por mucho que nos hayamos intentado purificar pero el Señor quiere que nos acerquemos porque los sacramentos son remedio de nuestra concupiscencia, perdón de nuestros pecados, es decir, los sacramentos no son un premio para los buenos sino la gracia para los débiles y todos somos débiles. Este matiz complementa nuestra indignidad.

lunes, 3 de octubre de 2016

Catecismo 928-930. La vida consagrada. Los institutos seculares y sociedades de vida apostólica

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Punto 928 "Un instituto secular es un instituto de vida consagrada en el cual los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él" (CIC can. 710).
Punto 929 Por medio de una "vida perfectamente y enteramente consagrada a [esta] santificación" (Pío XII, const. ap. Provida Mater), los miembros de estos institutos participan en la tarea de evangelización de la Iglesia, "en el mundo y desde el mundo mismo" (CIC can. 713, 2), donde su presencia obra a la manera de un "fermento" (PC 11). Su testimonio de vida cristiana mira a ordenar según Dios las realidades temporales y a penetrar el mundo con la fuerza del Evangelio. Mediante vínculos sagrados, asumen los consejos evangélicos y observan entre sí la comunión y la fraternidad propias de su modo de vida secular (CIC, can. 713).

. Los religiosos de alguna manera se apartan del mundo y sin embargo este rasgo no se da en los institutos seculares o sociedades de vida apostólica. Los institutos están más insertos en el mundo, están evangelizando el mundo desde dentro. Lo propio de esta forma de vida consagrada es profesar los consejos evangélicos de seguimiento a Jesucristo, a veces con la palabra compromisos o promesas y viviendo como escondidos dentro del mundo y transformarlo desde dentro siendo fermento.

. Las sociedades de vida apostólica tienen un especial aspecto misionero, y la iglesia le encomienda tareas especiales como por ejemplo la enseñanza, algunos institutos o sociedades tienen sus propios colegios, sus propias obras de enseñanzas o sus propias universidades, por tanto se trata de evangelizar siendo fiel al magisterio desde la educación u otro aspecto de la vida bien sea en una institución católica o no. La vida de los seglares consagrados es cristianizar el mundo, fermentar la sociedad desde dentro haciendo presente el espíritu de Cristo con el testimonio personal de vida.     

Punto 930 Junto a las diversas formas de vida consagrada se encuentran "las sociedades de vida apostólica, cuyos miembros, sin votos religiosos, buscan el fin apostólico propio de la sociedad y, llevando vida fraterna en común, según el propio modo de vida, aspiran a la perfección de la caridad por la observancia de las constituciones. Entre éstas, existen sociedades cuyos miembros abrazan los consejos evangélicos mediante un vínculo determinado por las constituciones" (CIC, can. 731, 1 y 2).


. Una fe que no se traduce en ningún signo cultural es una fe teórica, mientras que con la inserción en la cultura de los seglares consagrados se van impregnando todas las realidades temporales con el espíritu de Cristo. Así se alimenta el diálogo entre la fe y la cultura. La existencia también de seglares consagrados que dediquen su vida a los medios de comunicación social realizan una tarea al servicio de la verdad. Todas estas tareas son fermento en medio del mundo que lo transforman.

domingo, 2 de octubre de 2016

Catecismo 925-927. La vida consagrada. La vida religiosa

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Punto 925 Nacida en Oriente en los primeros siglos del cristianismo (cf. UR 15) y vivida en los institutos canónicamente erigidos por la Iglesia (cf. CIC, can. 573), la vida religiosa se distingue de las otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en común, y por el testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia (cf. CIC, can. 607).
. Las distintas formas de vida consagrada: institutos seculares, vida eremítica, vírgenes consagradas, sociedades de vida apostólica, vida religiosa, etcétera, todas tienen diferencias pero todas tienen rasgos comunes. Uno de ellos es lo que el Catecismo subraya con la palabra “dimensión escatológica” que hace referencia a la dimensión que nos deja vigilantes a la siguiente vida, eso es algo muy característico de la vida consagrada.
. La vida religiosa subraya la dimensión escatológica, es decir ser un signo ante el mundo de la vida venidera. En la iglesia primitiva, se vivió una espera muy intensa de la venida del Señor, incluso parece ser que el retorno en gloria del Señor iba a ser inminente, y san Pablo reprende a algunos para que no esperen con los brazos cruzados la llegada del Señor y les insiste en que “el que no trabaje que no coma”, sino que esperan la llegada de forma activa e instaurando el reino de Dios entre ellos.
. Uno de los textos de san Pablo que más ayuda a los religiosos a vivir es 1ª Corintios 7, 29-31 donde se habla de esa dimensión escatológica que san Pablo refiere a todos los cristianos pero que especialmente podemos decir de los religiosos, dice “Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este mundo pasa”. Este mundo es pasajero, es un error vivir en esta vida poniendo el corazón definitivamente en ella. La solución que nos da san Pablo es amar las cosas creadas, las cosas que llevamos entre manos pero al mismo tiempo sin apegarnos a ellas. Esto se lleva a cabo amando las cosas no con amor propio sino que las ama con el amor de Cristo, ama las cosas en la voluntad de Dios, “y quiero esto en la medida en la que Dios lo quiera”, “y si Dios no lo quiere pues yo no me voy a llevar un berrinche”, sino que como busco la voluntad de Dios por encima de todo, quedo en paz, amar sin apego, tener sin apego.
. También al religioso le puede ocurrir que su superior le cambie de destino y al religioso se le revuelve todo y entra en crisis. Esto manifiesta que el apego no solo se manifiesta en la vida del seglar sino que también es posible en la vida religiosa, pues las tentaciones de satanás traspasan las paredes del monasterio, convento, etcétera, pero es cierto que en cuanto estado de vida, el religioso tiene una vocación perfecta para amar con intensidad y libremente. Que un cambio de destino le haga entrar en crisis a un religioso puede ocurrir porque el religioso pensaba que estaba amando en Cristo su destino anterior pero también lo estaba amando con amor propio, y esa crisis es una ocasión perfecta para purificarse, de volver al amor primero, de decir “fíjate que yo pensaba que estaba haciendo esto por seguir a Cristo y ahora me cambian de destino y se me revuelven las entrañas, y me doy cuenta que pensando que hacía las cosas para gloria de Dios pues también las hacía por un amor propio, porque me sentía humanamente satisfecho con ello y entonces entro en crisis”.
. Otro rasgo de la vida religiosa que está muy remarcado es la vida fraterna, es el amarnos todos como el Señor nos amó. Esta comunión fraterna tiene una gran trascendencia porque cuanto más se viva esta comunión, se está ayudando a los seglares a creer en el mandamiento de Cristo de amarnos los unos a los otros. Posiblemente, el aspecto más costoso de la vida religiosa es la vida en común, y no tanto el voto de pobreza, castidad u obediencia, porque la vida fraterna supone amar con un amor espiritual. Cuando uno entra en una comunidad religiosa, uno no sabe con quien va a convivir, pero los religiosos se comprometen a un amor recíproco incondicional, con la capacidad de no juzgar a esa persona con la que convive, perdonándole hasta setenta veces siete, poniéndolo todo en común con él, bienes materiales, ideales apostólicos, experiencias espirituales, talentos, etcétera, uno lo comparte todo con los miembros de la comunidad. Este aspecto es un gran testimonio ante el mundo que hace creíble el mandamiento del amor al prójimo de Jesús.
Punto 926 La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que la Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como un estado de vida estable al fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos. Así la Iglesia puede a la vez manifestar a Cristo y reconocerse como Esposa del Salvador. La vida religiosa está invitada a significar, bajo estas diversas formas, la caridad misma de Dios, en el lenguaje de nuestro tiempo.


Punto 927 Todos los religiosos, exentos o no (cf. CIC, can. 591), se encuentran entre los colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral (cf. CD 33-35). La implantación y la expansión misionera de la Iglesia requieren la presencia de la vida religiosa en todas sus formas "desde el período de implantación de la Iglesia" (AG 18, 40). "La historia da testimonio de los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de las nuevas Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas, las órdenes medievales y hasta las congregaciones modernas" (RM 69).

jueves, 29 de septiembre de 2016

Catecismo 922-924. La vida consagrada. Las vírgenes y las viudas consagradas

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Punto 922 Desde los tiempos apostólicos, vírgenes (Cf. 1 Co 7, 34-36) y viudas cristianas (Cf. Vita consecrata, 7) llamadas por el Señor para consagrarse a Él enteramente (cf. 1 Co 7, 34-36) con una libertad mayor de corazón, de cuerpo y de espíritu, han tomado la decisión, aprobada por la Iglesia, de vivir en estado de virginidad o de castidad perpetua "a causa del Reino de los cielos" (Mt 19, 12).

. A la hora de hablar del estado de virginidad el Catecismo recurre a el pasaje de Mateo 19,12, que ocurre cuando Jesús habla de forma tajante en contra del divorcio y a los discípulos les impresionó dicha firmeza de Jesús contra el divorcio pues tenían una mentalidad rupturista: “Díceles –Jesús-: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer - no por fornicación - y se case con otra, comete adulterio.» Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.» Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda”. Jesús dice que el no casarse es un don de Dios, no todos pueden hacer eso sino solo aquellos a los que Dios se lo concede. El fundamento evangélico de la vida consagrada lo vemos cuando se dice que “otros eligen no casarse por causa del reino de los cielos”, y esto no es una opción de iniciativa propia, sino que la iniciativa está en Jesucristo.

Punto 923 "Formulando el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo, [las vírgenes] son consagradas a Dios por el obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia" (CIC, can. 604, 1). Por medio este rito solemne (Consecratio virginum, Consagración de vírgenes), "la virgen es constituida en persona consagrada" como "signo transcendente del amor de la Iglesia hacia Cristo, imagen escatológica de esta Esposa del Cielo y de la vida futura" (Rito de consagración de vírgenes, Prenotandos, 1).

. Las vírgenes consagradas nos están recordando que esta vida es prepararse, adornarse para el encuentro con el esposo. Son un signo de la esponsalidad a la que todos estamos llamados y ellas de una forma plena adelantan a esta vida nuestra vocación esponsal.

Punto 924 "Semejante a otras formas de vida consagrada" (CIC, can. 604), el orden de las vírgenes sitúa a la mujer que vive en el mundo (o a la monja) en el ejercicio de la oración, de la penitencia, del servicio a los hermanos y del trabajo apostólico, según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una (Rito de consagración de vírgenes, Prenotandos, 2). Las vírgenes consagradas pueden asociarse para guardar su propósito con mayor fidelidad (CIC, can. 604, 2).

. Las vírgenes consagradas puede ser que se asocien entre ellas para ayudarse mutuamente o sencillamente viven su consagración personalmente pero habiéndola discernido y habiéndola efectuado públicamente ante el obispo. Pueden llevar un tipo de trabajo que la misma iglesia les encomienda o no, o tienen un trabajo insertado en medio del mundo. La existencia de estas vocaciones remarca el papel de la mujer en la vida de la iglesia, contribuye a hacerla más presente en la vida de la iglesia. Esta consagración se lleva a cabo mediante unos sacramentales que son signos sagrados con los que imitando de alguna forma a los sacramentos expresan efectos sobre todo espirituales obtenidos por intercesión de la iglesia. Existe un orden de consagración de las vírgenes que es un sacramental publicado por la iglesia que consiste en significar con una serie de signos que esa persona queda consagrada para ser esposa de Jesucristo. Si bien un sacramental lo puede celebrar un laico, es conveniente que el sacramental de consagración lo presida el obispo porque él es la imagen de Cristo esposo con la que esa virgen consagrada se va a desposar, es decir, el obispo está representando a Cristo esposo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Catecismo 920-921. La vida consagrada. La vida eremítica

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Punto 920 Sin profesar siempre públicamente los tres consejos evangélicos, los ermitaños, "con un apartamiento más estricto del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia, dedican su vida a la alabanza de Dios y salvación del mundo" (CIC, can. 603 1).

. Los eremitas, ermitaños o anacoretas. La palabra ermitaño significa habitante del desierto, la palabra anacoreta significa “me retiro”. Tienen un significado pues que da bastante luz a lo que significa esta vocación que hoy en día es muy minoritaria aunque hubo momentos que tuvo mucha más presencia. El hecho de que sea minoritaria no quiere decir que no tenga nada que decirnos, pues dentro del cuerpo místico que es la iglesia, nos iluminamos mutuamente y todos los carismas por muy minoritarios que sean son todos necesarios, cada parte del cuerpo es importante. La vocación eremítica floreció en los primeros siglos de la iglesia en imitación de san Juan Bautista y también de Jesucristo, quienes se apartaron en momentos de su vida al desierto, ellos fueron los elementos de imitación e irradiación de esa espiritualidad de apartarse al desierto. El auténtico anacoreta no es un hombre “raro” sino que siempre ha estado sujeto a la autoridad de la iglesia a cuya orden cuando la iglesia le hacía un llamado era capaz de salir de su retiro, de volver del desierto para incorporarse cuando la iglesia se lo pedía para por ejemplo fortalecerla, así san Antonio de Egipto (286-356) volvió a Alejandría cuando se lo pidió Atanasio, y hay más casos parecidos como los hijos de Benito, Romualdo, Bruno y Bernardo, es decir, el anacoreta no es un tipo raro o huraño incapaz de convivir con la gente y se va fuera, que parece que está desligado de la iglesia, no, aunque su vocación sea el apartamiento, cuando la iglesia les ha pedido su colaboración, lo han hecho porque su conexión con la iglesia es plena. Los principales refugios fueron al principio los vastos desiertos de Egipto y de Siria en cuyas cavernas pronto albergaron un increíble número de esto ascetas cristianos que practicaban penitencias muy rigurosas, pronto se les autorizó a llevar esta vida solitaria a aquellos que previamente hubiesen pasado un tiempo de prueba en un monasterio, etcétera, es decir, la iglesia fue poco a poco regulando. Hay grados distintos dentro de la vida eremítica, algunos monjes se juntan solo para comer, otros únicamente el domingo, ... La forma máxima de apartamiento que existió en la tradición fueron los famosos estilitas que llegaron a vivir en la cima de altas columnas, vivían sin bajarse nunca durante muchos años subidos en lo alto de una columna, viviendo la oración, y muchísimas personas de Alejandría iban al desierto en busca de aquellos monjes estilitas y eran un foco de irradiación tremenda por aquella vida tan penitente para mucha gente que iba en peregrinación al desierto a encontrarse y a rezar alrededor de esos monjes.

. Las luces que nos dan los anacoretas son las siguientes: con motivo del apartamiento que tienen del mundo, nos recuerda que en la sagrada escritura descubrimos que el término mundo tiene distintas acepciones que son: mundo en sentido positivo como creación de Dios “y vio Dios que todo era bueno”, mundo en sentido pecador, el mundo amado por Dios que se ha apartado de su camino y entonces el Señor se entrega por la salvación del mundo, por ejemplo Juan 3,16 “tanto amó Dios al mundo que dio a su único hijo para que todo el que crea en él no perezca”, y mundo como enemigo declarado de Dios, recordemos que incluso a satanás se le llama príncipe de este mundo. El cristiano ha de vivir en el mundo creado por Dios, ha de amar al mundo pecador y ha de tratar de vencer al mundo enemigo de Dios. Jesús nos insistió mucho que ese mundo enemigo tiene que ser vencido por el cristiano, en Juan 15,18  nos dice “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo”, aquí san Juan está utilizando la palabra mundo en un sentido de lo que es enemigo de Dios. Para manifestar este aspecto de guardarnos del mundo, un mundo en el que estamos inmersos, un mundo en el que podemos ser absorbidos por el sin darnos cuenta, los anacoretas nos dan la luz para guardarnos del mundo, para apartarnos del mundo, una luz que nos recuerda que no podemos diluirnos en el mundo, de que existen las palabras de Jesús en las que se nos llama a vivir en el mundo pero sin ser del mundo, “guárdalos del mundo” pide Jesús al Padre. Se trata de evitar que mundanizar el cristianismo en lugar de cristianizar el mundo,.
. Una segunda luz es la intimidad personal con Cristo, ese apartamiento busca tener una oración continua en intimidad con el Señor. Tenemos el gran peligro de emplear mal el tiempo porque solemos decir que “no tengo tiempo para rezar, a ver si busco un rato para hacer oración”, al Señor le damos el tiempo que nos sobra y eso supone que hay algo que está mal planteado pues así el Señor no es el centro de nuestra vida. Los anacoretas nos enseñan el peligro que podemos tener de esa falta de centralidad, de esa falta de intimidad con el Señor, nos enseñan a que tenemos que cortar con ciertas cosas en nuestra vida para priorizar saber estar con el Señor.
Punto 921 Los eremitas presentan a los demás ese aspecto interior del misterio de la Iglesia que es la intimidad personal con Cristo. Oculta a los ojos de los hombres, la vida del eremita es predicación silenciosa de Aquel a quien ha entregado su vida, porque Él es todo para él. En este caso se trata de un llamamiento particular a encontrar en el desierto, en el combate espiritual, la gloria del Crucificado.

. Otro aspecto que nos enseñan los eremitas es el ocultamiento a los ojos de los hombres. Esto nos recuerda el pasaje en el que Jesús reprocha a los fariseos que les gustaba rezar en una parte muy pública para ser vistos, Jesús dice “tú cuando vayas a rezar, entra en tu celda, cierra la puerta”, esas palabras de Jesús parece que iluminan la vida del anacoreta que se oculta a los ojos del mundo. Hacer las cosas ante los ojos de Dios y no ante los ojos del mundo, que Dios sea nuestro público y no los ojos de los demás. Nos condiciona mucho el que haya personas que nos estén observando. Es un gran valor el hacer las cosas ocultas ante Dios, es decir, como si solo Dios nos estuviese viendo, con esa sencillez, con esa ingenuidad, sin ser condicionados por la mirada de los demás, y eso es un gran valor que la vida eremítica nos está a todos recordando.

. Un aspecto más que nos ilumina la vida eremítica es el de la penitencia, pues ha sido muy propio de los anacoretas el mezclar la oración y la penitencia. El sacrificio ayuda a la oración para que sea verdaderamente un rezar con todo el cuerpo, no solo una oración espiritual sino con el cuerpo entero, negándonos a nosotros mismos para buscar y afirmar la voluntad de Dios.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Catecismo 917-919. La vida consagrada. Un gran árbol, múltiples ramas

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Punto 917 "El resultado ha sido una especie de árbol en el campo de Dios, maravilloso y lleno de ramas, a partir de una semilla puesta por Dios. Han crecido, en efecto, diversas formas de vida, solitaria o comunitaria, y diversas familias religiosas que se desarrollan para el progreso de sus miembros y para el bien de todo el Cuerpo de Cristo" (LG 43).

. Hay múltiples formas de cómo se vive la vida consagrada hoy en día en el mundo y se recurre a la imagen de un árbol con múltiples ramas. Hay tanta diversidad que la misma iglesia tiene dificultad de explicitarlas, esta abundancia de formas nuevas de vida inspiradas por el Espíritu Sano es algo muy hermoso. Las nuevas formas de vida consagrada que se unen a las ya existentes manifiestan el atractivo constante de la entrega total al Señor. La semilla de la que nació este árbol fue Jesucristo que fue virgen, pobre y obediente, todos tenemos en Jesús nuestro punto de referencia, sacerdotes, laicos y consagrados. Jesús es el consagrado por antonomasia, el día en que se celebra la fiesta litúrgica de la vida consagrada es el día de la presentación de Jesús en el templo, el día en que es consagrado al Padre.

Punto 918 "Desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que intentaron, con la práctica de los consejos evangélicos, seguir con mayor libertad a Cristo e imitarlo con mayor precisión. Cada uno a su manera, vivió entregado a Dios. Muchos, por inspiración del Espíritu Santo, vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que la Iglesia reconoció y aprobó gustosa con su autoridad" (PC 1).

. La vida consagrada es reconocida explícitamente en el siglo IV en la iglesia aunque hay un desarrollo paulatino de esta forma de vida desde los primeros momentos de la iglesia porque es que la vida consagrada no es algo distinto a la vida cristiana sino que es lo mismo solo que llevada hasta sus últimas consecuencias, es vivir la práctica de los consejos evangélicos con mayor libertad y mayor precisión. En 1ª Corintios 7,34 san Pablo nos aconseja el celibato: “Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división. Pero si alguno teme faltar a la conveniencia respecto de su novia, por estar en la flor de la edad, y conviene actuar en consecuencia, haga lo que quiera: no peca, cásense. Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón, y sin presión alguna, y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien. Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor”, es conveniente entender bien este pasaje para no hacer malas interpretaciones como que el matrimonio no es una vocación a la santidad. Uno en el matrimonio se entrega a Jesucristo a través de la mediación de su cónyuge, sin embargo en la vida consagrada hay una entrega a Jesucristo directa, con un corazón indiviso. El casado tiene su corazón santamente dividido porque en la vida matrimonial uno debe entregarse a Jesucristo a través de su cónyuge. Lo que dice san Pablo cuando recomienda el celibato no significa que uno no se santifique en el matrimonio. La vida consagrada supone seguir a Cristo con mayor libertad porque no tiene los condicionantes de tener que adaptarse al ritmo de otra persona, el cónyuge es una ayuda para llegar a Cristo pero hay veces en que uno lo siente como una rémora, hay muchas veces que pasan las dos cosas en el matrimonio, como ayuda o como rémora. Esta mayor libertad se traduce en san Pablo hablar del célibe con el término de corazón indiviso y del casado con el término de corazón dividido, siendo ambos una misma vocación a la santidad.
. El Papa Juan Pablo II, para buscar un pasaje evangélico en el que se encuentre como reflejo qué es la vida consagrada, qué quiere ser la vida consagrada, curiosamente echa mano del pasaje de la transfiguración, la vida consagrada supone subir al monte (Tabor) primero para tener una experiencia más íntima con Jesús, segundo, a la vez un alejamiento del mundo. Luego en este encuentro íntimo, se pone de manifiesto que en este encuentro, el consagrado desearía que fuese para siempre, porque lo único que va a quedar, lo único importante, lo único que va a permanecer es el sólo Dios, sólo Dios basta.
. La persona consagrada no sólo hace de Cristo el centro de la propia vida, sino que se preocupa de reproducir en sí mismo aquélla forma de vida que escogió el hijo de Dios al venir al mundo, es decir, todo bautizado hace de Cristo el centro de su propia vida pero el consagrado además imita una forma de vida de Cristo abrazando la virginidad, abrazando la pobreza confiesa que Dios es el único tesoro y ofreciendo el sacrificio de su propia libertad en la obediencia filial confiesa que el alimento de Cristo era hacer la voluntad del Padre.   
Punto 919 Los obispos se esforzarán siempre en discernir los nuevos dones de vida consagrada confiados por el Espíritu Santo a su Iglesia; la aprobación de nuevas formas de vida consagrada está reservada a la Sede Apostólica (cf. CIC, can. 605).


. La iglesia tutela, discierne y da forma a todas esas cosas que el Espíritu Santo suscita para riqueza de la propia iglesia.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Catecismo 914-916. La vida consagrada. Consejos evangélicos

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Punto 914 "El estado de vida que consiste en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura de la Iglesia, pertenece, sin embargo, sin discusión a su vida y a su santidad" (LG 44).

. El Catecismo a la hora de definir que era la condición de los fieles laicos en el punto 897, nos indica que por laicos o seglares serían aquellos cristianos que no han recibido el sacramento del orden sacerdotal o los que no tienen la profesión de vida de un estado religioso reconocido en la iglesia, es decir, hay tres formas de vivir la vida cristiana: los sacerdotes que han sido consagrados por la imposición de las manos del obispo, el religioso o consagrado que ha hecho una profesión de los consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia), y el fiel laico que por el bautismo sigue esos consejos evangélicos no como estado de vida con votos o promesas sino que por el bautismo ha adquirido una consagración de hijo de Dios e intenta con el ejercicio de las virtudes vivir esos tres consejos evangélicos. Tres formas: estado de vida consagrada, estado sacerdotal y estado laical de consagración bautismal.

. Decir que el estado religioso o la vida consagrada no pertenece a la estructura de la iglesia quiere significar que el sacerdocio partió de Jesucristo, que Jesús dio inicio a la sucesión apostólica e instituyó el orden sacerdotal con la imposición de las manos desde el principio. El sacerdocio pertenece a la estructura de la iglesia porque Cristo mismo lo instituyó y comenzó la sucesión apostólica desde los primeros doce apóstoles, sin embargo eso con la vida religiosa no fue así de esa forma instituida por Jesucristo sino que se va poco a poco esa vida religiosa formando en la iglesia como una forma de imitación de Jesucristo. El que no pertenezca a la estructura de la iglesia no quiere decir que sea algo superficial.

. El día 25 de diciembre celebramos la Navidad del Señor, y luego hay tres fiestas que siguen: el 26 san Esteban, primer mártir, el 27 san Juan evangelista y el 28 los santos inocentes. La liturgia cristiana dice que el motivo de que estas tres fiestas estén puestas después del día de Navidad es por los frutos del nacimiento de Cristo, el primer fruto fue el martirio y por eso se celebra el 26 el martirio de san Esteban primer mártir, el segundo fruto de la vida de Cristo es la virginidad, lo que podríamos entender nosotros como vida consagrada, y san Juan es el apóstol virgen, y el tercer fruto que se celebra el día 28 es la inocencia. Aunque el estado de vida consagrada no perteneciese a la estructura de la iglesia fundada por Cristo, sin embargo sí que pertenece al corazón de la iglesia porque de alguna manera está en la plena imitación de Jesucristo. Jesús mismo llamando a algunas personas para dejarlo todo para seguirlo, inauguró este género de vida que bajo la acción del Espíritu se ha desarrollado progresivamente a lo largo de los siglos en las diversas formas de vida consagrada. La vida consagrada la inició Jesucristo, ahora bien, bajo la acción del Espíritu Santo a lo largo de los primeros siglos en la iglesia se le fue dando forma hasta que en el siglo IV se formaliza dentro de la iglesia.

Punto 915 Los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad a la cual son llamados todos los fieles implica, para quienes asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada, la obligación de practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia. La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la "vida consagrada" a Dios (cf. LG 42-43; PC 1).

. Los consejos de la vida evangélica están propuestos para todos los discípulos de Cristo, todo bautizado está llamado a vivir estos consejos. Los consejos evangélicos son muchos, son todos los que Cristo nos dio como forma de vida, pero se concretan según la tradición de la iglesia en tres: castidad, pobreza y obediencia. Cuando comienza la Cuaresma, la iglesia predica para todos sus fieles tres medios de santificación: limosna, ayuno y oración, y les da con ello unos instrumentos para vivir los tres consejos evangélicos: frente a la tentación del materialismo propone la limosna, tener un corazón desprendido de los bienes materiales. En la vida religiosa consagrada no es que se le inste al consagrado a ser generoso, sino que asume como estado de vida el no tener nada, el renunciar a disponer de bienes materiales. El religioso hace de este consejo de luchar contra el materialismo un estado de vida, el abrazar la pobreza como voto. Frente a la tentación del prestigio, del poder, del éxito, frente a esto la iglesia nos predica la humildad y en la Cuaresma nos predica la oración, la sumisión a la voluntad de Dios, Jesús eligió el camino de la humildad al entrar en Jesuralén, la oración es la búsqueda de la voluntad de Dios, cuando uno ora está buscando la gloria de Dios y no la gloria propia. El consagrado mediante el voto de obediencia a un superior o responsable, busca hacer la voluntad de Dios mediante ese voto. Frente a la tentación del placer, la iglesia da el consejo del ayuno a todos los bautizados como una forma de imitar a Jesucristo de cómo él en el desierto rechazó la tentación de convertir aquéllas piedras en panes, “no solo de pan vive el hombre”, el hombre no debe de priorizar en su vida aquello que pide nuestra carne sino que debe de priorizar el espíritu sobre la carne, y por eso el hombre debe ayunar para hacer frente a esa tentación. Los religiosos hacen esta lucha contra la carne mediante el voto de la virginidad, de castidad, testimoniando de esta forma la prioridad del espíritu sobre la carne. Es decir, todos estamos llamados a vivir los consejos evangélicos, limosna, oración y ayuno, y tales consejos son los que los consagrados profesan en un estado de vida de pobreza, castidad y obediencia.

Punto 916 El estado de vida consagrada aparece por consiguiente como una de las maneras de vivir una consagración "más íntima" que tiene su raíz en el Bautismo y se dedica totalmente a Dios (cf. PC 5). En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro (cf. CIC, can. 573).

. El estado de vida consagrada lo que hace es vivir de una forma más íntima, más plena, más intensa, en la que se saquen todas las consecuencias de lo que es la consagración del bautismo, porque todo cristiano es consagrado por el bautismo. Viviendo como lo hacen los religiosos, están anunciando en la iglesia la gloria de mundo futuro: cuando han profesado el voto de virginidad, castidad o celibato nos recuerdan que en la vida futura no habrá marido ni mujer como dice el evangelio, el matrimonio es un estado de vida temporal porque en la vida eterna todos seremos esposos de Cristo y esa será nuestra forma de vida para siempre. Con respecto a la pobreza, todos estamos llamados a tener un corazón desprendido, como dice san Pablo “a poseer como si no poseyésemos, a tener como si no tuviésemos”, y el religioso cuando profesa el voto de pobreza, nos anuncia que en la vida eterna el único bien que vamos a tener es Dios, él será el único tesoro, allí no habrá necesidad de ningún otro bien material para ser feliz, nos está evocando la parábola del tesoro escondido con aquél hombre que encuentra en un campo un tesoro y va y vende todo lo que tiene para comprar ese campo y quedarse con ese tesoro. El religioso nos recuerda que todos los bienes materiales por los cuales nos afanamos a veces en esta vida, aquí se van a quedar. Cuando el religioso profesa el voto de obediencia, sometiéndose a un superior, a un responsable, renunciando al ejercicio de su libertad teniendo que pedir permiso, nos está testimoniando que la verdadera libertad es la búsqueda de la voluntad de Dios, lo importante de la libertad no es que sea yo el que elija sino que elija bien, es decir, la capacidad de optar por el bien. En el cielo seremos plenamente libres porque nuestra adhesión a la voluntad de Dios será plena y absoluta, nuestro alimento será hacer la voluntad del Padre como dice Jesucristo. Por el voto de obediencia, los religiosos renunciando a su propia voluntad buscan la voluntad del Padre por encima de todo. Con estos tres votos, el estado de vida religiosa anuncia lo que va a ser la vida próxima.